VIERNES 14 DE OCTUBRE DEL 2005 / EDICION No. 23962 / ACTUALIZADA 01:30 am





EL HUMOR DE





Grisi Siknis se va, llegan las plagas

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El alivio llegó de parte del Programa Mundial de Alimentos (PMA) para miles de miskitos. La comida les dará abasto hasta el mes de diciembre.

 

El Grisi Siknis, la histeria colectiva, desde hace mucho rato se fue de Raití. La curandera Porcela Sandino fue la artífice de aliviar a más de cien pobladores afectados por ese mal. Jenelly Serapio, de 18 años, fue una de las pocas personas afectadas que fueron sanadas por Nelly Sacarías, otra curandera de la comunidad.

Serapio cuenta, mientras carga en brazos a su hijo Orsi David, de cuatro meses, que ahora los problemas son otros. “Los niños lloran por hambre”, dice la joven morena. “Nosotros estamos sufriendo”, añade mientras zangolotea a su hijo.

Esta comunidad luce triste. Las risas de unos estudiantes de educación primaria salvan el ambiente del viernes 7 de octubre, cuando el equipo periodístico de LA PRENSA, en compañía de funcionarios del PMA, arribó a Raití después de 12 horas de navegar en panga por el inmenso río Coco.

Las casas están deterioradas igual que los rostros de quienes las habitan. Varias oficinas pintadas de azul y blanco que la Organización de Estados Americanos (OEA) construyó para desarrollar el proyecto Hijos del Río, que serviría para lograr el desarrollo integral de las comunidades mestizas, miskitas y mayangnas de las riberas del río Coco después del huracán Mitch en 1998, no tienen puertas y ahora permanecen repletas de estiércol de bovinos.



ANCIANAS MUEREN

Sebastián Charlie Flores, de 37 años, no sabe por qué no se cuidaron las propiedades construidas por la OEA. Pero sí conoce que el hambre los está atacando. “Aquí murieron ancianitas, no tenían fuerza para aguantar tantas enfermedades, tenían mucho tiempo de no comer”, dice el padre de cuatro niños quien permanece parte de la mañana en el río tratando de capturar algún pez.

La presencia del Ministerio de Salud (Minsa) en esta comunidad es literalmente decorativa. No hay medicamentos y cuando alguien se enferma tiene que viajar en panga hasta Waspam en busca de una mejor atención médica.

El traslado cuesta más de mil córdobas y si la familia del enfermo no tiene dinero, éste queda a la buena de Dios.

“El riñón me duele pero no hay medicinas, tengo que recurrir a la medicina tradicional. La ayuda del PMA es buena, servirá para aliviar nuestros dolores, pero lo mejor es que el Gobierno nos envíe semillas para sembrar la tierra”, añadió Charlie Flores.

El Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) ya está distribuyendo raticida en las comunidades para acabar con los roedores. Después, dijeron sus funcionarios, entregarán semillas de maíz, frijol y arroz.
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