Golpes en la mesa
Doble peligro para la prensa
Alberto L. Alemán Aguirre
El panorama que la recién concluida 61a Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) pintó para el ejercicio de las libertades de expresión y de prensa en las Américas es oscuro y preocupante.
La organización, que reúne a los dueños de los diarios más importantes del continente, pasó revista a la situación particular de todos los países. En términos generales, las discusiones destacaron dos temas relevantes: la creciente violencia contra los periodistas en América Latina, y la cada vez mayor presión contra los medios y la protección de las fuentes confidenciales de los periodistas en Estados Unidos.
También se destacó las tradicionales presiones económicas como castigo por las críticas. Es éste el caso de Nicaragua, donde la infame y represiva “ley Arce” incrementa las cargas tributarias a los medios, para intentar erosionar su independencia informativa.
En el caso de Cuba, se volvió a condenar la continua represión y la encarcelación de periodistas independientes.
En México, preocupan los asesinatos de informadores y mayores índices de violencia contra ellos. Una situación parecida se vive en Perú.
En Venezuela, se destacó el fortalecimiento sostenido del poder del presidente Hugo Chávez, lo que pasa a través de limitar a la prensa crítica. Se repudió su “conducta autoritaria”.
En Honduras, se condenó el impedimento de divulgar encuestas 3 meses antes de las elecciones y a boca de urna el día del voto. Es una medida absolutamente insólita a escala mundial al tratarse de un país democrático.
Hondamente preocupante fueron las críticas de periodistas norteamericanos sobre una creciente secrecidad de la administración Bush, el mayor número de documentos considerados secretos y las presiones para revelar fuentes. Lo es porque EE.UU. es un paradigma de libertad.
Destaca el caso de Judith Miller, del diario The New York Times. Pasó 85 días en la cárcel por negarse a revelar una fuente con la cual habló de la identidad de una agente de la CIA. Revelar la identidad de un espía es un delito federal. Un fiscal especial investiga hoy si la filtración de quién era de verdad esa mujer fue hecha deliberadamente por funcionarios de gobierno, como una represalia contra su esposo, un ex embajador que cuestionó algunos de los argumentos oficiales para invadir Irak.
Miller ha salido libre porque su fuente le ha librado de su compromiso de confidencialidad, y ha testificado.
Pocos recuerdan hoy que la misma señora Miller es la autora de aquellas fantásticas exclusivas sobre las armas prohibidas de Saddam Hussein que, como sabemos hoy, no existen. Asimismo, no hay y no hubo pruebas fehacientes de nexos entre Saddam y Al Qaeda en el 9/11. Así lo afirma Richard Clarke, ex alto asesor antiterrorista de 4 presidentes americanos, en su libro Against All Enemies.
Los grandes medios en Estados Unidos, desde las grandes cadenas como CNN hasta los diarios prestigiosos como The New York Times, presentaron las versión oficial de manera acrítica, dándola como hechos. Al no aparecer esas “pistolas humeantes”, ellos mismos tuvieron que pedir disculpas a sus audiencias.
Un estudio reciente de la Universidad de Columbia describe que en las campañas políticas, tanto republicanos como demócratas, preparan verdaderas máquinas de manipulación; los candidatos usan datos y estadísticas amañados a su conveniencia. Los reporteros toman esos datos, no tienen suficiente tiempo de contrastarlos o verificarlos y los lanzan al público así.
Los autores del estudio de Columbia, concluían que los políticos estadounidenses y sus staffs han aprendido a cómo manipular a los medios, pero éstos no han elaborado nuevas estrategias de coberturas de la campaña, más críticas y efectivas.
Cosas similares pasan a veces en Nicaragua. Por ejemplo, todos los medios compraron como verdadera una afirmación de Daniel Ortega, quien fustigando a la política de Estados Unidos, dijo que el ex presidente Richard Nixon había sido destituido por corrupto.
Quizás el ex presidente sandinista cree que dijo algo cierto. Pero la verdad es que aunque Nixon violó las leyes de su país, ordenó espiar a sus enemigos políticos y obstruyó la justicia, no fue destituido. Él prefirió renunciar en 1974 antes de ser humillantemente destituido por el Congreso.
Desafortunadamente, los diarios y las televisión repitieron sin pensar. Ni reporteros ni editores se dieron cuenta.
La falta de preparación, no verificar o contrastar informaciones y un disminuido espíritu crítico, son tan enemigos de la prensa como las presiones oficiales.

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