Zona de strikes
El caso Padilla
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La lente de la simpatía suele mostrarnos en grande las virtudes, mientras nos oculta los defectos. Eso, unido a la ausencia de figuras de primer nivel en el deporte nacional, nos conduce a menudo a la exageración.
Sin embargo, hay algo que al menos para mí, no tiene discusión: Vicente Padilla es un big leaguer, pertenece a las Grandes Ligas. Es el deportista nica de más alta jerarquía actualmente.
Y aunque eso es un privilegio para él, no es un pasaporte para pasar por encima de los demás. Padilla tiene por tanto, deberes y responsabilidades que cumplir.
Sobre ese contexto, se le ha situado en medio de un debate originado por su decisión de lanzar para el Chinandega y no para el Bóer, equipo con el que supuestamente tenía un arreglo establecido. Se le ha criticado su falta de ética. Dio su palabra y no cumplió.
Pero, ¿se han preguntado ustedes, qué tan éticos son quienes exigen de Vicente un comportamiento ético? Un error, no se limpia con otro, pero se necesita de cierto respaldo moral para poder acusar.
Mi punto es, que no se puede celebrar lo que ha decidido Padilla, pero no se le debería criticar por haber optado por lo seguro en un contexto donde la irresponsabilidad cabalga al galope.
Una cosa es el contexto del beisbol profesional de EE.UU. donde se honran los compromisos, y otro, el de directivos como los de aquí, a los que hay que ir a perseguir para que cumplan las promesas hechas cuando desean al jugador.
Aquí abundan las historias sobre la falta de cumplimiento de los directivos, pero les gusta que los peloteros cumplan su palabra. ¿Y a ellos, quién los juzga?
Quizá antes de criticar, los directivos deberían revisarse y despojarse de todos los vicios con que han afectado el beisbol.
Ahora quieren peloteros que honren su palabra, cuando ellos mismos los acostumbraron y estimularon a no darle ningún valor.

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