Desde que te dejamos allí
Desde que te dejamos allí, hace tres años, solo y humillado bajo el cielo nublado de octubre, no he vuelto a visitarte ni me gusta que me hablen de tu muerte. ¡Que nadie me hable!
Prefiero recordarte de cuando estabas vivo, alegre y saludable, fanfarrón y divertido, orgulloso de tu fuerza y de tu inteligencia brillante. ¡Pero de tu muerte, prefiero que nadie me hable!
Lo que celebramos hoy es el tiempo que estuviste entre nosotros, la devoción a tu familia, tu coraje y sacrificio, tu optimismo al enfrentar las dificultades de la vida, tu amor... ¡Pero de tu muerte, hasta el día de mi propia muerte, no quiero que nadie me hable!
Pablo Sanabria Lainez
En memoria de mi padre
Octubre, 2005

|