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José de la Cruz Mena: Un tono de vals

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.Los arreglos musicales que se han presentado en los últimos años para nuestras efímeras orquestas, han preservado ese sentido majestuoso de los valses de Mena

José de la Cruz Mena. (LA PRENSA/ Archivo)

 

Armando Zambrana Fonseca

Hace más de cuatro décadas tuve la oportunidad de escuchar los valses de José de la Cruz Mena Ruiz. Fue una tarde en la que mi padre conversaba con un gran promotor de la música nicaragüense, el notable hombre masayés, don Alcides Gutiérrez Barreto.

Explicaba don Alcides la importancia de la grabación hecha realidad en un disco de 33 revoluciones por minuto, marca Ondina, que había sido grabado años atrás en la Grabadora Nacional de don Navas y Barraza, que fue el primer nicaragüense que había traído al país un equipo magnetofónico.

Una orquesta que fue denominada Metropolitana, fue la que ejecutó los Valses de Mena, en el entendido que para la estructura de las composiciones y los espacios del disco se limitaron solamente a lo más importante de cada uno de ellos, con un sentido musical morfológico que pudiera ser acogido por el público y no perdiera el acento y la intención melódica que dio por principio a la unidad de estos maravillosos valses que son patrimonio cultural nuestro y del mundo.

Sin embargo, los músicos de gran profesionalismo hacen algunas acotaciones a las interpretaciones de esta Orquesta Metropolitana, compuesta por músicos mexicanos, porque creen que los arreglos a los valses le hacen perder detalles que son parte de la riqueza de cada una de las composiciones. Sin que esto no deje de tener valor, el esfuerzo primigenio de estas grabaciones y único por muchas décadas, debe ser considerado como un clásico, porque a quienes nos gustaron esas interpretaciones y no teníamos ningún parámetro de comparación y mucho menos los criterios básicos de la composición musical, ese acento que lograron los de la Orquesta Metropolitana, creó un criterio de gusto que se hace imposible borrar.

Don Alcides había tomado el riesgo de publicar estos valses en un medio donde el maestro Mena era y sigue siendo un desconocido para las grandes mayorías; las empresas radiofónicas lo adquirieron y se convirtieron los valses en un recurso musical para el Día de las Madres. Eso fue en los años cincuenta, cuando había madres que algunas de ellas tuvieron conocimiento del Gran Anfión. Para las madres de hoy, sus recuerdos están anclados en décadas recientes; esto hace que el interés por el maestro Mena sea mucho menor, lo que significa que hay millones de personas en este país que no conocen nada de él.



BIOGRAFÍAS

Con relación a los biógrafos, solamente uno es el que logró conseguir información valiosa de quienes lo conocieron, como el ilustre abogado y poeta don Juan de Dios Vanegas, miembro de la Decuria escolar a la que pertenecía José de la Cruz y otro gran hombre, el ingeniero y estudioso de la toponimia originada en la denominación precolombina, Alfonso Valle. Es el doctor Edgardo Buitrago, el mejor biógrafo de Mena, que en sus años mozos y por encargo de la casa de estudios de León, su universidad dio inicio a un trabajo biográfico que llenó el vacío de información sobre el gran compositor.

Buitrago consiguió información de los que fueron sus amigos. Por lógica generacional, Buitrago conoció a muchos hombres mayores que habían nacido en el último tercio del siglo XIX, y esa dicha circunstancial lo premió con la información biográfica sobre el maestro Mena. Todo lo que he logrado leer acerca de la biografía está basado en el trabajo del doctor Buitrago, unas palabras más otras menos, pero se circunscriben en la vida y obra apegada al esquema del doctor Buitrago.

Julio Cansino, seudónimo de Julio César Sandoval Moreno, ha logrado por medio de la magia de la electrónica y de su propio talento, presentar los valses de Mena y otras composiciones como Habanera y Engracia, como una novedad en el sentido muy general, no para el experto y gran conocedor de la obra del gran vencejo. Esta grabación en un disco compacto, trae arreglos muy particulares que el señor Cansino logró utilizando recursos de estilo muy apegados a las estructuras musicales o morfológicas del siglo XIX, creándoles a los valses unas introducciones que son verdaderos trabajos de organización de ideas musicales que logran constituir una forma que para el caso son las introducciones. Son estas introducciones verdaderos dibujos melódicos.

Los cuerpos diversos que componen los valses del maestro Mena, en el trabajo de Julio Cansino se advierte, como él lo indica, que los arreglos han sido hechos al mejor estilo de valse vienés, específicamente el de Johann Strauss, y es que el señor Cansino no podía hacer otra cosa que ajustarse a la riqueza espiritual que se manifestó en unos valses solemnes y monumentales, que surgieron de la apropiación cultural aprendida en maestros europeos como Alexander Cousin, de origen belga, de Frederic Dreus de origen prusiano y de los recursos musicográficos pedagógicos que utilizaban sus maestros, con obras de reconocidos profesionales, compositores y directores para la enseñanza de los estudiantes de música, entre ellos, Jean Sibelius y Héctor Berlioz.

Uno por su profundo sentido nacionalista de sus composiciones y del sentido armónico de las mismas extraídas de la naturaleza, y el otro —Berlioz— el maestro de la composición musical, para llegar a manejar con maestría el sentido y modelo de Strauss.

Los arreglos musicales que se han presentado en los últimos años para nuestras efímeras orquestas, han preservado ese sentido majestuoso de los valses de Mena, uno de estos notables arreglistas es el profesor don Pablo Buitrago M.

No puedo dejar pasar que mi afecto por el maestro José de la Cruz Mena se originó en el trabajo de don Alcides Gutiérrez Barreto, porque cuando los valses fueron reproducidos por el tocadiscos de la época, mi abuela materna dio inicio a una serie de informaciones que me fueron útiles para comprender la obra de Mena.



LOS MAESTROS

En la casa de su abuelo, Lisandro Zambrana Urbina, en Niquinohomo, se reunían al inicio de los veinte, músicos amigos: Alejandro Vega Matus, Vicente Barberena y Carlos Ramírez Velásquez, entre otros. Estos diestros en el arco de Jean Delphin Alard, manifestaban sus inquietudes sobre las composiciones del maestro Mena, por las estructuras que algunos de ellos consideraban superior a Strauss, manifestaron estos criterios —al menos eso fue lo que escuché— además que en unas grabaciones que desconozco dónde se realizaron, mi abuela materna nos dijo en varias oportunidades que en la casa de su padre, Lisandro Zambrana Muñoz, en el mismo pueblo de Niquinohomo, en una ortofónica —generación superior a la vitrola— reproduciendo la grabación, ella escuchó los valses de Mena, así como la interpretación de los mismos en la ejecución de los músicos de Masaya dirigidos por el gran Alejandro Vega Matus.

Este conocimiento la llevó a exclamar cuando escuchó la grabación de la Orquesta Metropolitana, que los valses no estaban completos y que la introducción de los valses era “larga”; de ahí es que me quedó la inquietud que los valses que escuchábamos no estaban completos y que no tenía la menor idea de cómo podían ser y el aprecio y el gusto que tuvieron quienes lo escucharon en las primeras dos décadas del siglo XX. El talento de Cansino le aplicó a las estructuras musicales que se han preservado introducciones —como él lo explica— dentro del canon establecido por Strauss salvo en el vals Tus ojos, donde los arreglos de la introducción están hechos con la delicadeza de los maestros franceses del siglo XIX. Los franceses disfrutaron de las composiciones de un strausista, Georges Lamothe, que al igual que Mena logró dominar el estilo para darle su propio acento.

El maestro José de la Cruz Mena ha sido conocido como El maestro del Río Chiquito o El Divino Leproso. Estas consideraciones populares se han generado en personas de nobles sentimientos y de buenas intenciones, pero creo que debemos acercarnos mucho más al genio y no al leproso, por muy divino que éste sea. Veamos.

Don José de la Cruz Mena Ruiz no fue un pobre desgraciado nacido en el barrio leonés de San Sebastián y que cuando se enteró que tenía lepra y para que no lo confinaran en una isla, se fue a vivir al Río Chiquito, donde compuso sus valses. Verdades a medias más terribles que las mentiras completas.

VER TAMBIÉN:

Las Ruinas, de Mena  
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