Abogado somoteño ejemplo de perseverancia
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En la víspera de sus 70 años culmina una maestría |
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Arsenio López Ruiz.
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Martha Marina González CORRESPONSAL/ ESTELÍ departamentos@laprensa.com.ni
Nació en 1936, todos lo conocen en el campo y la ciudad de Somoto, siempre soñó con ser abogado, pero en su época la situación era difícil y para poder sobrevivir y ayudar a sus padres se dedicó en su infancia y adolescencia a vender rosquillas.
Arsenio López Ruiz es originario de Somoto, casado con Griselda Mendoza Ríos, juntos han procreado cuatro hijos, la mayoría de ellos preparados en la universidad.
A LOS 18 ERA VENDEDOR DE ROSQUILLAS SOMOTEÑAS
López comenta que a los 18 años todavía era un vendedor de las famosas rosquillas somoteñas y desde esa edad se enroló con reconocidos abogados de la ciudad y ahí comenzó a manejar las leyes y eso lo animó a estudiar la carrera de Derecho.
Cree que por su edad ya llegó al último peldaño de su vida, pero se ha convertido en uno de los abogados más cotizados entre la gente de Somoto, lo ven como el hombre de experiencia y hábil para ganar los juicios penales.
A los 19 años, en 1955, culminó su primaria y tuvieron que pasar 23 años, en 1978, para poder bachillerarse en una escuela nocturna y fue en 1992 que reinició sus estudios en la Universidad Popular de Nicaragua (Uponic) y en 1997 se graduó de abogado y siete años después obtuvo una maestría.
Considera que el reconocimiento especial recibido durante la graduación de 34 profesionales de distintos departamentos en la tercera maestría en Derecho Penal y Derecho Procesal Penal, que la Upoli impartió en Estelí, “está impregnado de voluntad, intención, sacrificio y lucha”.
40 AÑOS PARA SER UN PROFESIONAL
“Fueron cuarenta años para poder llegar a ser un profesional, pero no me amilanaron, porque desde pequeño tuve esta vocación, pero mi madre era una vendedora de rosquillas, quiero decirle a mis hijos, a mis nietos, a muchos jóvenes que no desperdicien el tiempo”, comenta.
Sus profesores, como el doctor Silvio Grijalva Silva y Sergio Cuarezma Terán, lo animaron a seguir estudiando, aunque reconoció que biológicamente “éste es el último peldaño de mi vida, porque ya las neuronas no son iguales a las de un joven, 70 años a tuto no es lo mismo que tener 30”, dijo.
SU MADRE LO IMPULSÓ
El abogado López cuenta que su madre Ignacia Ruiz, quien murió a los 80 años, fue quien le instó a ser abogado, pero por la pobreza no pudo darle los estudios, tampoco lo vio coronar su carrera.

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