Opinión económica
Microfinancieras
Ena Silva Fornos
Las microfinancieras o banquitos se han consolidado en el mercado financiero del país.
Las microfinancieras tienen su origen en los años ochenta, pero es en los noventa que emergen con mayor fluidez, cuando comenzó a darse la privatización de la banca estatal y la quiebra de varios bancos, surgieron como alternativa de crédito a mediano y largo plazo con intereses bajos en relación a la banca convencional y dirigieron sus servicios hacia la población vulnerable que realiza actividades productivas y comerciales, quienes no tenían acceso a los créditos que ofrecía la banca privada. Para 1995 un 75 por ciento de la cartera crediticia la manejaba la banca estatal o privada, las microfinancieras cubrían un 15 por ciento y los prestatarios o usureros abarcaban el 10 por ciento de la cartera.
Los microempresarios vieron en las microfinancieras las posibilidades de desarrollar sus actividades económicas, permitiéndoles abrir las puertas de su desarrollo poco a poco con las ofertas que estas entidades les brindaban. Debido a la crisis financiera por la quiebra de varios bancos el acceso al crédito tuvo un giro de noventa grados, lo que resulta que para el 2004 el total de la masa crediticia se refleja en un 80.8 por cieno cubierto por las microfinancieras, reduciéndose así la cobertura de la banca convencional que para ese año cubría un 14.6 por ciento y los prestamistas y usureros un 4.6 por ciento de la cartera crediticia.
Observamos que las microfinancieras han absorbido el mercado porque sus ofertas atractivas introdujeron a otros sectores sociales a hacer uso de la cartera crediticia que éstos tienen. Actualmente, la mayoría de los microempresarios utilizan los paquetes crediticios que continúan ofertando las Microfinancieras porque han mejorado y ampliado los mismos, hay una profesionalización y asistencia técnica modernizada lo cual agiliza las gestiones que solicitan los clientes de estas instituciones.
Todos los cambios que las microfinancieras han realizado se deben a la misma necesidad que el mercado va exigiendo a las entidades y en vista de ello en 1998 surge la Asociación Nicaragüense de Instituciones de Microfinanzas (Asomif), quien determinó el papel que deben asumir estas entidades, definiendo la misión de representar, apoyar, organizar y fortalecer la capacidad operacional de una red nacional de instituciones financieras de microfinanzas que contribuyan de forma permanente y sostenible a la promoción y al desarrollo de los empresarios y empresarias de la micro, pequeña y mediana empresa urbana y rural.
Asomif ha jugado un rol importante en la transformación de las microfinancieras, efectivamente en la regulación financiera y de crédito, ha promovido una ley de regulación que ya está en la Asamblea Nacional aprobada en lo general. Ha creado un perfil más profesional y permanente de los servicios financieros rurales y urbanos. Ha tratado de incidir en las políticas públicas, pero es evidente que las microfinancieras, como vehículo de desarrollo, son una industria muy incipiente en el país.
Con la institucionalización de las microfinancieras resulta que la tendencia del crédito bancario se ubica hacia los sectores terciarios de la economía.
Para 1992 la composición de la cartera de créditos bancarios era de un 60 por ciento destinado a la producción agropecuaria, sin embargo en 1999 esta composición ha cambiado radicalmente con apenas el 31 por ciento de la cartera total destinada a las actividades agropecuarias y el 13 por ciento a la industria con una participación del 56 por ciento al resto de actividades del sector terciario de la economía. Es obvio que estos datos han incrementado hasta la fecha. Está de más decir que nuestra economía agropecuaria se ha reducido y hemos pasado a una economía meramente comercial y de servicio.
Es curioso, la mayoría de los usuarios de las microfinancieras son mujeres y representan el 60 por ciento de sus clientes, ellas tienen el acceso al crédito para sus negocios y en condiciones de garantías con las que ellas pueden pagar.
Los clientes que atienden las microfinancieras son una población en pobreza que trata de subsistir a la crisis socioeconómica que enfrenta el país.
Las microfinancieras han contribuido al desarrollo económico local ofreciendo los servicios de crédito para negocios que benefician a las familias pobres y aportando a las economías de las comunidades rurales. La realidad de la población vulnerable es que en medio de las dificultades económicas busca una alternativa de trabajo a cualquier costo porque no deja de faltar la contraparte que resta a las microfinancieras: son las tasas de interés que en un comienzo fueron favorables para los microempresarios, ahora se tornan cada vez más altas o un valor igual al de la banca convencional y puede en cierta medida disminuir la cartera crediticia.
Aunque las microfinancieras para los microempresarios son una mejor opción frente a la usura.
Aunque quisiéramos ver a Nicaragua como el granero de antaño ni la banca convencional ni las microfinancieras se han arriesgado a intentarlo porque las condiciones económicas externas e internas actuales son determinantes para el desarrollo de este rubro.
En Nicaragua existen 23 microfinancieras afiliadas a Asomif y han expandido sus servicios financieros a 200 mil usuarios y usuarias del microcrédito, contribuyendo así al desarrollo del comercio y generando oportunidades de trabajo a la población vulnerable.
Existen pues a nivel centroamericano alrededor de 96 microfinancieras que generan del 24 al 28 por ciento del empleo en el istmo centroamericano y aportan entre el 13 y el 20 por ciento del producto interno bruto.
Por consiguiente las microfinancieras juegan un rol determinante y oportuno para las economías de los países subdesarrollados como el nuestro.
La autora es Periodista.

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