MARTES 4 DE OCTUBRE DEL 2005 / EDICION No. 23952 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Golpe rastrero en Nicaragua

Muchas personas fuera de Latinoamérica probablemente asumen que la carrera política de Daniel Ortega finalizó hace 15 años cuando su desastroso atentado de instalar una dictadura marxista en Nicaragua terminó en elecciones las cuales perdió de manera decisiva. Otros quizás un poco mejor informados supondrán que sus dos derrotas electorales posteriores, alegatos de corrupción y abuso sexual infantil que aún lo inquietan, o resultados de un solo dígito en encuestas de opinión han hecho de él una figura política marginal en la política nicaragüense. Tristemente, la verdad es otra: Gracias a la debilidad institucional de esta joven democracia, Ortega está muy cerca de recuperar todo el poder y de esta manera ampliar la alianza de Estados latinoamericanos no-democráticos, hasta ahora compuesta por Cuba y Venezuela.

La reaparición de Ortega se ha consumado por medio de una alianza descaradamente corrupta con el ex presidente de derecha Arnoldo Alemán, quien fue sentenciado a 20 años de prisión en el 2003 por saquear el erario público. El partido sandinista de Ortega apoyó la acción judicial para luego de manera abrupta cambiar de bando y consumar un pacto con Arnoldo Alemán en contra del presidente Enrique Bolaños, antes miembro del Partido Liberal de Alemán, quien valientemente prefirió enfrentar la corrupción gubernamental. Esta alianza izquierda-derecha ha usado su mayoría en la Asamblea Nacional para reescribir la Constitución y subordinar a la Corte Suprema. Esta última semana la Asamblea comenzó a despojar de inmunidad a miembros del gabinete de Bolaños, para que éstos puedan ser procesados ante jueces sandinistas por cargos falsos. Si esta maniobra da resultado, el presidente Bolaños será el siguiente. Mientras tanto, Alemán, quien robó decenas de millones de dólares al erario de uno de los países más pobres de Latinoamérica, salió libre de casa por cárcel la semana pasada.

La meta de Ortega es forzar al presidente Bolaños a aceptar su versión reescrita de la Constitución, la cual transfiere casi todos los poderes del Presidente al Congreso. Esto en la práctica estregaría a Nicaragua al control sandinista, sin elecciones las cuales Ortega continúa perdiendo. Las elecciones del año que viene podrían ser manipuladas. Ya esta alianza corrupta bajó el porcentaje de votos necesarios para que un candidato presidencial pueda ser electo con un 35 por ciento y acusaciones criminales ya han sido presentadas en contra de uno de los candidatos más populares. Los sandinistas tendrán mucho dinero para gastar gracias a Hugo Chávez. Ortega recientemente anunció que había ya arreglado con el autodenominado “Revolucionario Bolivariano” de Venezuela, suministro de petróleo subsidiado.

Comparado a la agresiva intervención de Chávez, intentos de la Administración del presidente Bush y de la comunidad internacional por salvaguardar la democracia nicaragüense, hasta el momento, se ven endebles. El nuevo Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, José Miguel Insulza, trató de arreglar un acuerdo político, pero luego anunció su frustración cuando el señor Ortega ignoró sus solicitudes de parar el menoscabo del Gobierno de Bolaños. La Administración del presidente Bush hizo posible que el Congreso estadounidense firmara el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica, pero Ortega ha bloqueado su ratificación en Nicaragua.

El Subsecretario de Estado, Robert Zoellick, estará esta semana de visita en Managua, en la que funcionarios indican será un intento de fortalecer a Bolaños y persuadir a los seguidores derechistas de Alemán a que abandonen su autodestructiva alianza con los sandinistas. Como sucede tan a menudo en Latinoamérica con la Administración del presidente Bush, involucramientos de alto nivel llegan tarde. Sin embargo, hay un factor a su favor: 80 por ciento de los nicaragüenses dicen oponerse al pacto Ortega-Alemán. El rescate de Nicaragua dependerá del poder de la gente, dentro o fuera de las urnas.

Editorial del diario estadounidense The Washington Post, publicado en su edición de ayer lunes 3 de octubre del 2005.
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