La reina del Mississipi
Jaime Caldera Fuentes
La dama y señora del principal río de Estados Unidos de América, duerme, ha sido golpeada por el destino. Desde décadas atrás se decía que tal desgracia como la acontecida el pasado 29 de agosto tenía que llegar tarde que temprano, y hoy lo más importante será que en un futuro otro maremagno no vuelva a suceder con igual o peor magnitud del reciente. Desgraciadamente Nueva Orleáns está localizada en la desembocadura del río Mississipi, que baja del norte hacia la mar en el golfo de México. Históricamente ha sido un importante puerto, con una fuerte población inmigrante de africanos y caribeños que aún le brindan culto al vudú y otros ritos esotéricos y metafísicos que generan una gran clientela de anglosajones y europeos ávidos por lo espiritualmente prohibido. Es una ciudad pequeña pero con alma y corazón y es reconocida como la cuna del jazz, ya que en su seno ese ritmo musical se escucha por los cuatro costados. Innumerables músicos, cantantes y compositores han llegado a esta ciudad a impregnarse de su magia y encanto como base de su inspiración para crear excelentes obras musicales para deleite de negros, blancos y resto del mundo.
Su Calle Canal, principal avenida, alberga edificios de oficinas de las grandes corporaciones petroleras, sus hoteles de las mejores cadenas del país también están presentes y su puerto es una entrada importante de productos que provienen del resto de América y África. Es una ciudad rica en movimiento de dinero pero sin un buen subsidio estatal, ya que Louisiana está calificado como uno de los estados más pobres de Estados Unidos y esto nos lo pudo dar a comprobar el terrible, impetuoso y asesino huracán Katrina. Sin duda alguna toda urbe tiene su orgullo y el de Nueva Orleáns es el carnaval de Mardi Grass, el cual se celebra todos los años en el mes de febrero, vistiendo a la ciudad de color, luces, carrozas, diversión y desenfreno. El número de turistas nacionales y otras latitudes que la visitan para esta fecha se cuentan por miles y en general en los días de fiesta un ambiente en el cual todas las pasiones se desbordan, motivo por el cual algunos la catalogan como la ciudad del pecado.
En cualquier época del año que la visitemos podemos disfrutar de ella a pie o recorriéndola en tranvía, el cual se desplaza por sus áreas turísticas, pudiendo apreciar a ambos lados de la vía señoriales que evocan los tiempos de las grandes plantaciones de algodón y de la ingrata esclavitud. Dentro de ese perímetro se encuentra la afamada Universidad de Loyola, cuna de renombrados hombres y leyes y además de otros atractivos turísticos hasta llegar a finalizar dicho recorrido en el centro de la ciudad.
French Quarter, Bourbon Street, las bandas de jazz, el Aquiarum y demás sitios hacen de Nueva Orleáns una ciudad atractivamente turística. En su delta se encuentran los barcos de aspas de madera que lo transportan río adentro a conocer sitios históricos relacionados con la guerra de secesión.
No pensemos en un réquiem para quien no ha muerto, ella está solamente dormida, sumida en un letargo acuático que a un corto o mediano plazo despertará con una alegría vibrante y su corazón musical hará sonar por los cuatro vientos que Nueva Orleáns sigue siendo: la reina del Mississipi.
El autor es ingeniero.

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