DOMINGO 2 DE OCTUBRE DEL 2005 / EDICION No. 23950 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




70 días de fiesta

Foto  

 

Justo Pastor Ramos

Sobre los efectos de la profunda crisis económica y social y de una descomposición política partidaria bien notoria en nuestro país, la lírica y folclórica Ciudad de las Flores nuevamente a partir del 20 de septiembre recién pasado festeja a su santo patrono, el doctor San Jerónimo, quien durante 70 días en forma continua recibe el tributo de la veneración de parte de sus fieles devotos, actitud piadosa de un pueblo creyente que aún lleva dentro de sus sentimientos la fe y el amor cristiano.

Masaya, hoy como ayer, desde ese día se desborda bullanguera entre un voluminoso ambiente saturado de actividades socioculturales que van desde la Bajada del Santo y la elección de la India Bonita hasta la presentación danzaria que ejecutan los grupos de bailes al finalizar el mes de noviembre, desplazándose sobre las tarimas artísticamente ornamentadas por un pueblo pletórico de inducción cultural que al clamoroso son de la marimba de Monimbó, india estirpe del ancestro Chorotega, se ha adentrado entre un Universo de costumbres y tradiciones que han conformado como en la antigua Grecia el ancestral florilegio de las diferentes modalidades que se han desarrollado en el tiempo y la distancia.

Masaya, folclórica en su cotidianidad, y mítica en sus creencias, encarna maravillosamente en estas fiestas, que al final es una mezcla de religiosidad y profano su carácter festivo, el cual se manifiesta en la sincera expresión de pagar una promesa o de bailar al “doctor que cura sin medicina”, en las comidas típicas que pernoctan en las plazas como en tiempo de los viejos tiangues, en las populosas corridas de toros que en el pensamiento nos trasladan a los clásicos campos de Fesalia unos 5,000 años atrás y de allí, a España, Perú y México desde donde el barbado conquistador habría de traernos y enseñado para ser hoy con el caballo, la pólvora y la música una reminiscencia de la vieja Hacienda colonial, tan primitiva pero no menos folclórica que ahora, preservándola en nuestro entorno tradicional con el acervo mitológico y poético de los cantos de Homero y Ovidio.

Luego los bailes de Las negras muy original en lo estético y arte danzario, El baile de las inditas, de origen prehispánico que enriquece la herencia colonial y a la vez constituye hermoso documento histórico de nuestra nacionalidad, La indita lujosa, una innovación reciente de La indita, el Baile de los diablitos, danza colectiva de gran colorido y expresión plástica de estética y singular.

Continúa El torovenado, reserva folclórica o semblanza mítica contagiada de humor y colorido muy conocido, patrimonio de nuestra sátira criolla y los Ahüizotes, alusión mental remontada a la conquista, particulariza antiguas creencias de corte fantasmagórico.

Finalmente la arcaica marimba de Monimbó volverá a arrancar de su vientre sonoro como el murmullo de la fuente para acompañar a los bailes durante los domingos de octubre y noviembre las piezas de La danza negra, El garañón, El centavo chato, Los dos bolillos, La culebrita, El mate amargo, El acuartillado, Aquella indita y Los novios, que como en los tiempos de los nandapios, nequeheris, niquiranos, chontales y chorotegas, todos ellos como desgranados por los siglos bajo el azul firmamento de Masaya con la fragancia del santol y el resedo.

El autor es historiador
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Elogio de Darío en Salamanca

La Orden Rubén Darío y la Orden de la Paz

70 días de fiesta

Homenaje a José de la Cruz Mena

La reina del Mississipi

De monólogos, diálogos y más