DOMINGO 2 DE OCTUBRE DEL 2005 / EDICION No. 23950 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Cosas veredes Sancho amigo
Meyling, experta en autos y en la disciplina del amor

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. Como pequeña mariposa entre las flores, ella se mueve entre los carros multicolores anotando detalles en su tabla. Revisa cuidadosamente el estado externo del auto y marca en su hoja de registro los mínimos detalles, luego abre capota y valijera y sigue anotando. Terminado el examen coloca un pequeño cono con una banderita sobre el techo del automotor

Meyling del Rosario y su preciosa hijita, Ashley Stefany.

 

Mario Fulvio Espinosa
departamentos@laprensa.com.ni

En toda esa operación la clienta no para de hablar. “Mire señorita que al poner breque bajando una cuesta sentí un sonido raro”. Meyling escucha atenta. “¿Será que está rayado el disco del freno? Insiste la señora. “No se alarme —dice ella con calma—, en estos días de lluvia algo de agua penetra en el sistema y al ensuciarlo produce ese ruido, pero tranquila que aquí revisaremos todo eso”.

Difícil encontrar clientes tranquilos, todos llegan ansiosos de señalar malestares mecánicos raros. A los dueños de autos de paquete les pasa lo de las comadres que al encontrarse compiten al relatar sus dolencias. “Que fíjese comadre que hoy amanecí con un dolor en esta rodilla”. “Pues ni me diga comadre, que a mí me duele desde la rodilla hasta el ojo del pie”. “Ay comadre, pero resulta que la cabeza me amanece como brasa, parece que me dan con una pelota...”. “Pues comadre, a mí también, pero mi dolor se me viene por la cara y hasta siento que el cuello se me pone tieso”. “Ay comadre si le contara que creo que tengo piedras en el riñón, amanezco varada”. “La entiendo, mi amiga, porque yo creo que tengo un quiste en el hígado y alguna roca en la vesícula”...

A Meyling le toca contemporizar con toda clase de autotenientes. La gran mayoría son hipocondríacos mecánicos que viven sintiendo síntomas graves en su carro nuevo. “Pero también los hay muy parcos, incapaces de explicar el mal de su vehículo. Si a los primeros los intento tranquilizar, a los segundos los tengo que interrogar con la cortesía que se merecen”, afirma esta joven morena, pequeñita, de rostro ovalado, ojos de acerina y boca chiquita.

MATAGALPA Y LA VIEJA MANAGUA

Meyling del Rosario López Ramírez nació en Matagalpa. Cuando su madre, doña Gloria Ramírez, se fue al extranjero buscando otra vida, ella y su hermana quedaron bajo la tutela de su padre, don Luis Alberto López, militar de profesión. “Tuve una infancia feliz y en eso fui privilegiada si tomamos en cuenta que en nuestro país abundan los niños sin padre, abandonados y desprotegidos. De aquellas muchachitas juguetonas que fueron mis amigas guardo un recuerdo muy especial de Idelis Miranda que era mi “yunta”, todavía tenemos la oportunidad de escribirnos y de expresar el mutuo cariño que nos une”, asegura Meyling.

La vida alegre de Meyling sufrió un cambio brusco cuando su padre fue transferido a Managua en 1988. Tenía 13 años y sólo sabía por referencias lo que era la capital. “Me decían que era una ciudad de edificios a medio caer y de patios baldíos, de gente alegre, romántica, acogedora. También me aseguraban que era una urbe segura, sin violencia, y era así en efecto porque en ese tiempo no se miraban tantos hechos delictivos que hoy abundan. Ahora es una ciudad de casas forradas en hierro y de muchos candados, donde es un atentado el simple hecho de andar en la calle”.



¿Pero, te hablaron alguna vez de la Vieja Managua?

Me contaban que antes del terremoto existía en este lugar una ciudad muy linda, de casas frescas y aleros grandes. Con un hermoso lago donde la población se bañaba sin contratiempos, con gente fraterna, cristiana, alegre y conversadora. De alguna manera creo que la juventud actual —salvo las excepciones de siempre— no se interesa por estudiar ese pasado porque vive la filosofía de gozar el presente y que el pasado quedó atrás. Es una forma de olvidar nuestras raíces, y sin raíces los árboles se caen con el más pequeño viento. Por eso me encanta escuchar relatos sobre aquella ciudad y mirar fotografías de antaño que hace volar mi imaginación.

LA CAMARADERÍA GOYENISTA

¿En qué barrio de Managua transcurrió tu juventud?

En ninguno porque la casa que le asignaron a mi padre estaba en Xiloá. Era una quinta apartada del centro. Desde allá venía al Instituto Ramírez Goyena donde estudié hasta cuarto año, el quinto lo hice en Matagalpa, donde me bachilleré, pero luego volví a Managua para estudiar Ingeniería Electromecánica, carrera que no terminé por razones económicas. Ya no vivía con mi padre, tuve que buscar trabajo y ya trabajando no pude seguir estudiando.



¿Era alegre la camaradería goyenista de tu tiempo?

Tenía mi pequeño grupo de amistades con el que participaba en círculos de estudio y en tareas colectivas. Era muy bonito porque la única preocupación nuestra era estudiar. De fiestas ni hablar porque no me daban permiso, pero claro, era joven y me gustaban las fiestas y más que casi todas mis amigas eran quinceañeras amantes de las fiestas.



¿Te prohibían bailar tus creencias religiosas?

No, mi papá no era religioso. Yo era católica porque esa era la religión tradicional de mi familia. Eran cristianos, pero no practicantes. Ahora soy miembro de la Iglesia de los Santos de los últimos días, conocida como Los Mormones. En enero de este año me bauticé y estoy contenta de estar ahí, he recibido muchas bendiciones de Dios, principalmente con mi hija, pues tengo una bebé de trece meses.

ALGUNAS COSAS SOBRE EL AMOR

¿Entonces, ya eres una mujer casada?

No, todavía no estoy casada con el padre de mi niña, pero eso está en nuestros planes.



¿Qué idea tienes del matrimonio?

Antes pensaba que no era necesario estar casada para ser feliz. Pero ahora he aprendido en mi Iglesia la importancia de la familia, la familia debe estar unida para siempre y no en fornicación. De acuerdo con los mandamientos, yo estoy separada de él, pero tenemos una buena relación y estamos en proceso de casarnos.



¿Pero todo se acaba, nada es eterno y como dice la canción “hasta la belleza cansa”?

Tiene razón. Por eso yo les digo a mis amigas que no se casen si no están seguras del paso que van a dar, que no tomen las cosas a la ligera o por simple enamoramiento. El matrimonio debe ser construido con conocimiento mutuo, es un paso muy importante, es para larga duración. Algunas veces las cosas no salen como uno espera. Pero si las cosas no son eternas, en el matrimonio cada uno tiene que poner su parte para que lo sea.



¿Crees en el “amor a primera vista”?

Ese es un amor tipo Hollywood, de fuegos artificiales, virtual, desemboca en divorcio. Hay un dicho “Amor no quita conocimiento” y para evitar sorpresas desagradables las parejas deben darse tiempo para conocerse, porque existe la tendencia de “esconder las uñas”. Así a la hora de los reclamos poder decir, así me conociste, yo no te engañé.

SOBRE CARROS Y CLIENTES RAROS

Hablemos un poco de tu trabajo, porque no es común en Nicaragua ver mujeres expertas en mecánica automotriz.

Comencé a trabajar con el Grupo JM en el 2000, anteriormente lo hacía en la Empresa Automotriz de Nicaragua (General Motor). En la General Motor recibí un curso de Motores de Combustión Interna y elementos básicos de mecánica. Sin embargo, cuando ingresamos un auto al taller no debemos hacer diagnósticos puesto que para eso está el técnico especializado. Podemos sí decirle al cliente, según el diagnóstico del técnico, los repuestos que necesita su auto y el precio de los mismos.



Te vi trabajando muy seria en la recepción de vehículos, ¡cuáles ritos ustedes siguen para ingresar un auto al taller?

Somos tres los que realizamos esa tarea: un varón, Fernando Toledo; otra muchacha, Elisa Alemán; y yo. Lo primero es preguntar al cliente qué tipo de servicio quiere, luego le ponemos un cobertor al asiento del carro para no ensuciarlo al sentarnos a revisar su interior, después colocamos un pequeño cono numerado sobre el techo. Ese número es un distintivo importante, porque si después tenemos que preguntar al taller como va la reparación, no mencionamos el nombre del dueño sino: “¿Cómo va el número doce, o el nueve, o el que sea? Ese número identificará al vehículo desde que entra hasta que sale del taller.



Pero veo que los conos son de colores y que además les ponen una banderita.

Los conos son de tres colores. El color identifica a los que recibimos el vehículo. En nuestro caso son tres porque somos tres los que trabajamos en eso. Las banderitas indican otras cosas diferentes, una amarilla señala que el vehículo no ha sido asignado a ningún mecánico, una roja que el vehículo está detenido por falta de repuestos, una anaranjada que el cliente no ha autorizado ningún gasto y quiere tener primero un presupuesto, las verdes señalan que ese vehículo va para el taller de pintura y las negras cuando el cliente es de categoría “VIP”.



¿Son los que pagan más, o los más pudientes?

No exactamente, sino que se debe tener mucho cuidado con ellos, porque son muy conflictivos o exigentes. Claro, por ser clientes permanentes ya los conocemos. Por último hay una bandera que se le pone al vehículo que llega por primera vez al taller y debe llevarse una buena imagen de nosotros, para que su visita no sea la última. No se trata que nosotros nos vamos a deshacer en halagos, sino que encuentre en nosotros respeto, cortesía y disposición a quedar bien con nuestro trabajo.



¿Qué otros misterios tiene tu trabajo?

No son misterios, sino técnicas. Saber cómo tratar al cliente, saber cómo solucionar sus problemas. A veces eso no está dentro de nuestras posibilidades, sino que tenemos que acudir a la Gerencia, al jefe inmediato o al jefe de talleres. Pero es importante nuestro trabajo porque somos la primera imagen que se forma el cliente de lo que son los talleres del Grupo Poma. Tratamos que el cliente quede bien pagado y que vuelva.

¿BALINERAS, AIRE, FRENOS?

¿Te has hecho especialista en ruidos?

Nosotros no estamos autorizados para diagnosticar, pero sí debemos preguntar al cliente cómo es el ruido, en qué momento lo escucha, si al arrancar o a cierta velocidad, si al encender el aire acondicionado o corriendo sobre adoquinado.

Un ruido como chischil sugiere un defecto en las balineras, otro tipo de ruido podría identificar una anomalía en los frenos. Todas esas cosas las debemos preguntar y anotar para información del mecánico o del especialista.

¿RUIDOS EN SU CARRO?

“Los clientes llegan diciendo que escuchan ruidos en el auto y nosotros lo ingresamos al taller, pero después que salió, el cliente llega diciendo que ya no escucha aquel ruido, sino otro. Total que recibimos los reclamos y las exigencias que debían recibir los técnicos... Pero ahí tenemos que poner a prueba nuestra paciencia, la cortesía y los argumentos”.
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Meyling, experta en autos y en la disciplina del amor