SáBADO 1 DE OCTUBRE DEL 2005 / EDICION No. 23949 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Una trayectoria consecuente

En el Editorial del sábado pasado (Cultura de la muerte), expresamos nuestra opinión acerca de que erigir un monumento a Rigoberto López Pérez —como lo están haciendo el jefe del FSLN, Daniel Ortega y el alcalde sandinista de Managua, Dionisio Marenco—, porque asesinó al dictador Anastasio Somoza García, significa exaltar el asesinato como forma de lucha política y representa un retroceso a etapas de culto a la violencia política que se creía ya habían sido superadas.

Como era de esperarse, ese Editorial causó muchas reacciones a favor pero también algunas en contra, en este caso por parte de los que se aferran a la justificación del asesinato por motivos políticos (al que llaman “ajusticiamiento”), y quienes han dicho que nosotros nos rasgamos las vestiduras porque antes alabamos la “gesta” de Rigoberto López Pérez pero ahora decimos lo contrario. Y como es costumbre en estos casos, nos acusan de somocistas.

Aparte de que nunca hemos elogiado el asesinato de nadie contra nadie, a propósito de la absurda acusación de que somos somocistas cabe recordar que en tiempos del régimen sandinista un periódico oficialista ofendió a doña Margarita Cardenal de Chamorro, esposa del doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya y madre del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, al acusarla de somocista y caricaturizarla de manera infame, porque ella, cuando fue asesinado el general Anastasio Somoza García envió un mensaje de condolencia a la familia doliente.

Doña Margarita, cada vez que su esposo e hijo eran reprimidos por la dictadura somocista tomaba en sus manos las riendas de LA PRENSA. Y así lo hizo también durante la terrible represión que siguió al asesinato del general Somoza García. Pero aún así, y a riesgo de que dijeran como en efecto se dijo que lo hacía por presión y para favorecer a su hijo, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien estaba preso bajo la acusación de complicidad en el asesinato del dictador, ella envió el mensaje de condolencia a la familia Somoza porque por encima de todo doña Margarita era fiel a sus principios humanistas y cristianos, que han sido y serán siempre los principios de LA PRENSA.

Precisamente por eso fue que en el Consejo de Guerra que lo juzgó por la falsa e injusta acusación de haber participado en el asesinato del general Somoza García, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal concluyó su alegato de defensa personal, el 5 de diciembre de 1956, con estas palabras ejemplares: “Soy inocente de la muerte del General Somoza, delito que aquí se juzga y que nunca pude haber cometido o haber encubierto porque sé que privar de la vida a un hombre, cualquiera que éste sea, no sólo es un delito penado por la ley, sino que es un agravio a Dios de quien no espero que tenga que repetirme en justicia: “Con la misma vara que mediste vas a ser medido”.

En realidad, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien además de excelente periodista fue un intrépido luchador por la libertad y la democracia, reconoció la necesidad de recurrir a la lucha armada cuando la dictadura o la tiranía no le dejan otro camino al pueblo. Y predicó con el ejemplo, pues se alzó en armas contra el régimen somocista, en 1959, admitiendo la posibilidad de matar o morir en la lucha por la libertad y la democracia, pero sólo en combate con el enemigo, nunca asesinando ni ayudando a asesinar a nadie.

La actitud del doctor Chamorro fue congruente con el principio cristiano que el Papa Paulo VI reafirmó en su encíclica Populorum Progressio, de que “en caso de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de las personas y damnifícase peligrosamente el bien común del país” puede justificarse la insurrección de los hombres y de los pueblos.

Es decir, se puede justificar la insurrección armada del pueblo oprimido pero no el crimen político, el cual no deja de ser asesinato aunque se le llame “tiranicidio” o “ajusticiamiento”, y cualesquiera que sean los “ajusticiados”: Anastasio Somoza o Anastasio Somoza Debayle, Narciso Zepeda, Jorge Salazar, Enrique Bermúdez, Arges Sequeira o Carlos Guadamuz.

Y esos principios son los que han determinado la trayectoria consecuente de LA PRENSA en sus casi ochenta años de servicio a las mejores causas de Nicaragua y de la persona humana.
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