SáBADO 1 DE OCTUBRE DEL 2005 / EDICION No. 23949 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Ali-Frazier cumple 30 años
Histórico duelo

Foto  

El inagualable Muhammad Ali, mientras bombardea a Joe Frazier en una épica batalla. (LA PRENSA/ AP)

 

José María Hernández
EFE

MANILA.- Manila fue el escenario hace 30 años de uno de los combates más grandes y mortíferos de todos los tiempos, el que enfrentó a Muhammad Ali y Joe Frazier por el título de los pesos pesados en medio de la ley marcial instaurada por el dictador Ferdinand Marcos.

Los cerca de 28,000 espectadores reunidos el primero de octubre de 1975 en el Araneta Coliseum fueron testigos de una épica pelea a quince asaltos que se saldó con la victoria de Alí por nocaut técnico y que puso fin a una enconada rivalidad entre dos colosos del ring que se veían las caras por tercera vez.

Catorce asaltos necesitó el “loco de Louisville” para doblegar a Frazier, el aspirante. Catorce sangrientos asaltos en que los dos viejos enemigos se intercambiaron una brutal serie de golpes, para algunos el origen del posterior mal de Parkison de Alí.

“Fue una lucha muy ajustada, que sólo se decidió al final, y en la que los dos boxeadores demostraron su gran categoría”, dijo a EFE Gus Villanueva, uno de los periodistas filipinos que cubrieron el evento.

Sin embargo, Villanueva recuerda que la peor parte se la llevó Frazier, a pesar de que entre el quinto y el undécimo asalto había propinado un terrible castigo a Alí y llegó a tenerlo contra las cuerdas.

A partir de ahí surgió el Alí de Zaire, aquel que contra todo pronóstico se había impuesto un año antes al joven y flamante campeón George Foreman.

MORTÍFERO

En tres asaltos Alí hizo uso de todo su arte y coraje para destrozar a base de ganchos de izquierda el rostro de Frazier, el cual perdió su protector bucal y regó con su sangre las primeras filas de espectadores.

Finalmente, el árbitro filipino Carlos Padilla paró la pelea al sonar la campana del inicio del décimo quinto asalto a instancias de Eddie Futch, el preparador de Frazier.

El dramatismo de la lucha fue descrito de forma gráfica por el propio Alí, quien admitió que “fue lo más cercano a la muerte que he conocido”.

Cassius Clay, su antiguo “nombre de esclavo”, se llevó una bolsa de 4,5 millones de dólares, mientras que 2,5 millones fueron para Frazier.

Además, con su victoria, Alí derrotó al hombre que había conseguido convertirse en su sombra desde que en 1971 ambos disputaron el título de los pesados en poder de Frazier.

Fue en el Madison Square Garden cuando Alí, al que se le había permitido volver al boxeo después de que el Gobierno le despojara del título por negarse a servir en Vietnam, perdió a los puntos en una pelea que Frank Sinatra fotografió por encargo de Life Magazine.

Luego, en 1974, y sin que ninguno poseyera el título, los dos gladiadores se midieron en un amistoso que, no sin polémica, ganó Ali a los puntos.

Así estaban las cosas cuando los dos púgiles aceptaron dilucidar quién era el mejor en una Manila donde imperaba la ley marcial que permitió a Marcos prohibir los partidos políticos y las libertades básicas.

Como en Zaire, donde también simpatizó con el dictador Mobutu Sese Seko, Ali no hizo ascos a los cantos de sirena entonados por Marcos y su esposa, Imelda Romuáldez, que por entonces acaparaba las páginas de sociedad de todo el mundo.

“Un hombre que escoge a una mujer como la suya no debe ser ningún tonto”, dijo Ali a Marcos, o al menos así apareció publicado en los medios locales.

Más comedido estuvo Frazier, a quien el Gobierno filipino permitió comenzar sus entrenamientos a las cuatro de la mañana para salvar los rigores de la ley marcial.

INTERÉS POLÍTICO

Ferdinand e Imelda Marcos, quienes estuvieron presentes en el combate Ali-Frazier, se involucraron personalmente para conseguir que éste transcurriera en Manila y, según la silenciada oposición, dar una imagen de normalidad a la comunidad internacional.

“El Gobierno animó el combate y todo el acontecimiento estaba perfectamente controlado por el Ejército”, declaró a EFE el ex senador Jovito Salonga, uno de los muchos represaliados por una dictadura que recurrió a la tortura y el asesinato para eliminar a los disidentes.

Pero las calles de Manila se vaciaron no por la ley marcial, sino por un histórico combate televisado vía satélite a 68 países, incluyendo por vez primera a la antigua Unión Soviética, y que fue visto por 700 millones de personas.
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