JUEVES 17 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23870 / ACTUALIZADA 01:00 am





EL HUMOR DE






Circo

Pedro Rafael Gutiérrez D.

El circo romano lanzaba en los anfiteatros a los cristianos de la época para que fueran devorados por los leones. El César —paranoico por naturaleza—, daba ciertos gustos a un público sediento de sangre, público que ha sido transmutado de generación en generación.

En ese entonces habían dos tipos de cristianos: los espectadores y los protagonistas. Los primeros celebraban con gritos y vítores el espectáculo montado por el máximo líder, sedientos de ver como eran devorados por los feroces felinos. Los otros, esperaban su turno para el deleite de los demás

La historia no ha cambiado, sólo el procedimiento. El espectáculo se presentó en Cartago, Costa Rica, cuando dos perros destrozaron hasta la muerte la humanidad de un joven inmigrante nicaragüense, convirtiéndose esta vez en el circo tico.

Por casi una hora, los animales descargaron su rabia sobre un joven, que pidió auxilio a un público que jamás hizo algo por quitarle a los animales y salvarle la vida. El espíritu del circo romano se apoderó de los presentes, convirtiéndolos en fríos desalmados, dejando a voluntad de los animales la vida de un ser humano, nacido por accidente en cualquier parte.

Las autoridades de salud argumentaron que a los animales se les perdonará la vida. Los mandos policiales argumentarán algo parecido; el público hará burla y chistes por la víctima, mientras la familia del joven pide justicia, justicia que no llegará jamás, quedándonos claro entonces que la vida de un perro prevalece sobre la de un ser humano.
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