LUNES 14 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23993 / ACTUALIZADA 02:00 am





EL HUMOR DE






Nada personal
El mercado implacable

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Douglas Carcache

Al ver que los obreros agrícolas nicaragüenses tienen ya otra opción para emigrar, además de la de Costa Rica, algunos caficultores de Nicaragua pidieron al Gobierno que autorice pronto un salario mejor para los cortadores de café, sin percatarse de que quien impone las reglas en este momento es el mercado.

Nada puede hacer el Ministerio del Trabajo, creo yo, para retener a los cortadores de café nicaragüenses, si éstos quieren irse a Costa Rica o a El Salvador, donde los salarios y las condiciones laborales podrían ser mejores que las de Nicaragua.

Los únicos que pueden detener la migración de los jornaleros agrícolas son los mismos empresarios cafetaleros, si elevan la paga y los salarios en competencia con los empresarios ticos o salvadoreños.

El Ministerio del Trabajo nicaragüense ha establecido un salario mínimo para las labores agrícolas, el que los empresarios tienen que respetar en el sentido de no pagar menos de eso, pero tampoco es prohibido que los hacendados paguen el ciento por ciento más o el 200 por ciento, si quieren, porque esto depende de cómo ellos administran su negocio y en qué medida desean atraer o retener personal.

Por otro lado, los empresarios salvadoreños ya aclararon que su importación de mano de obra la harán a nivel de empresas privadas, un acuerdo entre las que reclutan y las que emplean, sin que intervengan los gobiernos.

El problema no es nuevo para los finqueros nicaragüenses, porque en los últimos tres años, al empezar la cosecha de café se desataron las oleadas migratorias desde el norte de Nicaragua hacia Costa Rica, por una razón sencilla: en el país vecino la paga era mejor. En el 2004, en las fincas nicas ganaban siete córdobas por lata de café cortada, mientras que en las costarricenses recibían el equivalente a 14 córdobas (US$0.85).

Pero ahora la ley implacable del mercado también afecta a los caficultores ticos, porque ellos dependen de la mano de obra nicaragüense y ésta se está interesando en las oportunidades de El Salvador, donde parece que les harán más fácil el trámite migratorio, porque les extenderán un carnet que les garantizaría una estadía legal hasta por seis meses.

Si una mayoría de obreros agrícolas de Nicaragua emigran a El Salvador en vez de a Costa Rica, este año, eso “podría provocar pérdidas de cosechas y disminución en las exportaciones” costarricenses, advirtió el presidente ejecutivo del Instituto del Café (Icafe) de ese país, Juan Bautista Moya.

Costa Rica necesita 200 mil personas para recolectar el café, de las cuales el 60 por ciento son inmigrantes (120 mil), reveló Moya.

Esta nueva disputa por la mano de obra inmigrante, entre El Salvador y Costa Rica, nos muestra también una contradicción entre las políticas públicas del Estado costarricense y los intereses del sector privado de ese país, ya que por un lado los legisladores y el Gobierno se pusieron de acuerdo para endurecer la ley migratoria contra los extranjeros (la mayoría nicaragüenses) y por el otro los empresarios se quejan de la falta de jornaleros que, además, podría ocasionar un descenso en los ingresos de su nación.
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