La entente cordiale
Ernesto J. Marín
Entente, voz francesa que significa entendimiento y armonía entre dos polos opuestos de gran significado histórico de la Europa en los siglos XVII y XVIII cuando se daban tremendos problemas entre las grandes potencias de esa época. Estos acercamientos generaban acuerdos bilaterales entre Inglaterra, Rusia, Francia, Prusia y los monarcas que con su real antojo determinaban la política exterior de sus territorios, llámese reinos, imperios o ducados.
Ahora regresemos al crudo trópico de la “lejana” Centroamérica, cuando entendimiento es casi una palabra tabú, en donde más bien lo que comentamos y denominamos con tradicional desconfianza llamándolo pacto en la Nicaragua del pasado, del presente y del futuro. Denominación no muy acogida para el ciudadano que se precie respetado y digno.
Hacemos estos comentarios por la antinatural significación que damos a estos contubernios los tan respetados y pecaminosos pactos, a través del no muy profiláctico historial de nuestros partidos políticos. Basta recordar al firmado por el general Chamorro con el general Somoza García, bien llamado el pacto de los generales imitado después por el doctor Agüero y el general Somoza Debayle y continuado con el entendimiento entre el presidente Bolaños y el comandante Ortega, por favor llámese entendimiento no pacto.
La situación nicaragüense estaba a punto de explotar, todos los créditos internacionales detenidos, la generosa ayuda de los países donantes y la advertencia de suspenderse. Sumándose al apoyo unánime de Estados Unidos, la Unión Europea, Centroamérica y la Cuenca del Caribe, el Pacto Andino, y al resto de Sudamérica al ingeniero Bolaños, hizo que el organismo supranacional, la OEA, enviara a su secretario general primero y después al doctor Dante Caputo ex canciller argentino para permanecer in situ, y valernos de sus buenos oficios ante el Presidente y el señor Ortega donde llegaron a un impasse y la Asamblea aceptara el célebre y comentado acuerdo marco para recorrer finalmente el camino del encuentro, normalización y entendimiento para este desilusionado pueblo.
La providencia más el talento del señor Caputo, su cerebro, experiencias y buena voluntad han conseguido que el averiado barco nicaragüense arribe a buen puerto, un puerto seguro. Escribiéndose finalmente el esperado epitafio donde todas las desesperanzas, problemas y amarguras encontraron un nido de voluntades para superarse. La entente cordiale, cordial entendimiento, colmó finalmente el intelecto de los actores políticos, nuestros verdaderos protagonistas.
Pero en variadas ocasiones es mejor pensar con la cabeza que con el corazón, transitar por el sendero que nos lleve a escoger la valentía al miedo, la generosidad a la vileza, la verdad a la mentira, lo auténtico a lo falso, el olvido al resentimiento y la dulzura a la crueldad. ¡Aleluya!
El autor es diplomático nicaragüense

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