LUNES 14 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23993 / ACTUALIZADA 02:00 am





EL HUMOR DE






El San Juan, eje de nuestra historia

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Eduardo López Herrera

La historia de nicaragua ha estado marcada por su posición estratégica en el continente que se traduce en el interés mayúsculo de las grandes potencias, iniciando con el poderoso imperio español de Carlos V que a través de sus enviados encontró lo que buscaba, una ruta interoceánica, después de que las grandes exploraciones marítimas en el Continente Americano estuvieron determinadas por la consecución de un gran objetivo: encontrar un estrecho o un paso que condujera a las islas de las especies y a los mercados de India y China, y que en el siglo XIX ese interés cobró mayor vigencia, sobre todo con Inglaterra y Estados Unidos, que consideraban esencial para sus intereses la canalización de nuestro Río San Juan y que queda patentizado con la firma del tratado Clayton Bulwer de 1850, firmado sin la presencia del Gobierno de Nicaragua, y en el cual las dos potencias se constituían en garantes de la neutralidad de la ruta interoceánica.

El deseo de descubrir y controlar el desaguadero —como se llamó al Río San Juan— se convirtió en un elemento importante en los acontecimientos, en la historia de contradicciones y pugnas entre los conquistadores que caracterizaron la historia de Centroamérica en los veinte años posteriores a la conquista, y que tiene su génesis, en el convencimiento de Gil González y sus acompañantes de que “el desaguadero corría hacia la mar del norte, pensándose incluso que tal descubrimiento era provechoso, puesto que entre la mar dulce (el gran lago) y la mar del sur había apenas unas dos o tres leguas en su mayor parte por camino muy llano”.

Por otra parte, la presencia inglesa en Nicaragua tenía el firme propósito de controlar la costa Mosquitia, como efectivamente lo hizo y desde ahí impulsar su plan estratégico para controlar la ruta del canal interoceánico, esas pretensiones posesivas ya se habían manifestado con las invasiones de la armada inglesa a Nicaragua de 1760 y 1780, además la presencia en San Juan del Norte del intendente inglés en Belice exigiendo a las autoridades nicaragüenses reconocer la autoridad del rey miskito y la posterior toma de San Juan en 1848 nombrando un gobernador en lo que ya se perfilaba como la terminal atlántica de la ruta interoceánica, es decir, la salida del río al mar.

Es importante señalar que Costa Rica siempre le brindó el apoyo a Inglaterra en sus reclamos de la Mosquitia, esperando tener como recompensa ventajosas fronteras con nuestro país y que en río revuelto las ganancias fueran para ellos, como ocurrió con Nicoya y Guanacaste, producto de la anarquía política que se vivía, fruto de los desplantes patriarcales de las facciones libero-conservadoras, no obstante, la firma del tratado Cañas-Jerez y el posterior Laudo Cleveland, cerraron toda posibilidad de que se apoderaran del río y que son vigentes para siempre.

El descubrimiento del oro en California a mediados del siglo XIX fue el factor determinante para que Estados Unidos se interesara por Centroamérica y particularmente por la vía del tránsito, concretándose esta aspiración con la visita de Ephraim G. Squier a Nicaragua en 1849 con el rango de Ministro Plenipotenciario del Gobierno de Estados Unidos y con la misión de abrir la ruta interoceánica a los aventureros e inversionistas que transitaban hacia la tierra prometida, California.

La firma del tratado con Inglaterra no sólo empezaba a manifestar la debilidad del imperio inglés en América Latina, sino que también mostró el ascenso de la joven potencia del norte, lo que se evidenció con la firma del tratado Hay-Pauncefote en 1901 el que anulaba el de 1850 y daba a Estados Unidos el derecho unilateral de construir, controlar y fortificar un canal interoceánico por la ruta que considerase más apropiada en el istmo, lo que al final se concretó en Panamá, pero también en Nicaragua con la firma del tratado Chamorro-Bryan, un tratado oneroso que embargó nuestra soberanía y que se firmó, no para construir el canal sino para que nadie lo construyera.

El autor es miembro de ASDENIC y docente universitario del CURN Estelí
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