“Jalogüin”
Pedro Rafael Gutiérrez Doña
Jalo ¿qué? Palabrita importada a Nicaragua hace algunos años y que con el tiempo ha venido ganando espacio en las cuerdas bucales de los jóvenes nicaragüenses, la que sin importar lo que esto signifique, si todos la dicen, yo también la digo. Ésta pareciera ser la consigna del “divino tesoro” al que se refirió en el pasado nuestro panida Rubén.
Pero de la mano del “jalogüin” y de los caramelos, van las máscaras de muertos y disfraces de brujas en cuerpos carnosos, promovidos por el comercio salvaje y el desenfreno bacanalero, no ya de los adolescentes, sino de los mayorcitos, ensimismados con los zumos del etil en todas las discotecas del país.
De tal manera que esta neurosis colectiva, no solamente afecta a los adolescentes, sino a una gran mayoría de la sociedad que ha decidido clonar conductas foráneas e importarlas a Nicaragua, las que lejos de fomentar algún tipo de valor, introducen a sus practicantes en un mundo oscuro y falso, alejándolos cada vez más de la dura realidad.
Ya no solamente las drogas y las pandillas son la materia prima de la destrucción de los jóvenes en el país, sino estas prácticas enajenantes y consumistas las que lejos de perder terreno, cada día ganan más adeptos.
No seamos los padres de familia los responsables directos de fomentar estas celebraciones extrañas, sino de reforzar si así se quiere, nuestras ricas tradiciones mágicas como la de El Cadejo, La Llorona, el Padre sin Cabeza y una serie de personajes de la cultura nicaragüense, ignorada por muchos y la que tiene mayor importancia cultural que la celebración del extraño “día de las brujas”.

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