DOMINGO 13 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23992 / ACTUALIZADA 02:00 am





EL HUMOR DE






Nicañol, nos une en casa pero nos limita fuera

Foto  

 

Elvin Martínez Ascencio
Elvinasencio@hotmail.com

Mientras leía el artículo en la sección Zona Libre de la Revista Magazine, de Tatiana Rothschuh, titulado Dime como hablas... (Revista Magazine noviembre 2004), recordé mis sesiones de clases en el colegio donde trabajo. Yo soy el profesor de idioma extranjero (Inglés, Francés), pero el español lo incluyo dentro del término lengua extranjera, ya que nuestros alumnos hablan mas bien “Nicañol”, una mezcla del español, un poco de náhuatl, chorotega entre otras lenguas indígenas, muchos regionalismos y agregándole un poco de lo que adoptamos de otras actuales culturas latinoamericanas sobre todo de Colombia, Argentina, en fin de toda aquella producción televisiva que se transmite en Nicaragua y que sirve como un medio de aprendizaje, lo cierto es que los programas brasileños presentan un español mas académico debido a que se trata de traducciones del portugués al español.

Antes de iniciar mis clases reviso cómo están en Español mis alumnos y comprendo de inmediato los problemas de pronunciación, el uso de B, V, F, G las uniones de las palabras tales como “tabueno”, “buair” “bua garrar el bu”. Esta práctica oral propia del habla nicaragüense trasciende al plano escrito, lo que dificulta una estandarización lingüística que nos deja fuera de la unificación latinoamericana; es por ello que se debe tener sumo cuidado en hablar correctamente para escribir correctamente o viceversa.

En mi opinión el nivel académico de sus padres, el medio y las exigencias incipientes del sistema educativo nos limita a competir a nivel latinoamericano y sobre todo a situar al ciudadano en la categoría de buen hispanoparlante.

En todos los países del mundo y en todos los idiomas existen diferentes niveles de lenguaje desde el vulgo hasta el coloquial, pero las políticas educativas de la lengua nos obliga a matizar el idioma. En mi caso cuando un alumno me habla en argot les recuerdo con tacto que no están en el barrio y ni con sus camaradas, sino mas bien en una escuela y que debe de utilizar el lenguaje estándar, él debe buscar cómo apropiarse de una estructura más próxima al Español academista y dejar de pensar en “Nicañol”, pues ya tendrá oportunidad de practicarlo en casa o en el barrio; algunos profesores nos damos la molestia de educarles en este sentido para evitarles futuras frustraciones al expresarse en público o ante un medio de comunicación.

Hoy en día se habla mucho de utilizar un nivel de lenguaje sencillo y fácil, pero esta flexibilidad ha dado como resultado confundir la sencillez y lo fácil con la proliferación del vulgo tornándose más atractivo e inclusive los políticos lo hacen para ser más populares. Ya desde el hogar el hablar mal es instruido. Ya PAC hacía referencia en su obra El nicaragüense, los padres enseñan a sus hijos las primeras palabras como la maestra las primeras letras, siendo aquellas palabrotas que producen la violencia lingüística como “puta”, “tonto”, “hijuep...”, etc. y mejor lo dejo a su imaginación estimado lector, ya que el glosario es extenso y la gente disfruta oírlas en boca de un inocente.

El otro caso tiene que ver con la idiosincrasia, el joven piensa que ser nicaragüense es resistirse a hablar, escribir el correcto español, la correcta pronunciación. Ya hemos hecho experimento al respecto y ellos se aferran a la idea que pronunciar o entonar bien, consideran que es cosa de gente aristócrata o de fingir; en el caso de los varones piensan que es cosa de afeminados. Evidentemente el habla nicaragüense (Nicañol) mantiene su terreno ganado. Estando en Francia como profesor de Español y en una cierta reunión una norteamericana decía que su profesor de Español en Estados Unidos afirmaba que en Nicaragua se hablaba un dialecto no apropiado para aprenderlo como lengua extranjera y recomendaba viajar a España, Venezuela o Colombia. Citaba ejemplos de nuestra habla; que omitimos la letra S y que confundíamos al extranjero de lo singular y de lo plural, así como el hecho de entonar apenas las interrogativas y las exclamativas. Nos damos cuenta de nuestros errores cuando otros nos los señalan.

En síntesis no es la idea de cambiar nuestros rasgos culturales, sino más bien de matizar el idioma correctamente, ya que hablar y escribir correctamente nos proyecta como nación culta, de igual manera damos a nuestra gente la oportunidad de integrarse lingüísticamente a Latinoamérica concientizándolos de que la asimilación de modelos lingüísticos extranjeros no nos aleja de nuestra identidad nacional. Como maestro comprometido con el quehacer lingüístico nicaragüense exhorto a mis colegas profesores de Español, Sociales y a los padres de familia en especial a preocuparnos por evidenciar ese lema de Educación Integral y para la Vida preparando a nuestros jóvenes lingüísticamente.

El autor es profesor de idiomas
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Nicañol, nos une en casa pero nos limita fuera

Hacia las sociedades del conocimiento

La lucha con el ángel

Un merecido reconocimiento