Cosas veredes Sancho amigo
El arte de hacer guitarras de don Alfredo José Leiva
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Cuando vi el pequeño taller de don Alfredo me sentí transportado al que heredó de sus padres a finales del siglo XVII Antonio Stradivarius, el célebre artesano constructor de violines cuya familia comenzó haciendo guitarras. En aquel humilde recinto nacieron los violines más famoso del mundo... Aquí, en esta casita del barrio Santa Rosa, florecen día a día las guitarras más sonoras de Nicaragua |
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“Aquí la guitarra va cogiendo forma”.
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Mario Fulvio Espinosa departamentos@laprensa.com.ni
Cuentan que Stradivarius construyó mil cien instrumentos de diversos tipos, de los que existen unos seiscientos. Sus hijos, Antonio, Francesco y Omobono construyeron a su vez violines, pero sus instrumentos, aunque buenos, no pueden parangonarse a los de su padre. Más triste en la situación de don Alfredo José Leiva Balladares que teniendo muchos hijos ninguno desea seguir sus pasos.
De antemano averigüé que don Alfredo es un managua autóctono. Eso quiere decir que todos sus ancestros nacieron en nuestra capital, por lo tanto don Alfredo es, como decía Juvenal, una “rara avis in terris” puesto que los autóctonos managuas están por extinguirse ante la invasión de personas de otros departamentos que, desde hace muchas décadas, mezclaron su sangre con mujeres y hombres de Managua.
No hay procedimiento mejor para entrar en confianza con un managua autóctono que hablarle de la ciudad desaparecida en diciembre del 72. Al más lacónico se le suelta la lengua y comienza a elucubrar añoranzas, saudades, recuerdos, remembranzas, evocaciones o como usted prefiera llamar a esas nostalgias que nos transportan a un lugar que estará en nuestra memoria hasta el fin de nuestros días.
TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR
Don Alfredo nació hace 52 años en el barrio La Cruz. “Era un barrio estrujado porque estaba en medio San Sebastián y Cristo del Rosario, en una Managua que en nada puede compararse con la de hoy. Aquélla era una ciudad pequeña pero bien organizada, ésta de ahora ni siquiera centro tiene porque no puede ser centro una carretera que cada día queda más distante de los barrios que van naciendo como almácigo”, dice el señor Leiva adolorido.
Le he tocado el lado flaco y se explaya. “En el barrio La Cruz se había fincado una colonia de costeños. Allí creo que está todavía Lucy McKensie. Mi casa quedaba del Foker dos al lago media abajo, por ahí pasaba el ferrocarril que era espectáculo para decir adiós todos los días. Siendo un chavalo travieso, yo abordaba el tren en la estacioncita de la Escuela de Arte y me bajaba allá por los Balcanes”.
Don Alfredo José Leiva Balladares abre sus grandes ojos negros y los dirige hacia la altura como esperando ver ahí las visiones del ayer. “Al otro lado de los rieles vivía el maquinista, se llamaba Oscar y el apodo era ‘Frijol’. Yo lo admiraba porque consideraba que era tarea de gigantes manejar un tren. Otros vecinos ‘de los rieles’ eran Felipe Blanco y Elena Mendoza”.
EL DIÁLOGO CON PABLITO LEIVA
Nos han dicho que usted fabrica las mejores guitarras de Managua. ¿Quién le enseñó esta artesanía?
Desde niño me gustó el arte de la carpintería, pero hace algunos meses conocí a Pablito Leiva que era fabricante de las famosas guitarras “covadas”. “Don Pablito, ¿desde cuándo está en este oficio? —le pregunté—”. “Uhhhh —me dijo—, desde que era un niño”. Y comenzamos a sacarnos la parentela. “Yo podría ser tu abuelo”, me dijo. Pues a lo mejor así es, le contesté, porque de los Leiva Balladares, mis padres, mi generación, mi familia, a ninguno le gustó seguir mi oficio. Entonces, le dije a Pablito: A lo mejor yo soy su nieto y si no soy quisiera serlo. Pero no es así, mi papá Ernesto Leiva Alfaro era de San Francisco del Carnicero y mi mamá, Victoria Balladares, nació en Siuna, pero su familia es de León.
¿Cómo se hacían las guitarras covadas?
Pues era que tomaban una troza de vara y media y con una zapata principiaban a darle la forma de una guitarra, después con una azuela comenzaban a covar la madera, era como hacer una batea o un bote. Después se colocaba la parte superior que era la tapa y se ponía el diapasón sobre el brazo. Pero para elaborar esa guitarra se dilataban hasta tres o cuatro meses. Musicalmente era un riesgo, o bien podía sonar normal o bien podía sonar sorda.
¿Y qué tipo de madera se escogía para hacer una guitarra covada?
El cedro real, la caoba y también el pino abeto. Ahora para hacer una guitarra moderna se usa el ñámbar, el granadillo y el laurel. Pero la mejor madera para hacer una guitarra es el cedro real que da un sonido excelente.
DON LUCAS ESPINOZA, EL GUITARRERO
¿Cuál es el procedimiento que usted usa para hacer sus guitarras?
Primero se hacen los costados, se saca una tabla de una pulgada de ancho por una vara de largo, a esa madera se le sacan láminas de un octavo, se les da un proceso de calentamiento y se ponen en la horma para darle forma. A mí me enseñó a hacer guitarras don Lucas Antonio Espinoza, vivía del Foker tres cuadras al lago, eso fue por los años 64 a 67. Ya a la edad de 16 años ya trabajaba como operario y sabía hacer guitarras, nos pagaban cincuenta pesos por cada instrumento.
¿Cuáles son las partes de la guitarra?
Las partes principales en materia de fábrica son: la tapa superior y la tapa inferior, le llaman fajas a las partes de los lados. Se elabora el brazo o mástil y luego se le pone un sobrebrazo al que llamamos diapasón, este diapasón tiene que ser de madera muy fina para que no se gaste, pues ahí van insertadas las laminitas de metal que forman los trastos. El puente que es la pieza donde se insertan las cuerdas y que está antes de la boca, también es de la misma madera del diapasón pero lleva una cejilla de hueso por donde pasan las cuerdas, otra cejilla va al terminar el brazo y lleva unas ranuras que dan la altura adecuada a las cuerdas para que la guitarra no “charchaleye”. El lugar donde van las clavijas se llama “clavijero”, otros le llaman brazo superior o cabeza superior que es donde van perforados los hoyos de las clavijas.
¿Y los adornos de la boca cómo se colocan?
Antes se calaban en la madera, hoy en día se usa una calcomanía especial como la que traen las Yamaha, se le llama película. Una vez colocada se neutraliza con sellador de thinner que la hace durar largo tiempo.
LA GUITARRA Y LA MUJER
¿Qué hay que hacer para que una guitarra posea el sonido de una guitarra de concierto?
Un sonido clásico depende en gran parte de la preparación de la madera. Las fibras deben tener continuidad en las dos tapas, además hay que elegir la madera adecuada, hay maderas que son tostadas, hay maderas que son frágiles, ni una ni otra, la madera debe ser flexible. Una guitarra corriente sólo lleva tres almas, una guitarra fina, de concierto, tiene más de tres, para ella no se usa la caoba ni el cedro, se usa el ñámbar con tapa de pino abeto alemán, se le pone vena picada, barras armónicas, barras laterales, es distinta esa elaboración y más minuciosa.
Carlos Mejía dice que la guitarra es como la mujer. Que hay que saberla tocar. Y buscar como tocarla bien. ¿Usted qué dice de eso?
Así es, fíjese usted que las formas de una mujer son iguales a las que tiene la guitarra. La guitarra si no la toca no suena, y la dama si no se toca no actúa, pero hay que ser sabio y experto para tocar y sacarle música tanto a la guitarra como a la dama. Yo le trabajaba a Carlos. Recuerdo que le reparamos varios instrumentos cuando preparaba sus primeras giras a España.
GUITARRAS EN LAS MONTAÑAS
¿Cuántas guitarras calcula usted que ha fabricado durante su vida de artesano?
Comencé como en 1971, tenía 17 años. Ahora tengo 52 años, eso quiere decir que hace 38 años que hago guitarras, ya hasta la cuenta perdí.
Durante la revolución sandinista yo elaboré más guitarras que cualquier otro fabricante, tenía que comprarles a ellos para llenar los compromisos que tenía con la revolución. Recuerde que el gobierno sandinista compró muchas guitarras para entregarlas a los BLI, hubo una proliferación musical que llegó a todos los confines de la Patria. Nicaragua estaba bloqueada, no entraban guitarras, nosotros suplimos esa necesidad con instrumentos de calidad que sonaban en las montañas de Nicaragua.
¿Antes de la revolución hubo mucha demanda de guitarras?
Nosotros le vendíamos guitarras al Centro Musical Andino, al Centro Musical del señor Horvilleur y a gente que llegaba y adquiría el producto. Antes del terremoto trabajamos con el señor Gregorio Gómez Maquiuda, un español que fue traído para dirigir la Banda de la Guardia Nacional, pero no le pareció eso y se metió al comercio de las guitarras y entre los instrumentos que hacían José Santos Zepeda y Lucas Antonio Espinoza prefirió las del segundo.
Desgraciadamente vino el terremoto y nos dejó en la calle, de no haber sido esa tragedia nosotros tendríamos la primera fábrica industrial de guitarras de Centroamérica. Ya teníamos elegido el terreno donde levantaríamos la fábrica y Maquiuda traería las máquinas.
¿Con quién se casó usted?
Soy soltero, pero con hijos. Yo fui vago en mi juventud, estudié en el Colegio Calasanz de Managua, recuerdo que una vez no teníamos dinero para entrar a una fiesta y se nos ocurrió ir a quitarle la campana a una máquina del ferrocarril que estaba en los predios de la Escuela de Artes. Pero en lo oscuro la dejamos caer e hizo gran ruido, y había un sargento norteamericano llamado Harrings que se ponía a gritar: “¡Éstos ser los hijos de Vitora, ser los Leivitas, ser los hijos de Vitora!”, porque mi mamá se llamaba Victoria y él no podía pronunciar ese nombre.
Ahora ya cada uno de mis hijos buscó su vida, sólo me queda una hija de 17 años que estudia en la Universidad Evangélica. Nietos tengo nueve, tal vez uno de ellos me logre agarrar la seña que no quieren seguir mis hijos y se pone a fabricar guitarras.
LA GUITARRA ARTESANAL
“Una guitarra hecha a mano tiene mayor valor que cualquiera de las industriales que vienen del exterior, pero aquí es al revés y los importadores quieren comprar nuestro producto a precio de regalo. A veces tenemos que caer en esas garras, pero ya no les vendo y me conformo con la clientela que viene a mi taller y que paga mis guitarras de acuerdo a la calidad que tienen”, explica don Alfredo.
¿Fabrica en su taller otros instrumentos similares a la guitarra?
Yo he elaborado charangos, son de diez cuerdas y se hacen de madera o de concha de armadillo, he elaborado laúdes, bandurrias, el cuatro venezolano y el cuatro nica, he hecho mandolinas, requintos, contrabajos, guitarrones, violines... Todos esos instrumentos han pasado por mis manos.
HISTORIA DE LA GUITARRA
En el siglo XIV la guitarra tenía cuatro cuerdas y sumó una más en el siglo XVI. El músico español Vicente Espinel le añadió una sexta cuerda y así llegó hasta nosotros. Con el nombre de vihuela alcanzó gran popularidad en Europa durante los siglos XVII y XVIII; Paganini y Berlioz la consideraban “instrumento virtuosiste”, y Carlos Mejía Godoy la comparó con una voluptuosa mujer.

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