Llegó cadáver de nica destrozado por dos perros
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La Embajada de Nicaragua asumió los gastos de repatriación del cádáver de Natividad Canda Mairena a su natal Chichigalpa.
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Josué Bravo CORRESPONSAL/ COSTA RICA
El cadáver del nicaragüense Natividad Canda Mairena, de 25 años, quien falleció desangrado luego de ser atacado sin piedad por dos perros raza rottweiler, en La Lima de Cartago, fue repatriado al mediodía de ayer y trasladado a su natal Chichigalpa, Chinandega, en medio del dolor e indignación de familiares y vecinos.
Antes de partir hacia Nicaragua, la madre del joven, Francisca Mairena, pidió justicia por la forma cruel en que falleció Natividad, sobre todo porque nadie le brindó asistencia.
“Él no andaba haciendo nada malo. Hay muchos testigos que dicen que él no se metió a robar, como han inventado aquí”, dijo entre lágrimas Francisca, quien tenía nueve años de no ver a su hijo.
La señora llegó junto a su hija Cipriana, la tarde del viernes, procedente de Chichigalpa, para retirar el cuerpo de la morgue judicial ubicada en San Joaquín de Flores, en Heredia.
El cadáver fue retirado esa misma tarde por el hermano mayor, Regino, quien en Costa Rica ayudaba Natividad.
Al cuerpo de Natividad se le hizo un velorio en una humilde vivienda ubicada en Guadalupe de Cartago. Los gastos de traslado y funeraria fueron brindados por la Embajada de Nicaragua.
Los vecinos que observaron el cadáver cuando era montado en una camioneta, cuestionaron la muerte del joven nicaragüense.
FUE UNA MUERTE HORRIBLE
“Tenía mucho tiempo de conocerlo, esa muerte fue terrible, no tiene nombre y sobre todo que a vista y paciencia dejaron que los animales lo devoraran”, dijo la costarricense Georgina Montero.
“Deberían de estar muertos esos perros. Primero es la vida del cristiano y después los animales. De acuerdo con vídeos, las autoridades no actuaron como se debía, no cumplieron con su misión de proteger la vida humana”, añadió Rosa Chinchilla.
El embajador de Nicaragua en Costa Rica, Francisco Fiallos, reiteró ayer la petición de su Gobierno, de que las autoridades locales realicen una investigación exhaustiva del caso, para determinar si hubo negligencia. Agregó que funcionarios de su sede acudieron a la Defensoría de los Habitantes, para pedir respaldo en la investigación.
Canda Mairena llegó a Costa Rica hace nueve años, según contó su madre, porque había abandonado sus estudios. “Era un hijo tranquilo, no le hacía daño a nadie”, recordó doña Francisca.
El Ministerio de Salud de Costa Rica informó que los perros Hunter y Oso fueron exonerados de toda responsabilidad y no serán sacrificados, luego de verificar que no tienen rabia y que durante el día permanecen encerrados en una perrera y que durante las noches son liberados para cuidar el local.
No obstante, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y la Fiscalía siguen verificando si hubo negligencia entre los presentes (nueve policías, dos paramédicos de la Cruz Roja, cinco bomberos y decenas de curiosos) al momento en que los perros atacaban al nicaragüense.
Las autoridades realizan entrevistas entre los presentes, y el OIJ remitirá el análisis de la autopsia que le aplicaron al cuerpo de Canda Mairena en la medicatura forense.
El Código Penal costarricense sanciona mediante el artículo 144, con multa económica cercana a los 50 mil colones (unos 100 dólares) a quien no preste auxilio a una persona amenazada de cualquier peligro, siempre y cuando pueda hacerlo sin que “implique un riesgo personal”.
POLÉMICA JURÍDICA
La polémica sobre la responsabilidad penal por esta muerte está al “rojo vivo” en Costa Rica. La mayoría de las críticas se enfocan a los oficiales que se encontraban en el lugar y no dispararon a los perros para matarlos, alegando temor de impactar en el cuerpo del ahora fallecido.
Funcionarios del Ministerio de Salud estiman que la responsabilidad puede caer sobre el dueño de los perros y del local, Fernando Zúñiga, porque no ordenó que los mataran, aunque reconocen que como estaban invadiendo la propiedad privada, puede atenuar parte de su responsabilidad.
Para el reconocido abogado penalista Juan Diego Castro, esto puede catalogarse como un caso de legítima defensa, en que la vida del guarda de la propiedad podría correr peligro por la invasión del nicaragüense y su acompañante, quien se salvó al huir.
“No creo que estas dos personas hayan entrado al taller para ver una película o para pedir un vaso de agua”, dijo Castro.
Conmoción en Chichigalpa

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