DOMINGO 13 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23992 / ACTUALIZADA 02:00 am





EL HUMOR DE





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Radiografía del voto 2006
La lucha por la grey liberal arnoldistas vs. eduardistas

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. Las aguas del liberalismo están divididas entre quienes buscan un nuevo liderazgo y quienes se aferran al “máximo líder” del pasado. Así lo revelan las sesiones de grupo de LA PRENSA y M&R Consultores. Al mismo tiempo, el voto virgen continúa indeciso, y hay muchachos que aún anhelan una aurora revolucionaria
. II ENTREGA

“Yo creo en el dedazo”, dice Yuwerth Martínez, de 24 años, quien se define como “empresario del volante”. Es un arnoldista inclaudicable. Si Arnoldo Alemán no es el candidato, apoyará su dedazo. Un Enrique Quiñónez le parecería idóneo.

 

Eduardo Marenco Tercero
politica@laprensa.com.ni

Si algo tienen los arnoldistas es que lo son a mucha honra. Se enorgullecen de ello, lo gritan a los cuatro vientos y pelean a morir por su “máximo líder”. Yuwerth Martínez Sandoval es taxista y es uno de ellos.

A sus 24 años tiene varios taxis dando vueltas por Managua y sus afectos políticos son a favor de Arnoldo Alemán.

A pleno sol, baja de su automóvil de la Cooperativa Emmanuel, algo lento por sus 260 libras de peso, “pura fibra”, según dice.

Llega a la sede del Partido Liberal Constitucionalista (PLC-380) a solicitar apoyo para una gestión sobre su flotilla de taxis.

Un préstamo del extinto Banic, en tiempos de Alemán, le sirvió para adquirirlos.

En la Emmanuel todos son liberales, asegura, una cooperativa fundada en el 2000. En aquella época, uno de los amigos de Alemán, Donald Spencer, era directivo del Banic y vendía Chevys a los taxistas con los préstamos que éstos recibían del extinto banco estatal, el cual fue a la quiebra gracias a los malos manejos.

Cinco años después, Yuwverth Martínez se mantiene “firme en las filas del partido” porque con Alemán “hubo cambio y progreso” y “es un hombre que entiende a su pueblo”.

Al minuto siguiente lo disculpa: “La corrupción viene desde 1916...” y las acusaciones en su contra son una “persecución política” ... de los sandinistas, por supuesto: en las aguas del antisandinismo, los arnoldistas están en su elemento. Y prosigue su defensa de Alemán: hizo rotondas cuando fue alcalde, y había más empleo cuando fue presidente.

¿Votaría este “empresario del volante” por Eduardo Montealegre? “Es capitalista”, contesta. El sol lo castiga, está bañado en sudor, pero no cesa en su argumentación: “Si vos votás por Eduardo van a haber nuevos impuestos, es un hombre que viene a favorecer a la burguesía”, afirma. A continuación explica que tampoco le gusta José Antonio Alvarado, al que considera “un arma de doble filo”.

Entonces, ¿por quién va a votar este hombre leal al PLC? Se recuesta en su Hyundai color plomo y explica: lo ideal sería que el doctor Alemán fuese el candidato. Si esto es imposible, su carta es Quiñónez. Sí, Enrique Quiñónez, jefe de la bancada liberal, adversario de Alemán hace unos cinco años pero que ahora se ha convertido en su brazo político más enérgico para asegurar la unidad monolítica de los 42 legisladores liberales.

“Quiñónez es un hombre que realmente no se le queda callado a nadie”, dice. En todo caso, “soy de convicción liberal, 100 por ciento liberal, muero liberal y si me corto las venas ahorita, vas a ver que mi sangre es roja...” ... pura y sin mancha ... seguramente.

A IMAGEN Y SEMEJANZA

Los resultados de la sesión con liberales “duros” realizada por LA PRENSA y M&R Consultores, bajo la conducción de Raúl Obregón, coincide plenamente con el pensamiento de Yuwerth Martínez: hay en el liberalismo un nicho duro de votantes que permanecen leales a Arnoldo Alemán.

Obregón reunió a nueve mujeres y un varón, entre amas de casa, obreras y un taxista. Todos de Managua.

En el ejercicio de votación secreta, Arnoldo Alemán obtuvo los diez votos.

¿Qué ideas comparten estas personas en común?

En primer lugar, una misma visión sobre los últimos 35 años de la vida política del país.

Los setenta les recuerdan una época dorada en la que Nicaragua fue ‘el granero de Centroamérica’. “Con cinco córdobas se compraba un montón”, dicen. Los ochenta, en cambio, evocan la destrucción, guerra, asesinatos, hambre, confiscaciones y las filas para hacer compras bajo racionamiento.

“A mi mamá, que era comerciante, Micoin la dejó en la calle”, dice una de las mujeres. “En camiones Ifa se llevaban a los muchachos”, recuerda otra. “A uno del barrio se lo llevaron y nunca apareció”.

“A los muchachos los traían en bolsas negras”. “¿Usted sabe lo que es una citatoria del Servicio Militar?”, dice una de las señoras. “Firme madre, me decía mi hijo, porque si no la echan presa a usted o a mí”.

En cambio, dice una señora: “Gracias a doña Violeta y a Arnoldo, tengo negocios”.

“Otro delito era tener dólares”, recuerda una de las señoras. “Fue una noche oscura”, dice el varón. “Lagartos les llamaban a las vivanderas del mercado”. “No había libertad de expresión”.

Una de las mujeres, que sufrió por las citatorias a su hijo para que cumpliese el servicio militar, dice de una buena vez: “Daniel Ortega es la persona que más odio en esta vida. Lo detesto. Fue el asesino más grande que ha habido sobre la faz de la tierra. Por su culpa miles de muchachos murieron en la guerra”. Otro de sus hijos tenía 15 años y ella lo escondía para que en el futuro no se lo llevara el Servicio Militar. “Había una vecina que decía: en tal casa hay un chavalo de 15 años ... y yo me enfrenté a la Policía...”

“A nuestros hijos los llevaban a morir”, dice otra de las señoras. En los ochenta, recuerda, “hubo hambruna” y “nos daban de comer como a animales un azúcar negra cochina, nos lavábamos con un jabón sucio y cocinábamos con un sebo, una manteca que parecía aceite de carro, grasa”.

Y más que todo, dice el varón, estaba el sufrimiento de las madres. La madre más sufrida por el Servicio Militar, dice: “No debemos permitir que ese hombre se lance, él tiene que desaparecer”.

Los noventa, la administración de Alemán fue otra época dorada para estas personas: “La economía subió el 12 por ciento, la infraestructura se levantó, hubo mejoras en las carreteras, hubo progreso con Arnoldo; con Bolaños sólo hubo juegos políticos, chismes, nada de progreso”.

Para estas personas que simpatizan con Alemán, él ha sido el mejor Presidente por ser “líder” y el peor Daniel Ortega, acompañado por Enrique Bolaños.

Para ellos el país está hundiéndose porque no hay fuentes de trabajo y quieren medicinas, hospitales buenos, acceso a educación y un Presidente que trabaje por el pueblo.

¿Cuál es su Presidente anhelado? Uno “con buenas ideas, honesto”, que “sea obras, no palabras”. ¿Aceptarían estas personas un candidato designado por Alemán?

Sí, aunque con reservas. “Si él lo pone es aceptable”, dicen. “Aunque se equivocó con Bolaños”, advierten.

Pero sí, definitivamente irán a votar. Y cuidarán el voto y las cédulas para poder ejercerlo.

A ellos no les ha hecho mella la manera en que Robert Zoellick, subsecretario de Estado de Estados Unidos condenó a Alemán. Le dan su voto por segunda vez y con todo gusto.

En cuanto al dedazo, ellos aceptan que ellos hacen parte de la equivocación de Alemán, pero confían que él haya aprendido la lección.

Por tanto, de los actuales precandidatos del PLC, ellos están dispuestos a dar su voto de confianza a José Rizo, ex vicepresidente de la República.

“A José Rizo porque ya estuvo y no dio la espalda al partido”. A Montealegre le reprochan no haber abandonado el gobierno cuando se lo exigió el PLC. ¿Hacia dónde emigrarían los votos liberales? ¿hacia Eduardo Montealegre o hacia el PLC?

Por lo dicho en la sesión de grupo, prevalece la idea de que emigrarán al PLC, por temor a que gane el Frente. Ellos reiteran: “Somos rojos sin mancha”. Y a mucha honra.

LOS EDUARDISTAS

Petrona Ortiz es una vendedora ambulante de 36 años. Cuida de sus dos niños y de dos retoños más que le dejó a cargo su hermana que se fue a probar suerte a Costa Rica.

Es una mujer morena, bajita, con una cicatriz en la frente y está acompañada de una de sus niñas, Génesis, que sonríe con ganas de tomarse fotos, en una mecedora de la casa de campaña de Eduardo Montealegre, ex ministro de Hacienda.

Petrona Ortiz vive de donde fue la Pepsi, cuatro cuadras al lago, en Managua, de donde cada mañana sale a vender bisuterías. Antes vivía en las cercanías del Mercado Oriental donde alquilaba un cuarto y ahora comparte un lote de terreno con su familia.

Se ha endeudado con un banco para comprar la mercadería que vende a diario.

De los tres mil quinientos córdobas que obtiene al mes como ganancia, abona al préstamo la mayor parte del dinero y el resto lo utiliza para comprar la comida de los niños y financiar más zapatos y ropa para vender.

Ella piensa que el mejor Presidente de la historia de Nicaragua ha sido doña Violeta Barrios de Chamorro, porque “trajo la democracia”.

Y apoya a Montealegre. ¿Por qué? “Se mira sincero”, dice. Anhela que un gobierno suyo traiga progreso económico y empleo.

De igual modo piensan diez personas que participaron en una de las sesiones de grupo efectuadas por M&R Consultores y LA PRENSA.

En la sexta sesión de grupo, participaron seis mujeres y cuatro varones. Todos de estratos populares de Managua.

Había varias amas de casa, un taxista y un señor que se presentó como “pirotécnico”.

Para estas personas, de los años setenta quedó el recuerdo de una mejor economía, la idea de que el dinero rendía, y les marcó la muerte de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

De los ochenta, rememoran el Servicio Militar y el sufrimiento de las madres. El tono de estos ciudadanos es mucho más moderado que el de los arnoldistas que fue más encendido en contra de Ortega.

Obregón, que condujo todas las sesiones de grupo, indagó sobre cuál ha sido el mejor y el peor Presidente de la historia inmediata del país.

Un par de personas dicen que el mejor fue Alemán, aunque reconocen que si cometió errores debe pagarlos. Sin embargo, otras se inclinan por doña Violeta, de quien dicen que abrió el país a la democracia. Otro menciona a Somoza por la buena economía. Sobre el peor hay consenso: Ortega.

Lo que parece ser el único acuerdo entre arnoldistas y eduardistas, es la visión sobre el rumbo que lleva el país, el cual piensan que va mal, sobre todo por la falta de oportunidades de empleo.

Por otra parte, estas personas, al igual que el grupo de nuevos votantes, critican el acuerdo de libre comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos. Uno de ellos dice que no tenemos qué exportar y “estamos en quiebra”. “Sólo podríamos exportar gente”. Pero esto no lo incluye el acuerdo comercial.

¿Cuáles son los problemas más urgentes de la nación, para este grupo de personas?

La demanda de empleos, sin duda y por mayoría absoluta. “Hay que mejorar los barrios, las calles ... A veces no nos amanece ni para el café”, dice uno de los señores.

Por tanto, a modo de consenso, anhelan un Presidente que “le clave la vista al pobre”.

Durante el ejercicio de votación secreta —tal como se supo después— todos votaron a favor de Montealegre.

Éstas fueron sus razones: “Es una alternativa. Una esperanza, la más honesta. Es capaz. Sincero. Porque confío en Dios en que saque adelante a este pueblo. Es el candidato ideal”.

Afirman que votaron en cascada para que el Presidente tenga respaldo legislativo, pero en realidad, tres personas cruzaron el voto a favor de los legisladores del PLC, lo que podría ser un reflejo del temor de que Montealegre sea un nuevo Bolaños.

¿Aceptarían un candidato designado por Alemán? No es claro. Ninguno de los que está en el PLC les gusta. Entonces, ¿hacia dónde emigrarían los votos liberales? ¿hacia la alianza de Montealegre o hacia el PLC? Algunos dicen que si el Frente va arriba en las tendencias, los votos de Montealegre emigrarían hacia el PLC.

La mayoría, sin embargo, dijo sostenerse con Eduardo Montealegre. Pero al mismo tiempo consideran que el PLC es una fuerza capaz de derrotar al FSLN.

En todo caso, la impresión que queda es que a la hora de la verdad votarían por la fuerza antisandinista que se presente más fuerte para derrotar a Ortega.

¿Cuál es su visión de distintas personalidades?

De Alemán piensan que refleja “pacto, corrupción y desconfianza”. Ortega les representa “muerte, racionamiento...” y otros sentimientos más fuertes.

Piensan que Montealegre es “honesto, capaz de gobernar y no tiene necesidad de robarle al pueblo porque es billetudo”.

Del ex alcalde de Managua, Herty Lewites, piensan que “pierde el pelo pero no las mañas”. O “lo mismo que Ortega: tiene cola que le pisen”.

De Bolaños piensan que ha sido incapaz de gobernar.

Ellos, en definitiva, creen en Montealegre.

EL PRÓXIMO DOMINGO: LOS INDEPENDIENTES.

LOS JÓVENES INDECISOS Y DE CENTRO-DERECHA

Gerardo Argüello (19) y Sergio Leiva (18) son dos jóvenes que aún no deciden su voto. Descansan a la sombra en una de las bancas de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), aparentan ser reflexivos y por lo dicho, lo son.

Ambos piensan que doña Violeta Barrios de Chamorro ha sido la mejor Presidente del país, porque con ella se abrió la democracia.

Nunca han votado, no saben si lo harán, pero dejan claro que examinarán al detalle la trayectoria del candidato por el que vayan a hacerlo. Y no han escuchado una propuesta que les resulte idónea. En todo caso, ellos esperan que el Presidente resuelva los problemas económicos del país.

En la cuarta sesión de grupo, M&R Consultores y LA PRENSA auscultaron la opinión de jóvenes de centro-derecha entre los 20 y 25 años, que votarán por segunda ocasión. El razonamiento es algo parecido al de estos dos jóvenes: se inclinarán por la mezcla de la propuesta, la trayectoria del candidato y el partido político al que representa.

Sin embargo, también se incluyó varias amas de casa, algunas con hijos, y todas de estratos populares. Eso hizo que la opinión se distancie de la de estos jóvenes. Por ejemplo, las personas de esta sesión grupal sí tienen claro por quién votarán: ocho lo harán por Eduardo Montealegre, uno por José Antonio Alvarado y uno por Herty Lewites.

En general, en los cuatro grupos de jóvenes estudiados —voto virgen y segundos votantes— es claro el rechazo casi unánime a Daniel Ortega, la amplia simpatía hacia Lewites y la creciente popularidad de Montealegre. Arnoldo Alemán luce algo debilitado, pero persiste aún la percepción de que el PLC —como organización y casilla electoral— es aglutinador del voto antisandinista.

Aunque en otras preguntas formuladas es claro el rechazo al pacto, durante las discusiones de grupo prevalece la necesidad de evitar la victoria de Ortega y el ánimo de que haya nuevas opciones, antes de votar contra el pacto. No parece funcionar la dicotomía pacto versus antipacto.

Las personas de la cuarta sesión grupal, que votaron en su mayoría por Montealegre, afirmaron que “creen que su candidato les dará más empleo y mejorará la economía”.

Hubo voto cascada y voto cruzado.

Votan en parte por la propuesta, por el candidato y por el partido.

Influyen en su voto las amistades, los medios y las noticias.

Algunos piensan que los votos pueden emigrar de Montealegre al PLC o viceversa, pero no hubo mucha claridad al respecto.

Están insatisfechos con el voto que dieron en el 2001 pues no hay mejorías en la búsqueda de empleo. Piensan que los diputados no han dejado gobernar al Presidente.

Quieren un Presidente “honesto, que no tenga cola, que se relacione con el pueblo y que realice lo que se propone”.

EL REVOLUCIONARIO

Erick Fajardo es un joven estudiante de abogacía en la Universidad Centroamericana (UCA). Tiene 21 años y por segunda vez ejercerá el sufragio a favor de Daniel Ortega, alguien que para él ha sido el mejor Presidente de Nicaragua.

Está sentado en una de las bancas de concreto en las cercanías de las oficinas del movimiento estudiantil. Es moreno, flaco y descomplicado. Luce una camiseta que lo dice todo: JS (Juventud Sandinista) 19 de Julio, en el pecho. “El Frente es Nicaragua, jodido!”, en la espalda.

Su héroe personal es Silvio Rodríguez, su causa el seis por ciento, su canción “Playa Girón”, y su Presidente ideal, Daniel Ortega.

Vive en las cercanías de la Pepsi, en Carretera Norte. Nació el 19 de mayo de 1984, y todo lo que conoce de la guerra y de la revolución lo ha escuchado de sus padres, lo ha leído en los libros o en los periódicos y lo ha visto en fotografías de la época.

Sus padres, una psicóloga y un ingeniero civil, también son revolucionarios, dice. Él se siente un muchacho rebelde, pero no sin causa, pues sí la tiene. “Me gusta hacer lo que yo pienso que hay que hacer”, explica. A Herty Lewites, ex alcalde de Managua, lo ve como un político que “está chocando con su propio partido” y que “negocia con el imperio”. En cambio, afirma, el líder se mantiene siempre al lado de su partido político.

Para él no habido nada de pactos, sino diálogos políticos, ya sea con Arnoldo Alemán o con Enrique Bolaños. En todo caso, expresa, “pactos hay en todos lados”. Fajardo votó en las presidenciales del 2001, lo hizo por el comandante Ortega y está satisfecho con el voto ejercido. Confía que con Ortega haya más oportunidades de educación. Asegura que conforme al contexto de los ochenta, habría tomado las armas para defender la revolución y a su país.

Durante la tercera sesión de grupo realizada por M&R Consultores, se exploró la opinión de siete mujeres y tres varones, entre los 20 y 25 años, que votarán por segunda vez en el 2006. Eran jóvenes considerados de centro-izquierda, como Fajardo. Durante el ejercicio de votación, cinco le dieron su voto a Lewites y cinco se lo dieron a Ortega.

Sin embargo, el razonamiento es muy parecido al del joven Fajardo. Para todos, de forma unánime, el mejor Presidente ha sido Daniel Ortega.

¿Por qué? Los ochenta son para ellos referencia del Gobierno sandinista, racionamiento, pero “todo el mundo comía lo mismo”, “un rico comía lo del pobre”, “es un lujo ahora comer frijoles”. Había oportunidades de estudio en el exterior, dice otro. Y alguno dijo: “Si robó (Ortega), lo hizo por el pueblo”. Otro alcanzó a decir que el Servicio Militar sería buen método para acabar con la delincuencia. En dicha sesión de grupo se observó que algunos que votan por Lewites lo hacen por los diputados del FSLN en la boleta a diputados. Más adelante se ve más claro que un tercio de los votos a Lewites lo hace cruzado en las boletas de diputados.

EL ESTUDIO

Durante cinco días consecutivos en la última semana de octubre, M&R Consultores, bajo la conducción de Raúl Obregón, realizó diez sesiones de grupo con un vasto universo de votantes de Managua. Cada grupo estaba integrado por diez o nueve personas.

Se les agrupó por edades: nuevos votantes, segundos votantes aún jóvenes, y adultos.

También se les agrupó por simpatías, con base a una encuesta previa en Managua de M&R Consultores. Se les integró de esta manera: liberales suaves, liberales duros, sandinistas duros y suaves y finalmente dos grupos de independientes.

Sin embargo, entre ellos no conocían sus apetencias políticas, para no inhibirlos de dar su opinión.

También se les garantizó privacidad para que se expresaran con soltura.

El objetivo fue auscultar —mediante una guía de discusión— la visión que los votantes tienen de la historia política inmediata, el rumbo del país, sus simpatías políticas, la forma en que razonan su voto, qué o quién influencia su voto, las razones por las que estaría dispuesto a cambiar su voto y su valoración de los actuales liderazgos políticos.

También se realizó un ejercicio de votación con una simulación de boleta electoral que incluía la fotografía de cinco candidatos en las casillas correspondientes: Arnoldo Alemán por el PLC (1); Daniel Ortega por el FSLN (2); Eduardo Montealegre por Alianza Movimiento Salvación Liberal (9); José Antonio Alvarado por Alianza por la República (10) y Herty Lewites por Alianza Herty 2006 (12).

El voto se hizo de forma secreta. El recuento de votos se hizo en su ausencia, una vez concluida la sesión de grupo.
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