¿Quo vadis, Brasilia?
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Máximo desafío: la estabilidad democrática |
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Jefferson: Golpeado, como la imagen de las instituciones.
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SOLANGE MONTEIRO SÃO PAULO
¿Qué efectos tendrá la actual crisis política sobre el Brasil de la próxima década? Según los analistas, dos escenarios, con implicancias tan disímiles como distantes, están frente a los ojos del país más grande de América Latina. En el primero, la secuencia de escándalos de corrupción que ha invadido los noticieros brasileños desde mayo puede llevar al electorado a un nivel de desencanto tal, que abrirá espacio para el arribo de un gobierno populista. En ese caso, Brasil pasaría la próxima década intentando, por lo menos, volver el contador a cero. En el otro escenario, tras un lento proceso de reformas, la democracia brasileña dará señales de madurez, con más independencia y eficiencia institucionales, gastos de campaña más controlados y una mayor aproximación de los votantes a los candidatos.
Es de Perogrullo saber cuál final es mejor para saldar la trama de corrupción descubierta en el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y en la que el Presidente, supuestamente, se metió para garantizar la gobernabilidad de su gestión. Los escándalos han incluido desde compra de influencias de diputados de varios partidos —acusados de garantizar el apoyo al Gobierno a cambio de una mesada para financiar sus campañas— hasta empresas estatales y fondos de pensión, de donde habría salido el dinero para aceitar ese sistema. El resultado inmediato está a la vista con la instauración de tres comisiones parlamentarias de investigación y procesos de casación para 19 diputados que, hasta ahora, llevaron a cuatro renuncias y varias bajas en el Poder Ejecutivo, además de la destitución del legislador Roberto Jefferson, el primero en denunciar los casos de corrupción que precipitaron la crisis.
La investigación reunirá datos de tal diversidad y complejidad que no permite prever el impacto sobre la percepción del electorado a partir de 2006, año de elecciones ejecutivas y legislativas en Brasil. “El camino para la madurez política o la regresión dependerá de cómo la sociedad, los formadores de opinión y los electores vayan a reaccionar de aquí en más”, dice Murillo de Aragao, analista de Arko Advice, en Brasília. Para Paulo Kramer, profesor de la Universidade de Brasilia (UnB) y consultor de Kramer & Ornellas, ese exceso de información procesada por una población de bajo nivel de escolaridad puede redundar en la impresión de que todo está mal. “En ese caso, podemos acabar en un populismo regresivo, en estilo freudiano, de quien sale en busca de un padre”.
FALLAS ESTRUCTURALES
Al momento, las heridas reconocidamente expuestas están en el gobernante Partido de los Trabajadores (PT), que hasta los escándalos se autoproclamaba poseedor del monopolio de la ética y la representación de la clase obrera en el Poder Legislativo. Para el PT, que, según analistas, permanecerá como la principal voz de la izquierda en Brasil, el desgaste será más intenso. La cientista política Lúcia Hippolito cree que, con una clara tendencia al centro y matices socialdemócratas desde que asumió la Presidencia, el PT hoy deja un vacío para que la izquierda comience a repensarse.

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