DOMINGO 13 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23992 / ACTUALIZADA 02:00 am





EL HUMOR DE







Especial Brasil
¿En la recta final?

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Priscilla Murphy
Santiago, Chile

El sueño de Brasil de limpiar su nombre en la plaza financiera internacional, es como el de aquellos equipos de futbol que, año tras año, juegan el campeonato de ascenso esperanzados en llegar a primera división, pero siempre se encuentran con un equipo mejor en las semifinales. Así ha sido desde que el Gobierno de José Sarney entró en default con la deuda externa en 1987. Desde entonces los papeles brasileños son clasificados como “basura”, o “junk”, en el argot del mercado financiero internacional, ante la duda de que vaya a pagar su deuda al día, ya sea por voluntad de los gobernantes o por la suspensión de pagos del sector público.

En los últimos diez años, la clasificación de riesgo de los créditos de Brasil —entregada por las tres principales agencias internacionales del ramo, Standard & Poor's, Moody's Investors Service y Fitch Ratings— ha variado poco. Y cada vez que subió, volvió a caer en la crisis financiera siguiente. Estas malas calificaciones han hecho que los inversionistas exijan de Brasil altos intereses para sus compras de títulos de deuda. Pues aunque el país ha pasado tantas reformas estructurales exigidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) como reformas hechas espontáneamente por los gobiernos del período, son las calificadoras de riesgo las que otorgan el parámetro usado por los inversionistas.

Esas calificaciones más el famoso riesgo-país —el rendimiento que los títulos del emisor está dando en el mercado secundario— determinan los intereses que un país tiene que timbrar en sus títulos para conseguir venderlos en el mercado. El riesgo-país, aunque es medido por el banco JP Morgan, es un indicador de mercado a través de un sistema virtual y prácticamente no reglamentado de negociación de esos papeles que opera día y noche alrededor del mundo. Por tanto, varía con mucha más intensidad y rapidez que las notas de las calificadoras de riesgo.

Esta dinámica se ha repetido en el caso brasileño. La austeridad del Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, junto a la serie de reformas construidas sobre una base implantada por el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso, llevaron al mercado financiero de Brasil a nuevas alturas. Desde la grave crisis de 2002, cuando la perspectiva de la elección de Lula, cuyo partido defendía públicamente el default en la deuda pública hasta por lo menos 1998, causó un pánico de venta de activos brasileños, el riesgo Brasil mejoró en un 85 por ciento: de cerca de 2,400 puntos base (o un ingreso de 24 puntos porcentuales al año por encima de los títulos del Tesoro estadounidense de plazo equivalente) a cerca de sólo 350 puntos.

Si hay una causa principal en esa mejora, es el ajuste externo obtenido con el aumento de las exportaciones, que invirtieron el saldo negativo en cuenta corriente. Gracias a las exportaciones, hoy entran más dólares que los que salen del país. “Brasil triplicó su flujo de comercio en los últimos años”, dice Alfredo Reis, profesor de Brazilian Business School, de Sao Paulo. Resultado de una conjunción de un esfuerzo de diversificación de mercados importadores, incentivos tributarios y una demanda externa favorable —con crecimiento en el mundo entero y, principalmente, en China—, el aumento de las exportaciones viene resistiendo incluso a la valorización del real en los últimos dos años.

En tanto, el Gobierno aprovechó la caída del dólar para prácticamente eliminar la deuda interna sometida al cambio. “Tres años atrás, cerca de un tercio de la deuda pública interna estaba indexada por el dólar y ahora es menos del cinco por ciento”, dice Mauro Leos, vicepresidente de Moody's para América Latina. “Hubo una mejora significativa en el perfil de la deuda pública y una reducción del coeficiente deuda externa/ingresos en cuenta corriente de 300 veces a la mitad de eso en cuatro años”.

EN EL REPECHAJE

Esos dos motivos —las cuentas externas y la mejora en el perfil de la deuda— llevaron a la agencia Moody's a elevar el rating de la deuda de Brasil, equiparándose a la nota dada por las otras dos agencias. Con esa elevación, Brasil entró al grupo del repechaje: con tres upgrades más, clasifica para la élite del sistema financiero, de los emisores clasificados como inversión recomendada, o investment grade. Acceder a esa categoría significa entrar también en el portafolio de fondos de pensión extranjeros gigantes, dando un empujoncito a un círculo virtuoso: Brasil probablemente atraería algunos miles de millones de dólares que mejorarían aún más las cuentas externas, mientras la demanda extra por la deuda haría caer los intereses de los papeles en el mercado secundario, reduciendo el riesgo-país.

(c) 2005, América Economía.
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