Debates/Comercio
Tallarines a la carta
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Ante los fracasos de la OMC, sube la presión para que Apec devenga en un Tratado de Libre Comercio |
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Francisca Vega, Santiago
El peruano Enrique Gubbins, presidente de Metalúrgica Peruana, S.A. y director de la empresa Sudamericana de Fibras, se disfrazó de malo el 14 de junio pasado. El papel requería de mucho histrionismo y bastante valentía. Él, junto a otros líderes de negocios de las economías del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec), viajó hasta Ginebra a llevar un mensaje breve y claro a las máximas autoridades de la Organización Mundial del Comercio (OMC): es urgente que la Conferencia Ministerial de Hong Kong de diciembre concluya con éxito y que se concreten los principios de la Agenda de Doha. ¿Y qué si no? Los hombres de negocios de Apec presionarán para que sus países firmen acuerdos bilaterales, en desmedro de los multilaterales, o, lo que es lo mismo, una rápida integración comercial regional previa al multilateralismo. “Mejor es avanzar que quedarse inmóvil”, dice Gubbins. “Es bueno que en la OMC sepan que hay competencia, que el libre comercio también camina sin ella”.
El tema lo anima. Como representante de Perú en el Consejo Consultivo Empresarial de Apec, Gubbins sabe que la OMC ofrece el mejor camino para la integración mundial del comercio. Pero bastó su corto viaje a Ginebra para reafirmar que la frustración en Europa es una realidad. “Hong Kong se da por perdido, están muy entrampados”, dice. No hay que ser una lumbrera para saber por qué: poner de acuerdo a los 148 países de la OMC para una unión comercial multilateral es y ha sido imposible, pese a que promete los resultados más beneficiosos para todos. En este ambiente, el máximo organismo comercial recibió por primera vez a una delegación de empresarios del Asia-Pacífico para escuchar su opinión. En la OMC saben que “Los Abac” (por sus siglas en inglés) son quienes advierten a sus líderes —como se llama a las autoridades de los 21 países del Foro— sobre las trabas al comercio y empujan a los políticos a tomar decisiones. Por algo muchos hablan de ellos como los “Pepe Grillo”, la conciencia de los poderosos.
PESTO PICANTE
¿Y de qué se habló en Ginebra? Simple: pese a los reparos de la OMC, “Los Abac” analizarán en su próxima reunión de noviembre, en Busan, Corea, el llamado “efecto spaghetti bowl”, o plato de tallarines, fenómeno donde los tratados bilaterales crecen por encima de las negociaciones multilaterales. Estos pactos bilaterales, aunque generan beneficios para los países acordantes, al multiplicarse, dan un sinfín de acuerdos que se entrelazan unos a otros con la misma lógica que los fideos se reparten en el plato. “Por ejemplo, las diferentes reglas terminan por aumentar los costos del comercio”, dice Francisco Gutiérrez, representante de México en “Los Abac” y director de Cemex. “De seguir por esta vía, las empresas tendrán que tener un departamento especial para descifrar el enredo de los tratados comerciales”. Esa complicación puede ampliar el peligro de excluir a las naciones y empresas pequeñas.
Para zanjar el tema se optó por discutir seriamente la idea que saca roncha en Ginebra: un área de libre comercio entre las economías de Apec, más conocida como Free Trade Area of the Asia-Pacific (FTAAP). La iniciativa fue lanzada por Chile en la reunión del 2004 y, aunque en un comienzo fue vista con recelo, hoy es furor entre “Los Abac”. “En Ginebra no ven con buenos ojos la idea, pero deberán acostumbrarse”, dice Julio Millán, presidente de Coraza Corporación Azteca y representante mexicano en Abac. Y es que el FTAAP será uno de los grandes temas de la próxima reunión de líderes de Vietnam 2006.
El objetivo del FTAAP es claro. “Impulsar el libre comercio, dado el poco avance de la Agenda de Doha”, dice Juan Villarzú, representante de Chile en Abac y presidente de la minera Codelco. “Hasta puede ser más eficiente para la OMC negociar el multilateralismo con regiones definidas, como Nafta, Unión Europea y Apec”. Por eso, ya se encargó a las autoridades de los 21 países del Foro que armen equipos públicos, privados y académicos que estudien su factibilidad. Villarzú está convencido de que un acuerdo regional de Apec llevará a la liberalización mundial. “Avanzar vía acuerdos regionales es mejor que seguir complicando la malla de los bilaterales”, dice.
ORDENAR EL DESORDEN
El trabajo es urgente. Desde que Bill Clinton impulsó Apec en 1989, se han firmado 40 tratados comerciales bilaterales y otros 40 están en negociación. Para complicar más las cosas, la OMC recibió la notificación de 250 acuerdos comerciales regionales entre 2002 y 2004, y se prevé que, si se materializan los tratados ya planificados y los que están negociándose, el número total llegue a 300 a fines del 2005. Con ese telón de fondo, Jaigdish Bhagwael, profesor de la Universidad de Columbia y quien acuñó el concepto “spaghetti bowl”, asegura que este enredo de tratados son bloques que obstaculizan el libre comercio en vez de piedras que pavimentan el camino a la apertura mundial.
Poner atajos parece ser la misión. Mientras los líderes hablan con cautela del casi nulo avance de la OMC y las vías alternativas hacia un mundo multilateral, “Los Abac”, como buenos empresarios, no tienen piedad analítica. “No puedo esperar 40 años para que la burocracia de la OMC logre un acuerdo multilateral”, dice Juan Mulder, miembro alterno de Perú en Abac y director de Química Suiza, en Lima. “Nuestros impuestos pagan los sueldos de los políticos y diplomáticos: ellos trabajan para nosotros, y no viceversa”.
El consuelo es que la voz de “Los Abac” cada día es más escuchada por los líderes, pero el desafío es gigante. Por ejemplo, es sabido que los miembros de Apec —que generan casi 50 por ciento del comercio mundial— no cumplirán las llamadas Metas de Bogor. Trazadas en 1994, ellas buscan materializar el área de libre comercio de bienes, servicios e inversiones para 2010 en las economías industrializadas y para 2020 en aquellas en de desarrollo. “Y no por falta de voluntad, sino porque el mundo cambió en estos años”, dice el chileno René Muga, director ejecutivo de Abac 2004, en Santiago. De lo que él habla es que, si bien los acuerdos de libre comercio en la región apuntan a los objetivos de Bogor, ya tienen efectos indeseados, como mayores costos comerciales, reglas diferentes o normativas de origen distintas. “Por eso, la idea es generar un acuerdo marco que integre los actuales tratados de libre comercio y los que se negocien en el futuro”, dice Muga.
El FTAAP, de hecho, busca crear reglas comunes que ordenen las negociaciones entre miembros. Más aún, la propuesta inicial de Chile apunta a considerar medidas vinculantes para que los países de Apec adquieran compromisos que aseguren su cumplimiento. “También se busca que los acuerdos bilaterales sean compatibles con el multilateralismo [para] que otros países se sumen”, dice Millán, de México. “Así avanzaremos hacia acuerdos de segunda y tercera generación que promuevan un comercio justo entre miembros”. Por ejemplo, se propone la creación de una guía de buenas prácticas para los acuerdos bilaterales, de tal modo que sean compatibles entre sí y con las normas de la OMC. Así se podría integrar a otros países sin problemas, lo que es todo un reto.
Según un estudio de Rod Scollay, profesor de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, el FTAAP es un buen mecanismo para eliminar los efectos nocivos del “spaghetti bowl” y clave para cumplir con Bogor. Pero, dice Scollay, es necesario que participen todos los miembros de Apec e incluir todas sus relaciones comerciales mutuas. Pero ¿cuánto habrá que esperar? “Estas iniciativas se discuten mucho y tardan años”, dice Villarzú. “Pero imagínenos: ya tenemos acuerdo con el Nafta, y si se agrega uno entre China y Estados Unidos, tendríamos buena parte del tema resuelto, y, con las Américas, ya estaríamos muy cerca”. Mientras, al tiempo que sueñan, “Los Abac” se conforman con su plato de tallarines, que siempre es mejor que uno vacío.
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