El lado oscuro de un artista
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Tres maestros de la plástica nacional narran sus experiencias en el mundo del alcohol. Sus pasos por ese mundo dejaron huellas en sus vidas y obras |
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Auxiliadora Rosales revista@laprensa.com.ni
El alcohol al igual que otro tipo de drogas no perdonan color, tamaño, ni niveles sociales y el mundo de los artes es uno de los más flagelados por este mal. Tres maestros de la plástica nacional: Róger Pérez de la Rocha, Sergio Velásquez y un profesor de arte quien prefirió el anonimato, cuentan sus terribles experiencias de un mundo al que les fue fácil entrar, pero muy difícil salir.
Ellos empezaron con copitas y cervecitas en la cafetería de La India, cerca del Palacio de Telecomunicaciones o en el Jardín Central en la Calle Roosevelt de la vieja Managua y terminaban en el “bar y restaurante la cuneta”, como lo diría el gran retratista ex Praxis, Róger Pérez de la Rocha.
Estos tres hombres no sólo tienen en común su pasión por la pintura, sino su tragedia de haber estado inmersos en el mundo alucinante del alcohol, pero también comparten el triunfo de haberle ganado la carrera a la adicción.
Esa etapa ya superada por estos artistas dejó huellas en sus vidas, pero también en sus obras, donde reflejan sus agonías, sufrimientos y miedos. Quizás porque la pintura es una de las actividades artísticas que permiten plasmar los testimonios más impresionantes de esa cara oscura del devenir de los hombres, con la viveza de la luz y el color.
Para ellos superar este problema no hubiese sido posible sin la fe en Dios, el apoyo incondicional de sus familias y de organismos que trabajan para superar adiciones.
EL CUENTO DE LA BOHEMIA
El profesor de artes plásticas al que llamaremos “Juan” y que desde hace 14 años está dedicado a formar nuevas generaciones de pintores con las que comparte información sobre arte y sobre alcoholismo, cuenta que perdió 22 años de su vida en las calles del licor que lo llevó a dejar de pintar en sus últimos dos años de alcoholismo, a dormir en las calles con los “borrachitos más botados” y a pedir el trago por la mañana.
“Mi primer contacto con el alcohol era una cervecita por allá en la piñata de la casa, pero mi llegada a la escuela y conocer a personas de la bohemia fue como si las condiciones se dieran”, expresa Juan.
Agrega que “nos íbamos a la cafetería de La India a tomar cervecitas o al Jardín Central en la Calle Roosevelt. Fue de esa manera que vine caminando dentro del arte y el alcohol, porque además se maneja que el artista es bohemio, principio absurdo que se cree y sobre todo se asume”.
Por su parte Róger Pérez de la Rocha cuenta que “mi vida transcurrió como la de cualquier chavalo de barrio, me críe con mi abuela. A los 14 años me matricularon en la Escuela de Bellas Artes. Ahí me destaqué como un buen alumno, mi nombre empezó a sonar desde muy temprano en el ambiente artístico nacional y el joven pintor también empezó a tener dinero”.
Agrega que “conozco a gente como Carlos Martínez Rivas (CMR), Henry Rivas, Leonel Vanegas y me desenvuelvo en la cafetería La India escuchando al negro McFields tocar: Sabor a mí y las cervezas bien heladas iban y venían”.
Según Pérez de la Rocha se sumó a las bebederas por imitación. “Así hago mis primeros contactos con el licor que sentía que me alegraban y me relajaban hasta que se convirtió en una tragedia personal”.
Pérez de la Rocha en sus 30 años de alcoholismo, destruyó tres matrimonios, le cambió el carácter y hasta padeció lagunas mentales, esto último fue lo que lo llevó a replantear su vida. “El alcohol destruyó mucho en mí, pero en lo que no pudo interferir fue en mi otra adicción: el trabajo. Creo que fue precisamente el trabajo lo que me salvó”.
Para Pérez de la Rocha “sobre los artistas pesa mucho el alcoholismo de Rubén Darío creyendo que es un ingrediente para generar la creación. Pero se han dado casos fatales de grandes que padecieron este mal como Darío, Edgard Allan Poe, Ernest Hemingway y de pintores famosos como Toulouse-Lautrec, Van Gogh, Jackson Pollock”.
Asegura que “a mí me llevó a extremos de padecer hospitalizaciones incontables y agradezco a las autoridades del Ejército que nunca me dejaron solo”, dijo.
“Yo estaba consciente de mi enfermedad, me quería zafar de ella, pero no podía, llegué a visitar hasta al psiquiatra. Recuerdo que en una de tantas hospitalizaciones me encontré en la misma habitación con Carlos Martínez Rivas, padeciendo lo mismo que yo. Decidí pintarlo en la cama del hospital. Pero también me pinté a mí mismo con suero y en bata”.
Otro de los conocidos artistas que salió del alcohol fue Sergio Velásquez, de quien entre sus “hazañas” se cuenta que podía tomarse una media de ron de un solo trago y que podía “doblar” al mejor de los tomadores.
Para Velásquez asumir la idea de que los artistas son bohemios incidió en su adicción. “El ambiente bohemio de los artistas y los brindis después de cada exposición fueron haciendo de la tomadera una costumbre”.
La adicción de 20 años de Velásquez llevó a su matrimonio al borde del fracaso, dormir en la cárcel por manejar en estado de ebriedad y hasta sufrir serios accidentes automovilísticos. “La angustia de mi familia me llevó a hacer una reflexión en mi vida”, expresó.
CERO INSPIRACIÓN Y MUCHOS COMPLEJOS
El profesor de pintura dice que con el tiempo se vino a dar cuenta que las personas toman por inseguridades y complejos. “Al inició pensé que se toma licor porque es sabroso, pero ningún guaro es rico, todos son amargosos y saben mal, pero el estímulo una vez adentro es lo que te hace sentir bien y hasta te hace ser más atrevido para todo”.
Añade que “ahora asumo que tomaba por complejos. Tomaba para estar a tono con los demás, pero eso de que te brinda inspiración es totalmente falso”.
Velásquez precisa que para comprobar que el alcohol te da inspiración, una vez un grupo de pintores acordaron encerrarse a tomar y luego pintarían para ver las obras que saldrían. “A la mañana siguiente vimos los lienzos y lo que había era cualquier cosa, menos arte”, precisa Velásquez.
Pérez de la Rocha señala que “yo al igual que otros artistas llegué a pensar que el licor me ayudaba a pintar, pero definitivamente ése es un gran error y uno produce sus mejores cuadros en período de sobriedad”.
SUS OBRAS
La sensibilidad de estos artistas y la etapa oscura del alcoholismo trastocó sus obras.
“Juan”, el profesor de arte, al inició de su carrera artística experimentaba obras realistas, de paisajes y vivos colores. Después de su recuperación su pintura no volvió a ser la misma. Su propuesta se volvió abstracta de colores ocres y oscuros, pero siempre hay en ellas un punto de luz. “Creo que lo que pinto ahora son mis interioridades y mi búsqueda por alcanzar esa luz que para unos puede ser Dios, para otros la verdad”.
En tanto la pintura de Róger Pérez de la Rocha, aunque no perdió su estilo, sus trazos sí recogieron en blanco y negro esa pesadilla alcohólica expresada en autorretratos internado en hospitales y figuras de hombres recostados a paredes.

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