SáBADO 5 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23984 / ACTUALIZADA 01:30 am





EL HUMOR DE




¿Réquiem por Cancún?

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Federico Dueñas

Wilma, el huracán más poderoso que la historia ha registrado en el Caribe, azotó despiadadamente al centro turístico más importante de México, Cancún.

Esta ciudad fue creada a principios de los años setenta por (así como sucios intereses personales) el presidente-genocida Luis Echeverría Álvarez, quien desvió millonarias sumas del erario, para hacer, de una inhóspita, aislada ciénega del lejano Estado de Quintana Roo, un auténtico paraíso de proyección turística mundial.

Para el día del terrible embate de Wilma, Cancún era una moderna ciudad, enfocada principalmente al servicio turístico. Con cincuenta mil habitaciones, la mayoría de Cinco Estrellas. Había un derrame diario de quince millones de dólares, los que representaron en el 2004 más del cuarenta por ciento del total de ingresos de divisas por concepto de turismo al país.

Cancún proporciona trabajo estable a casi ciento veinte mil personas que hacían funcionar la gran maquinaria de un complejo sistema conformado por: hoteles, restaurantes, bares, discos, selectos clubes de golf, cabarets, marinas para recibir gigantescos transatlánticos, prostíbulos, maravillosas artesanías locales y, todo aquello que atrae al turista adinerado. Su Aeropuerto Internacional, recibe vuelos directos de EE.UU., Europa y Oriente. En pocas palabras, el futuro turístico de México.

Wilma arrasó con Cancún. Su ira no perdonó “ni a moros, ni cristianos”. Sorpresivamente, en veinticuatro horas su fuerza se incrementó de la escala cuatro a la escala cinco (la más alta de este sistema meteorológico), con vientos superiores a 300 kilómetros y se estancó por dos “eternos” días, derramando lluvia y viento sobre la indefensa población, que no pudo evacuar la zona. Lluvia que equivale a la cantidad que cae en la ciudad de México durante cuatro años.

Casi un millón de mexicanos y como cuarenta mil turistas extranjeros sufrieron del embate de Wilma. La naturaleza manifestó su poder con olas entre cinco y seis metros, inundó toda la ciudad, el agua llegó en algunos hoteles hasta el tercer piso. Calles, avenidas, postes de tendidos eléctricos y telefónicos, casas humildes y residencias destrozadas. En fin un “infierno húmedo” destruyó a Cancún.

El presidente Vicente Fox se presentó en Cancún inmediatamente. Creó personalmente un Gabinete Especial, regaño públicamente a varios mandos de medios. Acordó con el sector privado local mantener los salarios de los trabajadores, así como inmediato apoyo financiero para reconstruir el paraíso perdido. ¡Ya comenzó la reconstrucción!

Hay decisión y optimismo. Se espera que Cancún reciba turista para esta época decembrina. Trabajarán mucho para lograr este objetivo. Habrá problemas, indudablemente. La tarea por realizar es colosal. Pero personalmente tengo confianza en que dentro de pocos meses Wilma habrá pasado a la historia para los cancunenses.

Comparo ahora a Cancún con el terremoto de Managua del 72. Es la fecha y la supuesta reconstrucción ha sido sólo de papel, todavía hay miles de damnificados despojados de sus propiedades por el Gobierno sin ninguna indemnización, viviendo a la buena de Dios. ¡Pobre Nicaragua! Me da tanta lástima que ya en el tercer milenio, verla todavía semiderruida y sin esperanza de tener un centro decente, como cualquier capital del mundo. ¡Despreciables políticos! Hay un Dios, y tendrán que rendir cuentas de sus zanganadas.

El autor es empresario.
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