VIERNES 4 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23983 / ACTUALIZADA 01:30 am





EL HUMOR DE




La corrupción política y las candidaturas para el 2006

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César Augusto Bravo Vargas
cesarbravovar@yahoo.com

Nuestra sociedad se ha conmovido y en algunos casos hasta horrorizado, ante los cotidianos y resonantes actos de corrupción que se han practicado en el país, los cuales, aunque ha sido típico en nuestra cultura, jamás se habían mediatizado tanto como ahora. Y pese a estos hechos vandálicos, los viejos líderes vuelven a hacer de ese tipo de “errores” una cultura recurrente de proyecciones todavía limitadas.

Ineluctablemente esto conlleva a que cada elección termina en la misma cosa, pues cada autoridad electa vuelve a practicar la corrupción. La experiencia sólo nos enseña que los corruptos toman decisiones de acuerdo con intereses ajenos a los legítimos, y que a ellos no les importa que las malas consecuencias de sus acciones recaigan en la mayoría.

Económicamente la corrupción aumenta la deuda interna y externa, las normas y leyes que controlan el erario terminan aboliéndose por irrespeto, de modo que se adquieren bienes y se contratan personas que no cumplen con los requerimientos establecidos por las leyes, como el caso de los 609 mil dólares sustraídos de las arcas de la Corte Suprema de Justicia con la ayuda d un l magistrado recomendado por Daniel Ortega, y las contrataciones de parientes y familiares hechas en la Sisep por el Superintendente recomendado por Arnoldo Alemán.

La experiencia nos ha enseñado que tantos años de corrupción han dado paso a que no se practique la equidad social, pues el espesor de la brecha que brinda mayores beneficios a la clase política crece en detrimento de las mayorías dominadas. La corrupción vinculada al pacto ya no se limita a excluir a las clases populares o marginales de los derechos sociales y políticos, sino que también los candidatos más populares del país, como son Eduardo Montealegre y Herty Lewites que se ven seriamente amenazados con las inhibiciones.

El proceso electoral del 2006, que inicia dentro de los partidos políticos, desde ya está corrompido. Cada magistrado del CSE no goza de la confianza del pueblo, pues ellos están ahí sólo para cumplir con la voluntad de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán.

Lo anterior sólo demuestra que la política en nuestro país se ejerce sin política. Quienes la manejan lo hacen con métodos y filosofía de naturaleza paternalista, autoritaria, excluyente, unipolar y hasta nepótica, sin los frenos loables de un camino verdaderamente liberal, republicano y democrático.

Los candidatos demócratas, como Eduardo Montealegre y José Antonio Alvarado, apuestan a su popularidad. Otros, como José Rizo y Ramiro Sacasa, al dedazo. Éstos últimos aspirantes, cegados por su ambición de poder, no logran ver que el acercamiento de cualquier candidato presidencial a Arnoldo Alemán significa la ruina total ante la comunidad internacional, y peor aún, que este acto servil no goza de la simpatía de miles de electores demócratas que no consentimos la personalidad corrupta del caudillo.

El costo que tendrá que pagar José Rizo por haber practicado las palabras de Nicolás Maquiavelo, acerca de que el príncipe tiene el deber de “ensuciarse” si ello redunda en beneficio de mantener o alcanzar el poder, será altísimo. Las declaraciones vertidas por Rizo ante la opinión pública, después de la cena que sostuviera con el doctor Alemán, cuando dijo entre otras cosas que tenía el honor de ser el mensajero del mismo, fueron en verdad lamentables y decepcionantes. En política nada es por casualidad y este acto de servilismo ciego, es la estrategia que cualquier candidato presidencial utilizaría ante la problemática de no contar con el respaldo suficiente de los convencionales, ni con el apoyo popular necesario de las bases del partido ni la población en general.

El cordón umbilical de los otros candidatos presidenciales del PLC también viene de la hacienda El Chile y, al igual que todos los candidatos arnoldistas, están condenados a la derrota electoral. Noel Ramírez, Wilfredo Navarro, Enrique Quiñónez y los otros ya mencionados aspirantes presidenciales, son más candidatos de Daniel Ortega que de cualquier otro, pues Ortega sabe que ninguno de ellos es rival para él, en los comicios electorales 2006.

Arnoldo Alemán sabe que pese al extraordinario poder que ejerce Daniel Ortega en el país, el futuro de nuestra joven democracia sólo descansa en el PLC, pues de negarle el derecho de participar en primarias a Eduardo Montealegre sería el fin de la misma. Una vez dijo Neruda: “Algún día y en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”. En esto deberían de pensar todos los candidatos arnoldistas.

El autor es escritor.
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