VIERNES 4 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23983 / ACTUALIZADA 01:30 am





EL HUMOR DE




Cumbre de las Américas

Durante los días de hoy y mañana se lleva a cabo en Mar del Plata, Argentina, la IV Cumbre de las Américas que reúne a todos los gobernantes del hemisferio occidental, salvo el de Cuba, que por ser un Estado comunista y totalitario no figura en la categoría de país democrático.

La caracterización democrática de los participantes en la Cumbre de las Américas está determinada en su misma Declaración, que comienza con la fórmula sacramental de: “Nosotros, los jefes de Estado y de Gobierno de las Américas elegidos democráticamente…”

Precisamente por eso es que en esta IV Cumbre de las Américas se decidirá sobre una propuesta de Venezuela de que se elimine de la Declaración la referencia a que todos los participantes son elegidos de manera democrática. Sin embargo es prácticamente imposible que prospere dicha propuesta venezolana, pues de aceptarse la Cumbre de las Américas sería igual que la ONU, en la que participan en notoria promiscuidad política gobiernos democráticos y respetuosos de los derechos humanos, junto con regímenes totalitarios surgidos de golpes de Estado, revoluciones y fraudes electorales, que oprimen a sus pueblos de manera brutal y sangrienta.

La Cumbre de las Américas se viene celebrando desde 1994, cuando el entonces Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, se reunió en la ciudad de Miami con todos sus colegas del hemisferio occidental, con excepción del dictador cubano Fidel Castro. Las siguientes cumbres tuvieron lugar en 1998, en Santiago de Chile; y en 2001 en Québec, Canadá, aparte de dos cumbres extraordinarias que fueron celebradas en 1996 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia; y el año pasado (2004) en Monterrey, México.

En el ámbito de la opinión pública internacional nunca se han visto bien estas cumbres, ni ninguna otra de las muchas que celebran regularmente en distintas regiones del mundo. Pero ahora el ambiente es mucho más adverso, después que la Cumbre Iberoamericana celebrada el mes pasado en Salamanca, España, avaló prácticamente a la tiranía comunista de Fidel Castro, al exigirle a Estados Unidos que ponga fin al embargo (que calificó como “bloqueo”) sobre Cuba pero sin atreverse a pedir a cambio el respeto a los derechos humanos y la liberación de los presos políticos y de conciencia que se pudren en las mazmorras de la isla comunista del Caribe.

Es tanta la opinión pública desfavorable a estas reuniones de las alturas, que el Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, poco antes de la Iberoamericana de octubre en Salamanca, señaló con inusitada franqueza política que “estas cumbres se vuelven detestables porque son una excusa para el turismo presidencial” (y) “es feo ver a tanto mandatario de paseo pues a pesar de los problemas que tenemos en casa, nos pasamos el tiempo, o la vida, de cumbre en cumbre”.

En lo que se refiere a la Cumbre de las Américas, su fracaso más resonante ha sido la imposibilidad de lograr un acuerdo para la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que según la Declaración de Québec, del 2001, debía comenzar a funcionar este año. Y lo cual es verdaderamente lamentable, porque el ALCA es la única vía realista y factible para que los pueblos de América Latina puedan salir del atraso y la pobreza.

Pero no todo lo de la Cumbre de las Américas hay que verlo en negativo. En realidad, las cumbres en general y esta de Mar del Plata en particular, son un buen escenario para intercambiar experiencias y discutir iniciativas destinadas a fortalecer la gobernabilidad democrática, apuntalar el desarrollo económico y desarrollar una lucha más efectiva contra la pobreza. Por ejemplo, la presentación del Presidente de Nicaragua sobre la conspiración de los caudillos contra la democracia , y su propuesta de reformar la Carta Democrática de la OEA para prevenir situaciones como la que ha sufrido nuestro país por culpa de los pactistas, será sin duda de mucho interés y utilidad para los gobernantes del hemisferio.

Y en cuanto a Estados Unidos, según el presidente George W. Bush la IV Cumbre de las Américas ofrece una gran oportunidad para avanzar en la elaboración de una agenda regional que favorezca el crecimiento económico y la lucha contra la pobreza a base del fortalecimiento de la gobernabilidad democrática y el libre comercio. Esperamos que así sea.
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