DOMINGO 29 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23824 / ACTUALIZADA 1:29 am





EL HUMOR DE




La relatoría, una excelente estrategia para el aprendizaje

Gloria Escobar Soriano*
opinion@laprensa.com.ni

“El aprendizaje se realiza a través de la conducta activa del alumno, que aprende mediante lo que él hace y no de lo que hace el profesor”. Ralph W. Tyler

La tarea de la enseñanza nunca ha sido fácil, pero hoy en día resulta más compleja. Paradójicamente, vivimos en la era de las nuevas tecnologías de la información que facilitan el conocimiento, pero muchos jóvenes no han sabido aprovecharlas, más bien éstas se han convertido en una serie de distracciones que los han alejado del estudio.

Muchos gastan su tiempo frente a un receptor jugando Nintendo o en una computadora navegando por Internet; otros chateando en el celular o escuchando música en un discman y, también hay quienes desperdician su tiempo en actividades improductivas. Para estos jóvenes el estudio no es su prioridad y cuando ingresan a la universidad no saben lo que quieren, no les gusta leer y les cuesta adaptarse a las exigencias académicas.

Santiago Argüello, el insigne maestro nicaragüense, en su obra Mi mensaje a la juventud expresó: “Nuestros jóvenes, con bien contadas excepciones, desconocen la verdadera finalidad de la escuela”. Por esta razón es difícil trabajar con este tipo de estudiantes desmotivados y el docente por mucha creatividad que le imprima a su clase no hay manera de sacarlos de su letargo. Ante esta triste realidad, una de las estrategias de enseñanza que el docente podría utilizar en el aula de clase es la relatoría que permite realizar clases más interactivas, desarrollar habilidades del lenguaje, valores y un aprendizaje significativo.

En primer lugar, la elaboración de la relatoría hace partícipe al estudiante de su propio aprendizaje. El relator es la persona que guarda la memoria de la discusión sobre un texto, un problema o una temática general que, dentro de una clase o seminario, realiza el docente con sus estudiantes. Por eso el relator estará atento al desarrollo del tema y tomará notas de las principales actividades realizadas en la clase, ya que con base en ellas redactará su informe, después en los primeros minutos de la siguiente sesión de clase se la leerá al grupo. Posteriormente, el docente devolverá la relatoría al estudiante revisada y corregida para que éste se dé cuenta de sus aciertos y desaciertos.

Este proceso interactivo profesor-alumno permite al primero darse cuenta del grado de asimilación que el grupo ha tenido del tema desarrollado y si es necesario la retroalimentación; del segundo, exige la lectura consciente del material asignado, la atención y participación activa en el desarrollo de la clase. Por esta razón, el estudiante participa en la construcción de su propio aprendizaje.

Segundo, la redacción de la relatoría desarrolla la imaginación y la expresión escrita. Por lo general, no existen estructuras rígidas para su presentación, pero se tomará en cuenta la estructura de un escrito y su extensión para facilitar la tarea de la revisión. Es decir, la relatoría debe tener una introducción, el cuerpo central y la conclusión. En la textualización de la relatoría, el estudiante expresará sus ideas oracionalmente y usará el párrafo como unidad básica de composición, tomando en cuenta sus características formales y de contenido. Se evitará la simple enumeración de ideas y la falta de organización. El alumno con este ejercicio de redacción mejorará la expresión escrita.

Finalmente, a través de la relatoría también se fomentan valores. La responsabilidad, porque el estudiante estará puntual en el salón de clase, escuchará con atención el desarrollo del tema, participará activamente en la clase y aprenderá a tomar apuntes. La honestidad, puesto que el alumno será ordenado, respetuoso, objetivo y empleará la crítica constructiva en la expresión de sus ideas. También contribuirá con la disciplina del grupo. Todos estos valores redundarán en beneficio de su rendimiento académico.

Son muchas las ventajas que ofrece el uso de la relatoría como estrategia de enseñanza, sobre todo cuando se trabaja con grupos numerosos. Permite que el alumno construya sus propios conocimientos y logre un aprendizaje significativo, porque relacionará el nuevo conocimiento con sus presaberes y aprenderá a aplicarlos a la realidad. También desarrolla las habilidades del lenguaje: aprende a saber escuchar, hablar, leer y escribir y promueve valores, tan necesarios hoy en día en la juventud. Santiago Argüello (ibid: 47) manifiesta al respecto: “El conocimiento es únicamente un medio; el medio de saber aplicarlos. Si uno no se aplica, es malo: y si se aplica al daño, peor... La instrucción a secas es un aborto, cuando no es un veneno. Mas la instrucción que educa, es, en cambio, un abono que desesteriliza, un semillero próvido”.

Para que la juventud nicaragüense cultive los principios diáfanos que labren su carácter, el maestro debe ser un promotor de procesos mentales que ayuden a hacer ardiente la obligación de cada uno y es responsabilidad de la familia contribuir con este gran objetivo educativo.

* La autora es docente de la UCA
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