DOMINGO 29 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23824 / ACTUALIZADA 1:29 am





EL HUMOR DE




Pastores auténticos

Pablo Sanabria*
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En la novela Los hermanos Karamazov, el gran escritor ruso, Fedor Dostoievski, cuenta la historia del regreso de Jesucristo a la tierra en un pueblito español. De inmediato, Jesús es encarcelado por las fuerzas de la religión organizada quienes le dicen que no tiene derecho a interferir con sus operaciones. Finalmente, le gritan: “Vete y no vuelvas más. No vengas del todo, ¡nunca, nunca!” Así criticaba Dostoievski al cristianismo de su tiempo el cual se había alejado a tal punto de su propósito original que llegaba a rechazar y a oponerse abiertamente a su mismo fundador.

Los escándalos en los que se han visto involucradas muchas personalidades e instituciones religiosas últimamente han producido un cinismo generalizado ante todo lo que huele a religión. Términos como “ministro del evangelio”, “pastor”, “predicador”, “servidor de Cristo”, etc., son hoy día material de ácidos chistes en muchos círculos. La gente se llena la boca de ironía y sarcasmo cuando habla de los religiosos porque una gran mayoría de éstos no ha demostrado la legitimidad de sus intenciones.

Nadie puede servir con éxito en alguna institución si la sinceridad a los principios que pregona está en duda. Por lo tanto, hoy día no basta que los religiosos actúen con integridad sino que la sociedad necesita comprobar que en verdad trabajan de buena fe a favor de sus feligreses.

El evangelio no es acerca del dinero de los fieles ni de cómo obtener prosperidad material a cambio de “semillas de fe” sino acerca de redención, de gracia, de perdón, de sacrificio. Nadie que venda salvación o bienestar puede ser un genuino representante de Cristo. Sin embargo, muchos líderes religiosos modernos son como los políticos: están sedientos de notoriedad y de posiciones de poder que, de otra forma, les sería imposible adquirir y eso es lo que, en realidad, les motiva a dedicarse al pastoreo.

El Nuevo Testamento dice que los obispos (pastores, ancianos, diáconos, evangelistas) “no deben ser codiciosos de ganancias deshonestas... porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual, codiciando algunos, se extraviaron de la fe...” (1ª Timoteo 3:3; 6:10).

¿Qué ocurriría si las distintas iglesias de pronto decidieran no sostener económicamente a sus pastores? ¿Seguirían éstos ministrándolas? ¿Buscarían un trabajo decente para mantenerse de acuerdo a su capacidad y preparación? ¿Ganarían más de lo que ganan ahora como ministros o pastores?

¿Cómo reaccionarían los representantes de la religión organizada si de pronto Cristo apareciera entre nosotros hoy? ¿Qué le dirían? ¿Se alegrarían de verlo y le darían la bienvenida o se apresurarían a despedirlo de regreso al cielo como los religiosos del pueblo español de la historia de Dostoievski? La sociedad profundamente materializada en que vivimos necesita dirección espiritual pero, como en los tiempos de Cristo, con frecuencia vaga por los campos “como ovejas que no tienen pastor”. Hay una gran necesidad de pastores auténticos que sirvan a la gente no por dinero, ni por poder ni renombre sino simplemente por compasión.

* El autor es Abogado y Master en Divinidad
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