DOMINGO 29 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23824 / ACTUALIZADA 1:29 am





EL HUMOR DE




Desde la Colina Vaticana
Hacer brillar la luz

J. Dávila y Castellón

“La Iglesia de hoy debe reavivar en sí misma la conciencia de la tarea de volver a proponer al mundo la voz de aquél que ha dicho: ‘Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida’”.
(Papa Benedicto XVI)

La urgente necesidad en nuestro mundo de hoy es presentar el Evangelio de Cristo en una forma novedosa para el hombre moderno.

Cuando escucho decir: “Esa prédica —o el predicador más propiamente— no me dijo nada”, pienso en que quizás la falla estuvo o está muchas veces respecto a la predicación en que no se toman en cuenta las necesidades concretas de las personas a quienes se dirige el mensaje. Podemos estar fuera de tiempo y lugar como predicadores de la Palabra de Dios. Todos los grandes hombres que han llevado la semilla del Evangelio en su tiempo y a sus pueblos lo han hecho de acuerdo a las más perentorias necesidades de la época y del lugar, es decir, mostrando un genuino interés por el hombre, tomando en cuenta su realidad.

El Evangelio es rico y universal, por lo cual no puede encajonarse conforme un modelo único y exclusivo de presentar la verdad. La verdad es una sola, pero la manera de exponerla debe ser tal que los que escuchan el mensaje de Dios se sientan afectados de alguna manera, involucrados, que es a ellos a quienes se dirige e interesa o conviene, que es un mensaje para su propia salvación personal y para el bienestar y progreso de la sociedad en que vive, en fin, un encuentro con Cristo, aquél que lo renueva todo. monseñor Leopoldo José Brenes, nuevo Arzobispo metropolitano de Managua, se propone emprender una profunda evangelización, ése es su plan de acción, ése es su programa pastoral del “Obispo Misionero”. Pero la misión de evangelizar no es patrimonio exclusivo de la jerarquía, sino de todos, cada quien en el lugar que le corresponde en la redención de este mundo.

Las laicos, no sólo los llamados “comprometidos”, estamos llamados a entusiasmarnos ante el resto de la evangelización propuesta por nuestro Arzobispo. La verdad de Cristo, precisamente por ser la de Él, no la muestra, ha de exponerse en forma amena, dinámica, positiva, de manera que los que escuchan deseen ardientemente llenarse de esa vida, de esa sabiduría y de ese amor por Aquél que murió por ellos. En otras palabras, el apóstol, predicador o no, debe estar “lleno” hasta el borde de Cristo, por decirlo así, pues en esto está en primer lugar la oración, la vida sacramental o “vida interior”, antes que las técnicas de predicación o comunicación, por muy sofisticadas que éstas sean.

“¿No oraste antes de predicar?”, le preguntó un sacerdote a otro de su comunidad religiosa luego de terminada la Santa Misa.

“Efectivamente”, le respondió el otro, “¿pero cómo lo sabes?”, interrogó a su vez el interpelado. “Bueno —concluyó su interlocutor— es que sólo disparates dijiste en el sermón”.

El Papa nos invita a “hacer brillar la luz de Cristo”, lo mismo nos exhorta a llevar a cabo monseñor Brenes, nuestro Arzobispo. Y esto nos incumbe a todos sin excepción.

La pregunta del millón para cada uno de nosotros sería: “¿Señor, qué quieres que haga y cómo lo debo hacer”.

Sólo queda esperar los resultados. Fructifiquemos, fructifiquen.
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