Perfil
Gabriela Mistral
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 | La escritora de las Américas,en su poética no escapa a una larga tradición que se remonta desde las culturas precolombinas |
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Gabriela Mistral. |
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Jorge Eduardo Arellano
Escritora chilena (1889-1957). Nació el 7 de abril en Vicuña, Coquimbo. Recién concluida la enseñanza básica, inició la carrera de maestra; tras una experiencia de siete años en diversos pueblos y ciudades de Chile, obtuvo el título de normalista.
En 1914 ganó los Juegos Florales de Santiago con sus Sonetos de la muerte, escritos tras la pérdida de su novio que se había suicidado. Invitada por José Vasconcelos, en 1922 se trasladó a México para colaborar en las reformas educativas realizadas por el Gobierno de ese país. Tres años más tarde fue nombrada Cónsul en Nápoles. Después formó parte de la delegación chilena en la Sociedad de Naciones, y a partir de 1932 desempeñaría funciones consulares en diversos lugares de Europa y América. En 1938 apoyó la campaña electoral del Frente Popular que condujo a su amigo, Pedro Aguirre Cerda, a la presidencia de Chile. En 1945 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura, y en 1951 recibió el Premio Nacional de Literatura. Murió en Nueva York el 10 de enero de 1957.
Su obra poética la concretó en los libros Desolación (1922), Tala (1938) y Lagar (1954), en un póstumo e inconcluso Poema de Chile (1967) y en los poemas para niños reunidos desde 1924 en sucesivas ediciones de Ternura. La soledad y la angustia de sus versos iniciales dejaron paso a una afectividad volcada en cuanto le rodeaba: los desheredados y perseguidos, los niños, la naturaleza. En los textos bíblicos —lectura fundamental para ella— halló muchos de los símbolos que le sirvieron para mostrarse desterrada en un mundo de sufrimiento inevitable y fundar su estricto sentido del deber, de la honradez y de la justicia.
Insatisfecha con el catolicismo oficial, buscó compensaciones y salidas en la teosofía y en la filosofía oriental. Su “Posmodernismo” derivaba de las inquietudes espirituales de Rubén Darío, Amado Nervo y otros modernistas, y aprovechaba la tendencia a la poetización de lo cotidiano para “hacer sentir el hogar” y manifestar las inquietudes que consideraba propias de las mujeres. Asimismo, fue sensible al americanismo mundonovista, que ella tradujo en una constante exaltación de su tierra y de sus gentes. Tales preocupaciones no disminuyen la originalidad de su voz, personal desde el principio, pues muy pronto acertó en una sombría visión del mundo. Su poesía conjugaba los sentimientos humanitarios con la voluntad de entrar en comunión con el universo y con Dios, en una búsqueda constante de solidaridad universal.
Además de su obra en verso, sus artículos tienen mucho interés; algunos fueron reunidos en el póstumo volumen Recados contando a Chile (1957). Cabe citar, además, su antología Lectura para mujeres destinadas a la enseñanza del lenguaje (1924) sus Cartas de amor (1978) y sus prosas seleccionadas en los títulos: Materias (1978), Prosa religiosa (1978), Grandeza de los oficios (1978), Elogio de las cosas de la tierra (1979), Magisterio y niño (1979); la primera, seleccionada por Sergio Fernández Larrain y, las cuatro siguientes, por Roque Esteban Scarpa. También hay que destacar las compilaciones: Croquis mexicanos (1979) y Escritos políticos (1996), editadas respectivamente por Alfonso Calderón y Jaime Quezada.
LIBROS SOBRE LA AUTORA
Fernando Alegría: Genio y figura de Gabriela Mistral (Buenos Aires, 1966); M. C. Taylor: La sensibilidad religiosa de Gabriela Mistral (Madrid, 1975); Jaime Concha: Gabriela Mistral (Madrid, 1987); Satoko Tamura: Los sonetos de la muerte de Gabriela Mistral (1998). 
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