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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 28 DE MAYO DE 2005
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Los fines de la narración

Paula Miranda

Gabriela Mistral tuvo la costumbre de contar las cosas, de estampar momentos históricos o cotidianos en un lenguaje que mezcló prosa y poesía, indistintamente. Practicó un adentrarse en las cosas y en las personas, un penetrar las materias y contarlas para otros, descubrirlas, revelarlas, genealogizarlas; y lo hizo como quien relata una anécdota a un niño, haciendo que todas las palabras que él recibe se transformen en imagen viva en su realidad mental.

Pero la prosa de Mistral no es homogénea en ningún sentido. Esto, porque la escribió para diversos fines, en distintas circunstancias y en muy variados géneros: discursos públicos, oraciones, reflexiones, ensayos, recados, artículos, semblanzas, homenajes, recomendaciones, declaraciones de principios, etc.

Durante más de treinta y cinco años fue entregando por todo el continente sus escritos, los que aparecieron en periódicos y revistas; de ahí la marca coyuntural en muchos de ellos, y la variación tonal, que va desde un temple tremendamente intimista hasta el tono de la maestra que viene a ejercer en la tierra su labor doctrinaria. En cada caso, la forma se adecuaba al contenido, evitando siempre lo excesivo.

Ya en 1919 en la Revista Mireya, fundada por ella misma en Magallanes, escribía a favor de causas sociales, pero no a la manera grandilocuente o ideológica del nacionalismo en boga, sino muy política y concretamente. Preocupada por las condiciones miserables en que estudiaban los niños australes de Magallanes, en el número 6 de la revista, en noviembre de 1919, aboga por sus vacaciones de invierno: “Para que no sufran los niños en salas húmedas y frías”.

Gabriela difundió su obra en prosa en periódicos, pasquines, revistas nacionales y extranjeras. De todos estos medios, los más permanentes fueron dos: El Mercurio (diario chileno) desde 1922 en forma intermitente, y Repertorio Americano (publicación costarricense) entre 1919 y 1951. Gabriela dedicaba gran parte de su tiempo a escribir artículos o discursos que luego leería en algún evento o que publicaría. Fue sólo en forma póstuma que su prosa se editó en formato de libros antológicos; excepción hecha de la prosa contenida en Desolación (1922), Tala (1938) y la prosa que incluyó en Lecturas para mujeres (1924). Texto, este último, elaborado y diseñado por la propia Mistral, donde seleccionó una amplia antología de textos —incluidos los suyos— para ser leídos por las alumnas de la Escuela Industrial de Mujeres “Gabriela Mistral”, en México.

Esta sostenida escritura en prosa cumple básicamente tres funciones: primero, poder articular en un lenguaje menos simbólico y sintético, en un lenguaje que pudiera vencer las limitaciones que impone la imagen poética a la elucidación lectora, una abundante reflexión crítica e intelectual referida a la contingencia mundial, continental y nacional, aportando a la configuración de la historia de las ideas desde Latinoamérica. (El mismo Premio Nobel de Literatura fue otorgado no sólo por la “belleza estilística de sus versos”, sino por la armonía que había entre su praxis y su pensamiento).

(Fragmento)  
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Una voz llena de pureza


Una poeta “sencillista”


Los fines de la narración


La india


Gabriela Mistral: La defensora del “Pequeño ejército loco”


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Gabriela Mistral


Prosa: Gabriela Mistral