Democracia es la esperanza
El Instituto para el Desarrollo y la Democracia (Ipade) dio a conocer ayer una encuesta que hizo en las zonas del Pacífico, centro y el norte del país, sobre lo que piensan los ciudadanos nicaragüenses de la democracia.
Los aspectos principales de dicha encuesta, que fueron publicados por LA PRENSA en su edición de ayer, indican entre otras cosas que a pesar de que el 79 por ciento de los encuestados reconoció estar poco o nada satisfecho con la democracia, el mismo porcentaje (79 por ciento) afirmó que “es indispensable para el desarrollo del país contar con un sistema democrático”.
Además, según la encuesta del Ipade sólo el 16 por ciento considera que “la democracia no es indispensable para el desarrollo y éste se puede alcanzar con otra forma de gobierno”; y únicamente un 14 por ciento cree que “en algunas circunstancias un gobierno autoritario es preferible a uno democrático”. Sin embargo, el 57 por ciento de los entrevistados asegura que “la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”. Y finalmente, el sector indiferente, al que “da lo mismo un régimen democrático a uno que no lo es”, representa apenas el 23 por ciento de los encuestados.
Sin entrar a considerar los aspectos técnicos y metodológicos de esta encuesta del Ipade —que como en todas las encuestas no puede faltar quien los cuestione—, lo importante es que revela un estado de la opinión ciudadana sobre el sistema político o de gobierno que prefiere o rechaza.
Lo más sorprendente es que a pesar de todos los desmanes que los políticos —demócratas liberales y autoritarios sandinistas— han hecho en el ejercicio del poder durante la época democrática que comenzó apenas en 1990, sobre todo la corrupción que la misma gente considera como el principal peligro para la democracia, sin embargo la mayoría de los nicaragüenses sigue convencida de que la democracia es el mejor sistema de gobierno posible. Y por lo tanto, los ciudadanos mantienen la esperanza de que entre más democrático sea el sistema de gobierno más y mejores posibilidades habrá de desarrollo y progreso nacional. Por lo menos esa es la principal deducción que se puede hacer de esta encuesta del Ipade.
En realidad, mismo porcentaje minoritario de nicaragüenses que menosprecia la democracia y que, en consecuencia, considera que “en algunas circunstancias un gobierno autoritario es preferible a uno democrático”, o que “la democracia no es indispensable para el desarrollo y éste se puede alcanzar con otra forma de gobierno”, es el mismo que en las encuestas de preferencias para próximo Presidente de la República dice que votaría por el sandinista autoritario Daniel Ortega, y no llegan ni siquiera al tres por ciento los que dicen que votarían por alguno de los candidatos liberales que tienen fama de autoritarios y corruptos.
A ese respecto es importante subrayar que la gran mayoría de los ciudadanos que se confiesan sandinistas y liberales, opinan de manera muy favorable Herty Lewites y Eduardo Montealegre, quienes están luchando denodadamente por la democratización de sus respectivos partidos, el FSLN y el PLC, para que éstos ofrezcan a la sociedad opciones de gobierno genuinamente democráticas, en el marco de sus correspondientes visiones ideológicas.
En realidad, después de haber sufrido la dureza y crueldad de las dictaduras somocista y sandinista, así como la calamidad de la corrupción libero-sandinista, sería absurdo que la mayoría de los nicaragüenses despreciara la democracia y optara de nuevo por formas de gobierno no democráticas y descaradamente corruptas.
La democracia es un sistema político y de gobierno muy joven. Y no sólo en Nicaragua, donde apenas tiene 15 años de existencia, sino en todo el mundo, pues la democracia como forma de gobierno apenas tiene un poco más de dos siglos en una historia de más de cuatro milenios de antigüedad. Pero vieja o joven, a la democracia es necesario cuidarla, construirla y mejorarla constantemente, día tras día y gobierno tras gobierno.
Y sobre todo, para que la democracia triunfe y se afiance en cualquier sociedad y país, es indispensable que haya suficientes ciudadanos y líderes democráticos lúcidos, activos, competentes y valientes, dispuestos a construirla, a defenderla y a promoverla todos los días.

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