MIéRCOLES 25 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23820 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE





La “lecheburra” de Prío

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. El “Capi” Prío es toda una referencia en la cálida ciudad de León, la elaboración de las leches de burra aun lo mantienen en la palestra de la pequeña empresa nacional

Las famosas “lecheburras” de la Casa Prío, en León, son consideradas uno de los mejores postres nacionales.

 

Anielka Pérez Picado
CORRESPONSAL/LEÓN
economia@laprensa.com.ni

De la mezcla de cacao y leche a base de fuego hasta que se “queme”, se obtiene ese rico dulce: la “lecheburra”. A pesar de los avances que se han experimentado en la elaboración de los diferentes postres, la legendaria “lecheburra” de la casa Prío de León continúa haciendo uso de sus artefactos tradicionales, un perol para mezclar los ingredientes, una paleta para menear y un ardiente fuego, es suficiente para obtener la melcocha.

Después de una trayectoria de más de 100 años, la casa Prío sigue manteniendo el título de vender la mejor “lecheburra” de toda Nicaragua. Hoy las ventas no son tan prósperas como hace unos treinta años, cuando todos los leoneses visitaban la casa Prío.

Una cuadra abajo del Parque Central se encuentra el local que se fundó en 1898 por el español José Prío. Al morir asume primero su hijo Salomón, luego un yerno y desde 1930 hasta hoy don Agustín Prío o el Capi Prío como se le conoce en León, quien a sus 91 años recuerda con mucha claridad y añoranza la época de oro de esta casa.

El primer local de la casa Prío fue en el costado norte de la Catedral, donde es hoy Penelas y Sireras, el segundo fue frente al Parque Central, donde se vivieron los mejores años de este establecimiento. “Las ventas eran tan buenas que en 1902 compramos el terreno frente al Parque Central (donde es Telcor) y se inauguró una casa de taquezal de dos pisos”, recuerda don Agustín.

Don Agustín identifica tres factores básicos que contribuyeron al apogeo de esta casa durante los años treinta hasta el 79, uno era la ubicación del local. El estar frente al parque les permitía ser el principal punto de referencia para los leoneses y sus visitantes, “no había alguien que no visitara la Catedral o el parque sin pasar por la casa Prío”, recuerda.

En segundo lugar la prosperidad que vivía Nicaragua antes de los años ochenta, “fueron unos años muy prósperos porque la moneda se mantenía a la par del dólar entonces la gente tenía dinero, las siembras eran de miles de manzanas, lo que traía trabajadores de Honduras, Costa Rica y otras partes de Centroamérica”, agrega don Agustín.

En tercer lugar la visita de diferentes personalidades de alta relevancia, entre las que citó al general José Santos Zelaya y el poeta Rubén Darío que dieron prestigio y realce a la casa, “algunos extranjeros llegaban y preguntaban cuál había sido la mesa predilecta de Darío, se les indicaba una y hasta la besaban”.

PUNTO DE ENCUENTRO

La casa que en una época fue el punto de reunión de políticos, músicos y poetas empezó a decaer a raíz de la guerra de 1979, cuando se quemó todo el edificio y posteriormente los sandinistas confiscaron el terreno.

A partir de ahí todo cambió, la empresa ya no tuvo las posibilidades económicas de volver a construir una casa con las mismas características. Los dirigentes sandinistas le otorgaron para los ochenta una pequeña casa esquinera que es donde actualmente está ubicado el establecimiento.

El edificio de taquezal tenía capacidad para unas 30 mesas con cuatro silletas cada una, dando lugar a ser ocupado (el local) por unas 120 personas, además contaba con una fábrica de confitería donde el principal dulce a producir era la “lecheburra” y, por la amplitud del negocio el número de empleados no era menos de doce.

En el local que hoy ocupan no caben ni 20 personas. Actualmente la casa Prío es un pequeño establecimiento con unas cinco mesas de cuatro silletas cada una, la fábrica ha quedado reducida a un pequeño corredor donde se producen unas cuarenta libras de “lecheburra” al mes, ahora sólo cuentan con dos empleadas que se encargan de hacer el dulce y atender a la clientela.

“Desde los ochenta estamos reducidos al mínimo, casi manejando como una especie de alegoría”, indica Prío. No sólo el quedar reducidos a una pequeña casa ha perjudicado este negocio, don Agustín identifica como otra causa el decaimiento del movimiento político, social y cultural de León.

Aunque la venta es menor a la de los años que anteceden la época de los ochenta, aún persisten los nicaragüenses que buscan la “lecheburra” de la casa Prío, ya sea para consumirla o enviarla a un familiar que se encuentra en el exterior.
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