Mamá no le teme a nada
Gretchen Robleto Lupiac
Karla Icaza Meneses tiene rostro de niña mimada y una figura delicada que le da un aire de fragilidad. Pero no se confunda. Es una mujer cuya fortaleza sorprende. En nuestros años de formación, las adversidades nos enseñan a enfrentar la vida. La vida de Karla ha estado marcada por los desafíos.
A los 14 años emigró a Estados Unidos. Sus padres, Carlos Icaza y Vidaluz Meneses, se separaron y se ubicaron en aceras políticamente distintas. Cada miembro de la familia tomó rumbos distintos.
Siendo una adolescente llegó a Miami, sin hablar inglés y a dos meses de ingresar al sistema escolar. Todos los días, como si se tratara de una cita con el profesor de inglés más exigente, Karla no se perdía un episodio de Plaza Sésamo. Decidió que a través de ese programa aprendería inglés. Lo logró.
Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad de Maryland. Estudió Finanzas por las noches para poder trabajar en el día y así pagar sus estudios.
En Estados Unidos se casó y a raíz del triunfo electoral de Violeta Barrios de Chamorro, regresó a Nicaragua junto a su esposo. Sus primeros trabajos fueron en la banca privada y también le tocó estar en la otra acera cuando fue nombrada Intendente de Bancos, intervino el Interbank, BAMER, Banco del Café y BANIC. “Me tocó cerrar cuatro bancos, lo cual implicó riesgos laborales, personales y familiares. En aquel momento de quiebras bancarias recibí amenazas contra mi persona y contra mis hijos”. Tiempo después recibió una oferta de trabajo del BANPRO. Desde abril del 2002 es una de las principales ejecutivas y miembro del Consejo de gerentes generales.
LA MADRE
A los 42 días de nacidos sus hijos, Karla regresaba a trabajar. “Yo estaba tan entusiasmada con mi carrera, con mis estudios y con mi ambición, que hasta cierto punto —y detesto confesar esto— en ese momento era más importante desarrollarme profesionalmente”, reconoce.
Dos de sus tres hijos nacieron antes de tiempo y lo atribuye a la presión con la que ha llevado su vida. Andre nació a los ocho meses de gestación y Sebastián fue sietemesino. “Después de Dios, me ha ayudado mucho tener un marido como el que tengo, me empuja a seguir adelante, está orgulloso de mí y me lo dice todo el tiempo, no le importa ponerse el delantal si es necesario”. 
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