DOMINGO 22 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23817 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Las formas de producción se transforman

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Federico Cuadra Román
fcr@cablenet.com.ni

Los ideólogos de la izquierda radical argumentan que el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos hará desaparecer al campesinado ¿Acaso el campesinado representa una forma de producción que debemos conservar como si fuera un valor patrio del cual sentirnos orgullosos? ¿Cómo justifica la izquierda oponerse a cambiar las miserables condiciones en las que el campesino está condenado a vivir por no tener mejores alternativas de trabajo para ganar su sustento? Esta mentalidad recuerda el esclavismo y, Dios quiera, pronto recordemos esta triste etapa de nuestra historia como “lo que el viento se llevó”. Argumentos como éste muestran la verdadera cara retrógrada del izquierdismo radical.

¿Por qué impedirle a nuestro pueblo comprar maíz y arroz cultivado en Estados Unidos a precios más bajos? ¡Bendito sea el día en que nuestro pueblo no tenga que trabajar en las condiciones en que el campesino se ve obligado a trabajar para poder alimentarse! ¡Viva la desaparición del campesinado como fuerza de producción aberrante! El libre comercio traerá nuevas fuentes de empleo que sustituirá el trabajo campesino, en aquellas labores agrícolas ineficientes, por empleos que, a pesar de lo que diga la izquierda radical, ofrecen muchas mejores condiciones que el actual trabajo campesino. Si no ¿Por qué no le preguntan a los trabajadores de las maquilas si prefieren volver a trabajar como campesinos? Los hijos de los empleados en las maquilas tendrán acceso a mejor educación y así se irán transformando, no desapareciendo, las actuales degradantes formas de producción, en nuevas formas de trabajo más dignas, eficientes y mejor remuneradas.

Siempre existirá la actividad agrícola en aquellos cultivos tradicionales en que la naturaleza nos ha dotado de una verdadera ventaja comparativa, así como en aquellos cultivos no tradicionales en que sí podemos competir, aprovechando la eliminación definitiva de barreras y restricciones para su exportación a Estados Unidos, durante las ventanas estacionales de precios altos.

Nuestros trabajadores del campo se convertirán, eventualmente, en verdaderos empresarios, dejando atrás, para siempre, la infame etapa del campesinado estatal en que la arcaica izquierda radical quisiera ver condenada eternamente a nuestra población. Ya hubieran querido los pueblos conocidos como los Tigres del Asia haber tenido las condiciones de las actuales maquilas nicaragüenses cuando a ellos les tocó pasar por el proceso de reconversión al que nosotros estamos entrando.

Quisiera poder compadecer a nuestra izquierda criolla por su ignorancia, pero no encuentro justificación a su actitud de boicot al progreso, actuando como los verdaderos enemigos de la humanidad. En vez de arrepentirse por la destrucción del capital y la pujante clase media que Nicaragua había logrado desarrollar a finales de los setenta y contribuir a recuperar el sentido del trabajo honesto, como nuestro emblema triunfal, la izquierda radical se esmera en destruir todo intento de progreso, sacrificando a Nicaragua en aras de una ideología izquierdista cubana totalmente extraña al auténtico sentir del pueblo trabajador nicaragüense, actuando como los verdaderos vende patrias. Deberían estar pidiendo perdón, como verdaderos cristianos arrepentidos, por todo el daño que han causado en vez de perseverar en el pecado sembrando odio y destrucción. En vez de recuperar el emblema triunfal del trabajo, la izquierda radical persiste en hacer rugir la voz del cañón y teñir nuevamente de rojo nuestra bandera azul y blanca con la sangre de estudiantes y policías.

Llegó el momento de unir todas las fuerzas, con verdadera vocación democrática, para hacer frente a la embestida de la izquierda comunista obstinada en convertirnos en esclavos del Estado, al estilo de su amada, por sobre todas las cosas, Cuba socialista.

El autor es abogado, con maestría en Administración, especialización en Finanzas
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