Tratados comerciales: ¿cebolla o cuchillo?
Jorge A. Huete-Pérez huete@ns.uca.edu.ni
Nicaragua y el resto de países centroamericanos se encuentran negociando varios tratados de libre comercio como el Cafta (Central American Free Trade Agreement) con Estados Unidos. Con sus dificultades y limitaciones, estos tratados y acuerdos bilaterales representan los desafíos más tangibles de la globalización en nuestra región. En particular, significan el enorme reto de incrementar la competitividad en todos los sectores involucrados y, específicamente, el de la pequeña y mediana industria nacional.
El Cafta bien podría ser una cebolla, cuya esencia habríamos de descifrar capa por capa. Nos hará llorar, a veces. Cada una de las capas son los llamados capítulos o áreas de interés de estos acuerdos. Si el Cafta fuese un cuchillo, bien podría significar los peligros de un instrumento filoso y punzante. Sin embargo, un cuchillo podría utilizarse, además, para herir o, en cambio, para curar enfermos como lo hace el cirujano extirpando cánceres y corrigiendo malformaciones. Con estas metáforas se han planteado los retos del Cafta el investigador español Jorge Guardiola en su reciente presentación en la UCA.
Desde nuestra óptica, ante la competencia intensificada por la implementación de los tratados, se demanda de los sectores productivos del país un aumento significativo de su productividad y capacidad de adecuación y mejoramiento tecnológico. Con el fin de hacer frente a estos retos de la competitividad resulta indispensable un esfuerzo mayúsculo por encauzar las capacidades nacionales en ciencia y tecnología. Y dentro de estas últimas, un sector clave es el de la biotecnología entendida como aplicaciones tecnológicas que prometen un mayor impacto en la competitividad
Las aplicaciones biotecnológicas se vislumbran como las tecnologías punteras que vienen acarreando un proceso extraordinario de transformación radical en las industrias farmacéuticas y agroquímicas a través de la aplicación de tecnologías recombinantes y de biofermentaciones. Los productos de la biotecnología médica son una realidad reflejada en la presencia de más de 300 fármacos disponibles actualmente (insulina, factores de crecimiento, interferón, etc.). Debido a esto, un sinnúmero de naciones en vías de desarrollo vienen implementando programas de incorporación de la biotecnología dentro de sus planes de desarrollo integral. Así lo han hecho ya nuestros vecinos inmediatos como Costa Rica y Guatemala.
En la actualidad, sin embargo, la biotecnología viene impactando casi a todos los sectores principales de la industria, inclusive desde la industria agroalimentaria hasta la aplicación de la limpieza ambiental (biorremediación). Como resultado, la biotecnología se considera una industria penetrante generadora de utilidades y como componente estratégico de la competitividad industrial. Una faceta menos conocida, pero fundamental para la región centroamericana es la biotecnología “blanca” que trata de los procesos industriales que utilizan enzimas biotecnológicas para una producción más limpia. La utilización de bioetanol y biomasa ante la problemática energética es apenas un ejemplo destacable. Y es que con estos procesos se reduce el consumo de materiales biológicos, cantidad de agua, y el consumo de energía es entre 10-20 veces menor que lo acostumbrado.
Visto desde estas utilidades, el fortalecimiento de la biotecnología en la industria nacional habría de considerarse como una prioridad de la cooperación y de los tratados de libre comercio, lo cual habría de traer grandes beneficios no sólo económicos sino igualmente para la protección ambiental y el progreso de nuestras naciones. Si bien Nicaragua muestra avances estructurales como en asuntos de derechos de propiedad intelectual, por ejemplo, algunas debilidades tienen que ser enfrentadas cuanto antes: falta de mejores recursos humanos, mejores políticas de desarrollo de las Pyme nacionales, aspectos de infraestructura física y de servicios, entre otras.
Pero las barrera centrales que tienen que ser enfrentadas a la mayor brevedad son, por un lado, la falta de políticas nacionales de ciencia y tecnología que respondan de manera adecuada y específica a los retos de competitividad y, además, la ausencia de un rol proactivo del sector productivo industrial en temas de desarrollo científico y técnico lo cual repercute y limita su propia supervivencia. Sería de esperarse, por tanto, que Nicaragua con su incipiente Conicyt diese pasos firmes e inmediatos para la gestión de transferencia tecnológica y la inclusión de actividades de mejoramiento tecnológico y biotecnológico en todos los programas de cooperación internacional de frente a los retos de la competitividad y particularmente ante el Cafta. El anunciado puente hacia el progreso tendría que edificarse con el acero inoxidable de la ciencia y la tecnología.
El autor es doctor en biología molecular.

|