La solución de Daniel al problema de la energía eléctrica: ¡Que viva la oscuridad!
Róger Fischer S.
Ante la violencia generada por los mismos actores de siempre, los amigos de la poesía decidimos buscar un lugar apartado de los mundanales morteros y escogimos por su localización geográfica a La Gaviota y para ser precisos el VIP de la misma, que consiste en un altillo o caramanchel construido con varas y palmas. El estratégico local aloja a unos seis contertulios cómodamente sentados y es el equivalente a una sala de conferencias, dotada de televisión, radio, pecera y aire natural. Francisco de entrada me dijo: ¿Ya leíste LA PRENSA? en Cartas al Director hablan de tu último artículo y señalan con indignación, que la familia Ortega Ramírez es de Masaya y nada tiene que ver con Daniel. Si hombre —respondí— estoy apenado con ellos, pues la información que me dieron aunque parecía correcta, no es así. Con toda cortesía llamé a doña Vilma Ortega de Báez, madre del Abad Silvio José Báez Ortega, para ofrecer mis disculpas, no sin antes reconocer los grandes méritos de su hijo, como sacerdote, así como por sus dotes de inteligencia, humanismo y formación profesional. Luego me puse en contacto con Luis Felipe, hermano del P. Franciscano y residente en Canadá, a quien le di explicaciones y me envió en plan de amigo, una extensa carta muy bien escrita y una expresión epistolar de hombre ilustrado y talentoso. —Francisco empezó a hablar diciendo— “Hiciste bien, es mejor ganar amigos que reales, sobre todo ahora, lo principal son los valores, imagínate como están las cosas… cualquier tira piedras es universitario, una cosa es velar por los intereses de la ciudadanía y otra escudarse en la palabra pueblo, para destrozar por medios irresponsables bienes que sí son del pueblo. Lo que es peor, continuó diciendo, atentar mediante el terrorismo contra vidas de policías y personas inocentes”. Carlos tomó la palabra y dijo: “La cosa está bien clara, lo que quieren es pasar todas las reformas constitucionales en medio del caos y dejar maniatado al Gobierno, con una imagen de inoperancia para enfrentar los problemas y una proyección ante el mundo de inutilidad. Pero don Enrique no es chiche, aunque de manera temeraria enfrentó a la pandilla manifestante, por su continuada gestión seria y honesta, mantiene el apoyo de los organismos internacionales y los gobiernos democráticos quienes saben que el problema de la gasolina lo enfrentan los países que no la producen y que el precio internacional lo fija la OPEP”.
“Daniel da como solución el apagón o sea el regreso a la noche oscura, así al irse la luz solar, todos encerrados en su casita, sin luz en las calles, ni en los hogares, sin televisión y en guardia, vamos a esperar a los amigos de lo ajeno, ¡ve qué alegre..! —señaló Francisco— “Se acabaron los cines, los restaurantes, las cantinas, los anuncios luminosos, los carros en las calles y hasta los buses, porque la noche es noche y no habrá ni telenovelas, ni radios, ni Tijerino en su nuevo programa. Ni farmacias de turno, ni gasolineras abiertas y mucho menos salones de masaje. En cuanto amanezca todo mundo a trabajar, a producir y a comprar hielo, porque las refrigeradoras ya no tendrán razón de ser y volveremos a las antiguas cajas con aserrín para que no se gaste el hielo tan rápido. Imagínense a los Salvo sin vender eskimos y a los supermercados ofreciendo únicamente productos no perecederos y el aeropuerto cerrado a las 6:00 p.m. y los Benard de Granada, así como los Valladares y los Pereira de León, regresando a la fabricación de hielo durante el día y entregándolo en cada puerta pudiente durante la noche y madrugada, alumbrados con candiles y en carretas de bueyes como era antiguamente. Eso sí es ahorro, esa sí es la solución, ¡que vivan las tinieblas… que viva la oscuridad!”
—Hay que darle crédito al comandante— expresó Bayardo, quien había estado muy callado. “Vamos a producir velas y candelas en grande, los Llanes deberían estar felices y las ferreterías que antes vendían focos de baterías, quinqués y lámparas tubulares también. Esto es hermoso, mientras el Cafta va, nosotros regresamos a nuestras raíces. De todos modos nuestras comidas van a seguir siendo ricas: el gallo pinto, las tortillas, el mondongo, la carne asada… bueno eso sí, hasta que los podamos cocinar, porque cuando acabemos con todos los árboles y hayamos hecho leña todo, entonces quizás nuestros tataranietos aprendan un nuevo sistema de vida acorde con el resto del mundo… para mientras, arriba las piedras, la ignorancia, la miseria y el terrorismo”.
Nadie habló más. Se acabó la plática, la tertulia se puso tétrica, con el mismo color de los nubarrones que presagian un destino inmerecido para tantos millones de buenos y honrados nicaragüenses que van al trabajo a pie, si los buseros están en huelga, o a dejar a sus hijos a la escuela, o a sembrar el campo con el sudor de su frente, o a trabajar a los mercados haya o no haya transporte, y quienes son los héroes anónimos de este país y los testigos mudos de la barbarie de las turbas.
El autor es escritor

|