Cristóbal Sequeira, secretario ejecutivo del Sinapred
“El Mitch me desvirgó en desastres”
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A Cristóbal “Tito” Sequeira, el Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred), se le ve la cara al menos dos veces al año: al inicio del verano con las quemas de los bosques y a la entrada del invierno, con las primeras inundaciones. El resto del tiempo, dice, pasa en trabajos de hormiga silenciosa. Un burócrata y empresario metido a salvador, hombre de humor de campo que parece desconocer la frontera entre la broma y la charlatanería y que fácilmente pasa de lo simpático a lo grosero |
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José Adán Silva nacionales@laprensa.com.ni
Tiene cara de ser un burócrata, pero derrocha mucho de campechano en sus modales. Es un empresario e ingeniero que está al frente de la institución que en Nicaragua debe prevenir y mitigar los siempre latentes y presentes desastres naturales, pero que nunca antes del huracán Mitch de 1998 había rescatado a alguien, ni prevenido mayores desastres que sus trabajos de oficina.
Es extraña la función pública que ocupa, para alguien con sus características: de joven nunca gustó de deportes que no fueran los tradicionales goles y jonrones del futbol y beisbol; no practicó alpinismo, no nadó, no corrió, no ha rescatado a nadie, nunca ha estado en una situación de peligro natural y estudió administración de empresas e ingeniería antes de llegar al cargo que hoy ocupa.
Sus habilidades y cualidades tendrá, porque ha ocupado cargos en los últimos tres gobiernos y, cosa rara en estos días, no ha salido salpicado con baldazos de lodo de ésos que generalmente empapan a los funcionarios públicos que ven ante sí las arcas del caudal estatal.
Las manchas que hasta lo han marcado no parecen tan graves y se limitan a críticas sobre su actuación al frente de la institución que ocupa. Son manchas de humo de los pinares ardientes de Las Segovias, lodo del deslave del cerro Musún, de las corrientes negras del huracán Mitch y de los barrios inundados en todo el país con las primeras lluvias.
Cristóbal Sequeira González está ahora en uno de los dos únicos momentos del año en que su cara y sus explicaciones —que de tan simples rozan a veces en lo cínico— salen en los medios: el invierno con sus inundaciones de las primeras lluvias y el verano con los incendios forestales de inicios a año. Luego, el resto del año, se sabe poco de él.
Locuaz y de muchos gestos corporales, Sequeira va y viene de sí mismo en muchas cosas. De simpático y jodedor pasa con mucha facilidad a una franqueza que raya en lo grosero. Hace dos años, cuando se le preguntó por qué tantos incendios en la región del norte, dio una respuesta tajante: “Porque los campesinos son perros al fósforo”.
A veces de burócrata frío con tintes de banquero, corbata y saco, cruza las fronteras de escenarios de lodo y agua para aparecer como el funcionario de trabajo de campo, con botas lodosas y chaqueta de salvavidas.
¿Cómo y por qué llega usted al cargo que hoy ocupa y qué hacía antes de esto?
Fui Viceministro de Educación en el gobierno de doña Violeta Chamorro, bajo la dirección de Humberto Belli. En 1997, bajo el gobierno de Arnoldo Alemán, pasé a la Secretaría General del Ministerio de Finanzas, Industria y Comercio; luego cuando el Mitch, en 1998, fue mi primer rifirrafe con los desastres. Recuerdo que se hizo un Comité Nacional de Emergencia, coordinado por el entonces vicepresidente Enrique Bolaños, quien me llamó para que fuera subdirector del comité, estando yo en el Mific. Ése fue mi primer rifirrafe porque fue la primera vez que me fajé con los desastres. Prácticamente el Mitch me desvirgó en los desastres. Como lección aprendida del Mitch, don Enrique y todos los que estábamos en ese comité llegamos a la conclusión de que la actitud prevaleciente en Nicaragua era la actitud reactiva, en otras palabras, reaccionábamos ante el impacto. Cuando venía una erupción, un huracán, una inundación, reaccionábamos, corríamos a organizar un comité de emergencia, que lo que hacía era improvisar una respuesta, la respuesta se daba, pero totalmente improvisada, desarticulada, un tanto desorganizada. Yo le llamaba un desorden organizado, o una organización desorganizada. Esa actitud había que cambiar, y así, con ayuda de los organismos internacionales, se diseñó el sistema, una especie de orquesta, un club de organizaciones que dependen del Poder Ejecutivo pero que se rige por una gerencia que es la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred), cuyo titular soy yo.
Antes de gerenciar este proyecto ¿tenía conocimiento de cómo lidiar con desastres naturales?
No.
¿Nunca había participado en una obra de rescate?
No... Bueno, cuando el terremoto de 1972. Pero en realidad, mi prueba de fuego, mi primer rifirrafe, fue durante el huracán Mitch.
¿Usted cree que le fue bien ahí? Yo recuerdo aún las críticas sobre aquel momento en que todas las noticias hablaban del desastre y el Gobierno, ustedes, no decretaban alertas ni estados de emergencia.
Respecto a eso, lo que sucede es que hay ignorancia en cuanto a lo que quiere decir Estado de Emergencia en Nicaragua. La Ley de Estado de Emergencia, estoy seguro de que la mayor parte de la gente no la conoce, y cuando la conozcan, no van a querer que se declare, porque la Ley de Emergencia en Nicaragua se desvirtuó y es básicamente una ley de Estado de Sitio. Es una ley política que en tiempos de Somoza se usó como Ley de Estado de Sitio y en tiempos del sandinismo fue una Ley de Emergencia para cosas de guerra. Entonces la Ley de Emergencia no tiene nada que ver con los desastres. La Ley 337 (Ley creadora del Sinapred) sí tiene que ver con los desastres, pero no existía cuando el Mitch. Entonces cuando el Mitch mucha gente preguntaba por qué no se declaraba Estado de Emergencia, porque no cabía declarar una emergencia, no era un problema político el que había. El Comité Nacional de Emergencia dio su respuesta, y estoy muy satisfecho de haber sido subdirector de ese comité; se dio la respuesta, una respuesta imperfecta, desarticulada, un desorden organizado fue el que hubo, pero eso era lo que teníamos en ese momento. Yo no me siento mal. No existía la Ley 337, de la cual yo no fui artífice, pero es considerada en los foros internacionales como un ejemplo de ley moderna que produjo un sistema articulado que propicia una prevención y una respuesta que no implique grandes costos para el Estado, porque las instituciones que predican el quinto evangelio, que es la administración de riesgo a como le llamo yo, las instituciones que andan predicando ese evangelio son instituciones que ya existen, ya tienen sus presupuestos y lo único que se hizo fue que todas se conectaran a nosotros para llevar ese evangelio a la práctica. Eso ha propiciado respuestas, sin que impliquen mayores costos. Anoche, con estas lluvias, no se han recibido reportes de grandes daños, el país está tranquilo. En otros años hubiera sido un desastre, hoy en día con la organización que hemos logrado ha sido posible que la población al menos prepare sus motetes, para que a la hora que el agua suba, llegue alguien de Defensa Civil, de la Cruz Roja a decirle que salga y ya sale con sus motetes y se evitan pérdidas.
Me está diciendo que se trata, en cierto modo, de evitar los desastres a bajo costos.
Sí, porque aquí lo que abunda es la escasez.
¿Y cómo se puede gerenciar con éxito una institución que tiene poco presupuesto?
Haciendo de tripas corazón.
¿Y eso no le genera problemas? Le digo esto porque siempre se ha criticado la actuación del Sinapred ya que en sus narices se incendian todos los años los pinares y bosques, siempre hay inundaciones y afectados, y en el caso del deslave del cerro Musún, el año pasado, no tenían presupuesto para atender la emergencia.
(Se pone serio, parece incómodo. Luego suaviza el rostro y pide que vayamos por partes). ¿Los incendios forestales? No existe, yo no conozco ningún incendio que sea espontáneo. Todos los incendios, absolutamente todos son provocados. ¿Quién los provocó? El agricultor que irresponsablemente quemó su huerta para preparar su siembra de mayo. Pegan fuego para quemar las malezas y esa práctica es ancestral, tiene siglos y lo hacen los campesinos desde México hasta la Patagonia. Por otro lado hay cazadores furtivos, gente irresponsable, que va por un cusuco, por una iguana, por una miel de jicote, pegan fuego... Así de fácil. Todos los incendios son provocados, lo que eran antes quemas de monte, hoy les llaman incendios forestales, eso proyecta una imagen de indefensión, pero nosotros ante esas conductas poco podemos hacer.
Entonces, según usted son inevitables los incendios...
No, no es que sean inevitables, lo que se necesita es palo y estate quieto, o sea que haya una autoridad que meta a la cárcel a los que pegan fuego. Yo sé de casos que han capturado a los quema monte y al ratito están libres. ¿Por qué están libres? No sé, no me preguntés eso. Nosotros hemos hecho campañas y sé que sin esas campañas habría mucho más daño que lamentar. Es fácil decir que hay que prevenir los incendios, pero comencemos porque la gente no sea irresponsable. Yo sé de casos de fulanos con parcelas de 100 manzanas, que como el Instituto Nacional Forestal (Inafor) no les da permiso para sacar la madera, vamos al fósforo y se quema aquello, se chamuscó el bosque, y entonces ahora sí lo cortan para venderlo, es una cultura ancestral que cuesta erradicar si no hay medidas duras.
Es cosa de cultura, pues. Pero en el caso del cerro Musún, donde el año pasado hubo deslaves que ustedes no pudieron advertir ¿era también cosa de cultura?
Es la misma historia. Ahí, hace 20 años, había lo que se llamaba la zona de reserva del Musún, una zona de amortiguamiento, donde se permite que el campesino guarde una parte del bosque y ocupe otra, pero son suelos donde no debe haber agricultura, ahí nadie debería vivir, son desnucaderos, pero ideay, es la necesidad. ¡Que necesitamos tierras! Entonces van, talan el bosque, que es una reserva natural, es un pulmón, un reservorio de agua, pero no, lo han talado para hacer fincas; entonces Mamá Naturaleza les pasó la factura. ¿Qué podemos prevenir ahí? Sacar a esa gente ¿Qué a dónde se les va a guardar? Eso es un relajo que no nos toca a nosotros.
Siempre parece que hay dos momentos para que don Tito Sequeira aparezca en los medios de comunicación: en el verano cuando se dan los incendios forestales y en el invierno con las inundaciones. ¿El resto del año qué pasa haciendo?
(Se pone serio nuevamente, ceño fruncido y manos tensas sobre el escritorio. Guarda silencio unos segundos y luego se inclina hacia delante) ¿Qué paso haciendo? Jugando solitario en la computadora... Ja ja ja ja (estalla en una carcajada y golpea la mesa). No hombre, son bromas. Mirá lo que acabás de decir. Me estás diciendo que yo salgo para dar respuesta, porque para los medios la respuesta es la más llamativa. Nadie te va a publicar algo por andar haciendo prevención, pero eso sí, voy a salir en la televisión cuando me ponga mis botas (eleva el pie derecho sobre el escritorio y muestra una limpia bota negra) y mi chaleco para ir a ver las inundaciones en el Hugo Chávez, en Villa Reconciliación Sur, cosas como ésas, lo que se llama glamour. ¿Qué hago el resto del año? Pasamos predicando el quinto evangelio, la prevención de riesgos, la gestión de riesgos, lo hacemos por medio de otras instituciones, capacitamos brigadas, gestionamos dinero para que otras instituciones como la Alcaldía de Managua hagan obras de mitigación. Por eso es que aparezco en los medios cuando hay relajos; cuando hago gestiones sin fanfarrias, silenciosas, nadie se da cuenta.
EL HOMBRE DEL HIELO
¿Qué hace Cristóbal Sequeira fuera de la oficina?
Fumo, bebo y bailo pegadito y otros vicios inconfesables ¡Ja ja ja ja! No hombre, son bromas. Tengo mi familia: una mujer, tres hijos, cinco nietos. Soy un hombre feliz. Aparte de mi trabajo, soy empresario. Soy fabricante de hielo, trabajé con Hielera Sequeira hasta 1998.
¿Y luego?
En 1999 un hijo mío fundó una plantita de hielo, pero Dios quiso llevárselo seis meses después, entonces yo heredé ese negocio y me dedico a él cuando puedo, recordá que el ojo del amo engorda el ganado.
Además, este puesto es finito, pronto se podría acabar. Yo trabajo con Enrique Bolaños, me causa mucha satisfacción toda la distinción que me ha hecho el Presidente, porque aunque el doctor Arnoldo Alemán me nombró Secretario Ejecutivo, don Enrique me ratificó, o sea que estoy dobleteando. Cuando esto se acabe, yo ya tengo mi empresa, modesta pues, pero si querés un comercial se llama Hielera Olito. Ja ja ja. El resto del tiempo lo dedico a mi familia, a mis cosas personales, a ver los partidos de futbol de la liga europea.

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