Poesía Nicaragüense
Mario Lanzas Benavente
I
Cuando la Reina de Saba dio la espalda a los cantares, desde sus extraordinarios glúteos sueltas e incontables manos rostros felices y voces lejanas se agitaban al unísono y engendraron para siempre y como nunca con el sincero sol del desierto el despiadado inicio de las tormentas, luego, el ojo de la serpiente arrastró el cuerpo hacia el reclinatorio del rey a donde llegó la mordida dejándose sentir el antiguo golpe de los senos bajo el esqueleto y la piel de la carpa.
II
Han ocurrido cosas en el viejo puente de tablas allí donde lloró el destino su última sombra... cosas dignas de un infarto sobre la lengua, algo así como una máxima creación borgiana. Los detalles serían precisos, contundentes, entre voces estarían vibrando las salidas y habría lugar hasta para los ciegos relojes si el historiador no fuera otro que este vértigo.
III
Hay que, por lo menos, jugar al inocente para romper las dentaduras postizas con que suelen andar los ancianos en esta fatal lluvia de piedras y así como lo dioses doblegan al acero (sin procesiones de hinojos) procuremos encerrar al aire muy lejos de las sombras porque los gendarmes abusan incorregiblemente del chaleco y el candado en la boca. No olvidés prostituir tu colección de hambres, que tus sentidos rechacen la luz si llegara tu sangre a cambiar de color. 
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