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Invocación a James Joyce
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 | James Joyce, es uno de los escritores más importantes del siglo XX, un renovador de la narración. Un autor irreverente y cautivador que se deja al descubierto en lo que escribe. Aunque es más conocido por su novela, Ulises, que por su obra poética, Joyce es un icono de su tiempo |
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James Joyce, Inglaterra. Toma de J.J. Liphitsky. |
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Raoul Shade
La escritura de James Joyce (Irlanda 1882 — 1941), apela a la degradada discontinuidad de una sociedad fragmentada por centenares de religiones y facciones políticas irreconciliables. El ídolo inanimado, fetiche del siglo XX, sostenido por una mano dolorida, coloca, una vez más, a los habitantes de las urbes en un descentramiento que pone en peligro la existencia del ser humano.
Si se pudiese decir con una sola frase qué es aquello, aparte el estilo, que distingue a James Joyce de los otros novelistas de los últimos siglos, a quien la Academia Sueca, le negó el Premio Nobel de Literatura, diría: su intensidad en prosa. No es casualidad que se tardó aproximadamente siete años para escribir (menos de 800 páginas) su Ulises. Joyce ocupó los últimos 24 años de su vida para escribir dos libros: Ulises y Finnegans Wake.
VIVIÓ EN LA POBREZA
De familia de clase media de arraigada tradición católica. Hombre de sólida cultura, conocedor de varias lenguas extranjeras, James Joyce se negó siempre a tomar parte en la agitación nacionalista y a cualquier actividad de tipo político.
En 1907 publicó su primer libro, un volumen de poemas, Música de cámara, y siete años más tarde, Gente de Dublín, quince cuentos realistas. Joyce vivió pobremente en Zurich durante la Primera Guerra Mundial, aunque por entonces su nombre ya empezaba a conocerse como una de las figuras de la literatura inglesa de vanguardia.
Joyce se orientó hacia la novela autobiográfica, publicando primero Esteban el héroe, casi un esbozo, y finalmente, Retrato del artista adolescente, 1916, en la que ya están las claves de su nuevo estilo, que desembocará en su Ulises, terminado en París, en 1922. Ulises es una epopeya que describe los sucesos de un solo día en la existencia de un oscuro agente publicitario, Leopold Bloom, en un continuo monólogo interior. En 1929 publicó El velatorio de Finnegan, su obra más ambiciosa, en la que construye una imagen de la vida humana sobre la base de un lenguaje elíptico, enrevesado y elaboradamente distorsionado.
UN IDIOMA POR ENCIMA DEL OTRO
En el primero, atacó la estructura de la novela y en el segundo, la estructura del idioma inglés: “Me gustaría un idioma que esté por encima de todos los idiomas al cual todos le sirvan”. Richard Ellmann, autor de la magistral biografía de Joyce, dijo: “Todavía estamos aprendiendo a ser contemporáneos de Joyce, a entender a nuestro intérprete”.
Flaubert, para muchos el padre de la prosa moderna, fue uno de sus maestros, quien al igual que James Joyce, vivió en la pobreza, persiguiendo le mot juste. Joyce, además, persiguió le character juste a tal punto que sus personajes son tan reales que hasta la mayoría de los nombres en el Ulises son verdaderos.
El punto de vista narrativo interiorizado de Joyce contrasta con el realismo narrativo de muchos escritores convencionales, quienes además de carecer de imaginación para experimentar nuevas posibilidades de lenguaje literario, carecen de intensidad poética.
LA NOVELA JOYCIANA
En la novela realista convencional los objetos están colocados en el espacio y dispuestos en el tiempo; mientras que en la novela joyciana, por ejemplo, en el final triunfante del libro, los objetos, las situaciones y las personas, se desgajan de la mente de Molly Bloom para colocarse en la mente del lector, nunca pertenecen a la realidad objetiva espacio-tiempo. Son fruto de la relatividad einsteiniana.
Páginas cargadas de puntuación. Cada palabra. Páginas llenas de títulos periodísticos como en el capítulo y recursos retóricos VII (conocido como Eolo), en donde el realismo de los capítulos anteriores está siendo invadido por otros estilos de narración y de observación. Cada uno de los 18 episodios (en tres capítulos) tiene su estilo al estilo de Dante y Shakespeare, donde la música varía según las emociones de los personajes. Estilo que ataca la forma de la novela clásica.
EL EPÍLOGO SINFÓNICO DEL INSOMNIO DE MOLLY
Páginas enteras sin puntuación, como el monólogo meditativo de la señora Marion Tweedy Bloom, conocida como Molly, de 40 páginas sin una coma, con un sólo punto final. También está la escena del hospital que empieza con puntos y comas en cada palabra y de repente toda la página contiene un sólo punto final. Fluye y fluye. Cada palabra se desliza en la siguiente con una belleza lírica, narrativa filosófica y lógica de sintaxis, raramente igualada en el arte de la prosa.
Con la ayuda de Freud, Joyce logra intercalar distintos niveles de conciencia, al igual que los distintos espacios temporales aéreos donde vuelan simultáneamente distintos aviones en distintas direcciones, siendo el piloto de todos los aviones, Molly. Ella construye sus espacios a través del monólogo y sus confesiones eróticas que tanto escandalizaron la época, como un soplo de viento que acaricia un águila dormida, donde desvanece la linealidad homérica.
CUANDO JOYCE CONOCIÓ A EZRA POUND
Mientras que el maestro Pound, poseedor del mayor intelecto poético de todos los tiempos, en cuanto a su profundo conocimiento del idioma y su capacidad de descubrir nuevos talentos (William Carlos Williams, D. H. Lawrence, Ernest Hemingway, Amy Lowel) y corrigió los poemas de grandes poetas de la talla de T.S. Eliot y W.B. Yeats (también fue el primero en publicar la obra de Joyce), asegura que las estructuras paralelas, entre el Ulises de Joyce y la Odisea de Homero, no son más que: “los restos de una cultura alegórica medieval, sin mucha importancia, siendo una cuestión de aderezar, la cual no impide la acción, ni le sirve de molestia, no daña el realismo, ni la contemporaneidad de la acción”.
En Las poéticas de Joyce (traducido del italiano al español por Helena Lozano) Humberto Eco nos confirma eso: “Para Ezra Pound (1922) estas correspondencias forman parte del medievalismo de Joyce, son asunto suyo, un medio para construir, que se justifica por el resultado y sólo en éste puede encontrar justificación. El resultado es un triunfo de la forma, del equilibrio, un sólido esquema fundamental con continuos entrelazamientos y arabescos”.
Ezra Pound, además de ayudar a Joyce a ser reconocido como escritor, publicando muchas páginas del Ulises en The Little Review, entre 1918 y 1920, en ocasiones, hasta ropa le mandó. Joyce aprendió tanto de Shakespeare que llegó a decir: “Después de Dios, Shakespeare es el que más ha creado”. Entre tantas cosas creó el monólogo de Hamlet.
UN JOYCE REBELDE
En El retrato de un adolescente, Joyce, a través de Stephen Dedalus, expresa su opinión antireligiosa: “Te diré lo que haré y lo que no haré. No serviré por más tiempo a aquello en lo que no creo, llámese mi hogar, mi patria o mi religión. Y trataré de expresarme de algún modo en vida y arte, tan libremente como sea posible, tan plenamente como sea posible, usando para mi defensa las solas armas que me permito usar: silencio, destierro y astucia”.
Sospecho que no hubo un dios de la literatura, porque si lo hubo, entonces Joyce estaría en el infierno, no solamente por su estilo revolucionario, sino también por oponerse al concepto de eternidad: “Última y determinante tortura de todas las torturas de aquel lugar espantoso es la eternidad del infierno. ¡Eternidad! Oh, palabra pavorosa y terrible. ¡Eternidad! ¿Qué mente humana puede entenderla?”
(Retrato de un adolescente) 
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