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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 21 DE MAYO DE 2005
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Tarantella literaria, otro salto mortal

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Raúl Orozco

Encontrarse uno con jóvenes que cultiven la poesía y el cuento; con jóvenes que leen y aprecian a los clásicos de la literatura y del arte, con un entusiasmo que raya en el desafuero y que, además, no hacen de ello una pose caricaturesca y que cantan y tocan guitarras y mujeres, es realmente un azar afortunado.

Eso he pensado, luego de encontrarme con los creadores e impulsores de una revista de pequeño formato, pero de recio contenido que ellos han llamado Tarantella literaria. Y confiesan: “La literatura, esa Tarántula, la más peligrosa de todas, nos ha mordido y para asimilar su veneno bailaremos la tarantella, ese baile vivaz y furioso de Taranto (Italia)”.

Los creadores, los animadores, los impulsadores son tres: Rafael Mitre, Daniel Ulloa y Mario Lanzas; este último sin parentela, creo, con el famoso tenor yanky. Pero el hecho meramente accidental de ser matagalpinos, no los aísla, ni los segrega, sino todo lo contrario: tienen amplitud de miras y publican, además de sus trabajos, a poetas y escritores de Chinandega y de Managua y del mundo, cuidando sólo de una cuestión rara y subjetiva en muchos casos, pero necesaria: la calidad.

Pero mientras leía los ejemplares que me obsequiaron, encontré más y mejores motivos de alegramiento. Según expresan, no tienen “traido” con las generaciones que los anteceden. Leámoslos: “Esperamos que los poetas que de alguna manera han consagrado, ayuden en este proceso que a gritos pide ser desarrollado, y tomen en consideración esta problemática y se dispongan a apoyar a la nueva generación de escritores, más financieramente, intelectualmente”.

O sea, han superado al placer, la iconoclastía gratuita; la enemistad atizada por años de más o de menos que, al fin y al cabo, tendrán que recorrer y, sobre todo, la tentación de sentirse jóvenes genios incomprendidos. Otro punto a favor de su baile, en el que se permiten el lujo, legítimo, de contar con la amistad incondicional de mi amigo y maestro Douglas Stuart Howay que les dice con su sempiterno entusiasmo: “¡Vamos juntos muchachos!”

Dos números de Tarantella han publicado en un año. Si me permiten especular, estimo que se debe eso a que, además de la tradicional indiferencia por las actividades del espíritu, les hace poco favor el que ya les haya visto la “la garra”.

Pero hay que trabajar. ¡Y duro! Leyéndolos, me doy por enterado de que se metieron ya en camisas de once varas. Entonces... ¡A bailar la Tarantella! Y ya que Duch (Daniel Ulloa) parafraseó a Nietzche, me permito recordarlo sin paráfrasis: “No se puede descontar, en efecto, de la educación aristocrática el bailar en todas sus formas, el saber bailar con los pies, con los conceptos, con las palabras; ¿he de decir todavía que también hay que saber bailar con la pluma, que hay que aprender a escribir?

Ya dieron el salto mortal. Ya están en el aire. Yo los saludo y les deseo suerte. Porque la van a necesitar.  
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Tarantella literaria, otro salto mortal