Cambios: ¿el shock del futuro?
Federico Cuadra Román fcr@cablenet.com.ni
Hará unos cuarenta años, cayó en mis manos un compendio de ensayos futuristas escritos por Alvin Tofler. Yo tendría uno 17 años y el mensaje de sus ideas me acompañó desde entonces: “El cambio se acelera a tal velocidad que llegará un momento que sobrepasará nuestra capacidad de asimilación, generando el shock del futuro”.
¿Se ha alcanzado tal masa crítica de conocimientos que el ser humano se enfrenta, masivamente, a la posibilidad de haber estado equivocado en las creencias en que ha fundamentado, consciente o inconscientemente, su existencia? A nivel científico y filosófico la física cuántica está haciendo cambiar a muchos su concepción de la realidad. A niveles más cotidianos, enfrentamos cambios continuos en la forma de producir, trabajar, comerciar, informar, educar, curar, entretener, en fin, nos enfrentamos a cambios en todo nuestro pensar y actuar, tal vez más que ninguna otra generación.
¿Cómo estamos reaccionando al cambio? ¿Cuál es nuestra actitud ante el cambio? Si sucumbimos o superamos el shock del futuro dependerá de nuestra actitud ante el cambio. ¿Nos dominará el miedo a lo desconocido o vencerá nuestra confianza en el hombre como creación de Dios? ¿Cómo queremos que sea el futuro? ¿Nos sentimos más confortables con una repetición del pasado o deseamos cambiar nuestra historia? ¿Representa el cambio una amenaza a nuestros intereses personales, a los privilegios adquiridos, a nuestra vida relativamente cómoda o anhelamos el cambio con la esperanza de que el futuro traiga el bienestar y paz que la humanidad demanda?
Si estoy entre los que se resisten al cambio, ¿me he preguntado cuál es la verdadera razón detrás de mi resistencia? ¿Puedo, siendo honesto conmigo, justificar que las cosas se sigan haciendo como hasta hoy? ¿He analizado a fondo las alternativas que representan el tratado de libre comercio con Estados Unidos y las elecciones primarias en los partidos políticos? ¿Por qué no acepto la globalización como la siguiente etapa en la evolución de las relaciones de producción de la sociedad humana? ¿Por qué no acepto la necesidad de una nueva estructura supranacional que le dé coherencia a las nuevas relaciones de producción globalizadas? En el campo político nacional ¿Por qué no acepto la necesidad de democratizar la selección de candidatos a puestos de elección popular mediante elecciones primarias abiertas y simultáneas de todos los partidos políticos? Si no puedo aceptar el cambio en estas cosas, sin verdaderas razones, motivado por el simple miedo a lo desconocido o, peor aún, por mi egoísmo ¿cómo haremos para cambiar nuestra triste historia de destrucción y violencia?
Personalmente, tengo una deuda inmensa con mis educadores jesuitas por haber sembrado en mi mente la confianza en que soy un ser por ser amor, hecho por y para el amor, un proyecto de amor, lanzado como proyectil hacia el amor absoluto, nuestro alfa y omega. Mi historia y la historia de la humanidad es una historia de salvación. Esta fe me permite enfrentar el cambio con confianza en el futuro.
¿En dónde estás vos? ¿Pertenecés a la generación del cambio o has anquilosado tu mente y tu espíritu, encerrado en la prisión del pasado por tu miedo y egoísmo?
El autor es abogado con Maestría en Administración y Especialización en Finanzas.

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