Reportaje especial
Negocios nicas crecen en Estados Unidos
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Un importador de quesos ha construido una empresa sólida en menos de dos años y quiere aprovechar el comercio libre para expandirla. Asegura que el mercado de Estados Unidos es grande y su único límite es el cielo. “Se puede vender todo, siempre que sea de calidad”, afirma. Otros empresarios nicaragüenses están reacomodando sus negocios para competir más con productos nicas |
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Oscar Espinoza tiene una empresa en Virginia, Estados Unidos, que importa de Nicaragua 60 mil libras de queso por mes.
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Douglas Carcache
MARYLAND, EE.UU.- Cuando le llegó el primer embarque de queso desde Nicaragua, que sumaba 1,200 libras, Oscar Espinoza sintió miedo porque no sabía cómo venderlo, pero un día después el dueño de una tienda en Virginia se lo compró todo.
Era el mes de julio del año 2003 y Espinoza estaba entrando sin experiencia al negocio de las importaciones, forzado por las circunstancias. Había trabajado durante 12 años para una línea aérea en diferentes ciudades de Estados Unidos y de pronto sufrió el golpe de los recortes de personal ocasionados por la crisis económica que generaron, en ese negocio, los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001.
Tenía que hacer algo y con otros cinco familiares acordó importar productos tradicionales de Nicaragua para ofrecerlos a la comunidad hispana. “Primero trajimos queso, pero no sabíamos cómo venderlo, ni teníamos idea del precio real de venta”, recuerda Espinoza, quien ostenta un título de biólogo marino, una profesión que nunca ha ejercido.
Hasta hoy han pasado 21 meses desde que recibió el primer cargamento y ya es un empresario de éxito, porque cada mes importa desde Nicaragua 60 mil libras de queso y está empezando a negociar con frijoles y encurtidos.
La empresa de Espinoza, ETC Investors Group, va en crecimiento. Dispone de dos bodegas refrigeradas que arrienda, compró una van y un camión refrigerados y está por adquirir su propia bodega en Virginia.
Pronto también lanzará la marca “De mi pueblo”, con la que identificará los diferentes productos que pretende llevar de Nicaragua a Estados Unidos, para aprovechar la competencia que abrirá el tratado de libre comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (DR-Cafta).
Espinoza evitó usar una marca con alusión directa a Nicaragua, porque también tiene clientes de El Salvador, Honduras y otros países, y cree que Centroamérica es un bloque, con un solo pueblo, donde tan bueno es lo nicaragüense como lo salvadoreño.
“La idea es meter el producto como centroamericano”, dice este nicaragüense de 42 años, cuya empresa le inyecta a su país de origen un mínimo de 1.2 millones de dólares anuales, sólo en compras de queso a plantas procesadoras de Boaco, Chontales y Jinotega.
EL CIELO ES EL LÍMITE
Del DR-Cafta sólo le preocupa que vayan a limitar la cuota de importación de queso desde Centroamérica, porque su empresa está en expansión y ya tiene pequeñas representaciones en Nueva York y Boston.
La competencia no le incomoda. “Este mercado (de Estados Unidos) es grande y se puede vender todo, siempre que sea de calidad y cumpla con los requisitos”, afirma Oscar Espinoza, quien nació en Boaco, una zona productora de leche en Nicaragua, pero donde él nunca tuvo relación con la ganadería.
A mediados de marzo pasado, ETC Investors Group recibió un contenedor con 15 mil libras de frijol nicaragüense. La venta ha sido buena y Espinoza planea traer al menos un contenedor con frijol cada mes.
El negocio del queso por el momento afronta contratiempos porque en Nueva York un niño se intoxicó con queso mexicano y las autoridades estadounidenses empezaron a revisar los controles sanitarios a las importaciones desde México y Centroamérica, y al trasiego de ese producto lácteo en los equipajes de los viajeros.
“Podríamos vender más queso, pero hay limitantes para la salida del queso de Nicaragua por los problemas sanitarios”, explica Espinoza. “Yo sé que hay interés de los productores en hacer las cosas mejor y están trabajando en eso”.
Él cree que el DR-Cafta es una oportunidad para los empresarios, tanto en Nicaragua como en Estados Unidos. “Ideal sería que fuera liberalizado el comercio y que nos permitieran meter todo el queso que el consumidor aguante… En este país (Estados Unidos) el cielo es el límite”, comenta.
Si tuviera que darle un consejo a los productores de Nicaragua, Espinoza sólo les diría: “Este mercado aguanta todo; con calidad, por supuesto”.
Sus compradores en Maryland, Virginia y Washington, por lo general dueños de pequeñas tiendas, son centroamericanos, iraníes y coreanos. “Sólo nos frena la disponibilidad de productos”, afirma.
Oscar Espinoza llegó a Estados Unidos en 1988 y, como todo inmigrante comenzó lavando platos y luego fue mesero. Más tarde entró a laborar en una línea aérea y en 12 años logró alcanzar el nivel de gerente de sucursales. Ahora, en ETC Investors Group “trabajo más porque soy cargador, empacador y vendedor, pero es mi empresa”, dice con orgullo.
DE REMESAS A IMPORTACIÓN
Alberto Bonilla también hace cuentas en su oficina en Silver Spring, Maryland, porque ha dejado el negocio de la transferencia de remesas y se ha metido de lleno al de las importaciones de “productos nostálgicos”, ésos que buscan los más de 8 mil nicaragüenses que viven en esa zona, para recordar a su país.
Bonilla, originario de Granada, Nicaragua, es contador y a finales del año 2000 adquirió la compañía Centro Nica que enviaba remesas familiares a diferentes ciudades nicaragüenses, pero este negocio empezó a decaer en las empresas pequeñas porque algunos bancos entraron en él con ventajas.
“Trasladábamos un promedio de 200 mil dólares mensuales, más de un millón de dólares al año, hacia Nicaragua donde teníamos unos diez agentes en todo el país, pero entraron los bancos y ofrecieron servicios más rápidos con menos costos”, explica Bonilla.
Ahora lo fuerte del Centro Nica es la importación de productos típicos de Nicaragua, como pinolillo, cajetas, rosquillas, hamacas y otras artesanías. “El libre comercio (DR-Cafta) es de donde nos vamos a agarrar para darle un buen giro al negocio”, afirma.
En las próximas semanas Centro Nica abrirá una pequeña empresa de exportaciones en Managua o Granada, para hacer los envíos hacia Maryland. Es el comienzo de una expansión en el negocio, según explica, porque “algunos productos vamos a tener que procesarlos y empacarlos en Nicaragua, como las cuajadas y los chileros, y tenemos que buscar gente para eso”.
CREE EN LAS PIÑAS
Mauricio Jiménez maneja su propia empresa y 50 empleados en Maryland, pero le entusiasma la posibilidad de importar piñas de Nicaragua, porque en los supermercados estadounidenses una piña de Hawai vale 3 ó 4 dólares.
En su último viaje a Managua conversó con algunos agricultores que cultivan piñas, y en Estados Unidos indaga cuál de las industrias le podría procesar y empacar esa fruta, si la llegara a importar. Es lo que desea hacer desde que oyó hablar del tratado de libre comercio DR-Cafta.
Jiménez llegó a Miami en 1985 y realizó trabajos duros. Después se trasladó a la zona de Washington donde hace diez años inició su propio negocio, con su esposa y sus dos hijos: una pequeña empresa de limpieza. Empezaron sólo los cuatro, después emplearon a cinco personas y ahora cuentan con 50 empleados, por lo que sus hijos dejaron esa actividad para dedicarse uno a los estudios de arquitectura y el otro a la ingeniería civil.
Jiménez dice que de su grupo de amigos en Maryland, entre 25 y 30 personas, el 80 por ciento tiene un pequeño negocio o trabaja por su cuenta.
LLEGAN NUEVAS IDEAS
Guillermo Pérez fue el propietario de un negocio famoso en Granada, Nicaragua, en los años setenta, la Joyería Pérez. Después de 1980 se fue a vivir a Estados Unidos para proteger a sus hijos adolescentes del Servicio Militar obligatorio.
Ya está jubilado, pero trabaja representando en Maryland a una tienda de muebles de Managua. Él ofrece los productos con catálogos a los inmigrantes nicaragüenses, éstos pagan el producto en Estados Unidos y los familiares los reciben en sus hogares en Nicaragua.
Para Pérez, el comercio libre entre Centroamérica y Estados Unidos (DR-Cafta) puede ser la fuente de un negocio propio, que ya está ideando con sus hijos. “¿Por qué no vender nuestros propios muebles?”, se han preguntado. En Nicaragua hay decenas de mueblerías pequeñas que pueden fabricar piezas finas y los Pérez podrían hacer negocios con ellas, con inversiones compartidas.
Él piensa que este comercio libre de alguna forma acercará a los empresarios nicaragüenses que están en Estados Unidos y en Nicaragua.
BENEFICIO A MIGRANTES
Christopher Padilla, asistente para asuntos de comercio del Gobierno estadounidense, dijo que a las comunidades de centroamericanos en Estados Unidos les conviene apoyar el DR-Cafta porque “los emigrantes de la región son los primeros que se van a beneficiar” con ese acuerdo, porque trabajan en pequeñas empresas en diferentes ciudades norteamericanas.
Afirmó que la tercera parte de las empresas ligadas a la exportación en Estados Unidos son pequeñas.“En Virginia o en (el barrio)Adams Morgan (de Washington) hay pequeñas empresas (de inmigrantes)que están vendiendo pupusas y artesanías, y trasladan remesas... Así,muchos (inmigrantes)trabajan en pequeños sectores ”,explicó.
“Muchos quisieran una reforma migratoria —comentó Padilla—, pero el DR-Cafta no afecta las leyes migratorias de Estados Unidos”.
Sin embargo “va a fomentar el crecimiento económico y de empleos,y eso va a tener un efecto sobre los niveles de migración ” de Centroamérica hacia Estados Unidos,declaró el funcionario en Washington.
VEN OPORTUNIDAD
Veinte representantes de la comunidad nicaragüense en Estados Unidos, que se reunieron en Washington DC el 6 de abril pasado, firmaron una declaración solicitando a los diputados de la Asamblea Nacional de Nicaragua que aprueben “a la mayor brevedad posible” el tratado de libre comercio entre Centroamérica, República Dominicana y EE.UU., conocido como DR-Cafta.
“Las oportunidades que nos brinda el comercio internacional, como factor de crecimiento económico, representan una ventaja única que Nicaragua debe aprovechar” con el DR- Cafta, indicaron.
A su criterio, este acuerdo comercial acelerará “la inversión extranjera que tanto necesita el país para reducir los niveles de desempleo y pobreza”, porque “al eliminar las barreras arancelarias Nicaragua se volverá un país más atractivo para invertir en los diferentes sectores productivos”.
Los nicas en Estados Unidos también prevén que “con un mayor intercambio comercial, los precios de los productos de consumo se reducirán notablemente, beneficiando a la canasta básica familiar”.
Por otro lado, el DR-Cafta “frenará la constante pérdida de capital humano” en Nicaragua, al quitarle incentivos a la emigración desde Nicaragua como efecto del incremento del bienestar económico en este país centroamericano, añade la declaración.
Por último, los migrantes demandan “que las autoridades nacionales adopten las medidas necesarias para hacer realidad el ejercicio libre y efectivo del derecho del voto de los nicaragüenses en el exterior durante las próximas elecciones del 2006, en armonía con nuestra Constitución Política y la Ley Electoral”.

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