Leyes populistas
Fernando A. Malespín Ferreti
En la década de los ochenta, el comandante Daniel Ortega, siendo Presidente de la República, entregaba a los campesinos títulos de reforma agraria y un fusil AK "para que defiendan la revolución".
Así vemos ahora la Ley Creadora del Instituto de la Propiedad Reformada Urbana y Rural (Inprur) que, según expresión de Daniel Ortega, será priorizada para favorecer las toma de tierra. Es decir, se legalizará la posesión ilegal de los habitantes de asentamientos humanos, servirá también dicha ley como estímulo para todos aquellos ciudadanos que no tienen tierra para hacer sus casas, y fundamentalmente consolidará la piñata sandinista. Recordemos que el populismo ha sido mampara para encubrir los abusos del FSLN.
La otra ley que reforma parcialmente la Ley Orgánica de Seguridad Social no sólo deja en manos del pacto de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán al INSS y el destino de pensionados y asegurados, sino que impone como obligatoria la afiliación de 580 mil trabajadores del campo, 350 mil trabajadores domésticos y más de 150 mil trabajadores del sector transporte.
Obligar a más de un millón de trabajadores a pagar cotizaciones al INSS es un verdadero despojo, porque la institución no está en capacidad de retribuir los servicios de salud y otras prestaciones que establece la ley. En ningún país de América, después de 75 años, el seguro social protege ciento por ciento a los trabajadores del campo.
Todo esto es sólo una vaga esperanza para los trabajadores, con fines electoreros, que se marchitará al fracasar una vez más Daniel Ortega en su pretensión de regresar a la Presidencia de la República. El pueblo nicaragüense tiene lista la apuesta, cada vez más fuerte, para las elecciones del 2006. La pasividad aparente del pueblo se desbordará para cobrar su dignidad atropellada por dos malos hijos de Nicaragua y sus cómplices.

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