MARTES 17 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23812 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




¿Banca de fomento o más piñata?

Desde hace algún tiempo se viene hablando en Nicaragua acerca de la supuesta necesidad de establecer —o restablecer— la banca nacional de fomento, para que el Estado facilite créditos al sector productivo en condiciones más favorables que la banca comercial privada.

Al respecto se dice que el país no puede progresar económicamente sin contar con un instrumento de fomento, como el banco nacional de desarrollo, que conceda créditos a largo plazo con intereses moderados y que proporcione capital a los pequeños y medianos empresarios que no tienen acceso a la banca comercial, la cual, como se sabe, funciona según el criterio de que el dinero sólo se debe prestar a quienes pueden garantizar el reintegro.

En síntesis, los promotores de la banca estatal aseguran que es imperiosamente necesario crear una institución financiera de fomento y desarrollo, dotada de recursos suficientes y administrada de forma autónoma, cuya acción se encuentre guiada por pautas específicas de funcionamiento.

Inclusive, ante la presión de algunos productores agropecuarios el presidente Enrique Bolaños informó al inaugurar el año agrícola 2005-2006, el pasado viernes 6 de mayo en Nueva Guinea, que ya está haciendo “gestiones para que se haga realidad su demanda antes de que finalice su período (gubernamental), en enero del 2007”. (LA PRENSA, sábado 7 de mayo, 2005, página 12 A). Y una semana después, el titular del Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor), José Augusto Navarro, informó que “convocará al Consejo Nacional de la producción la próxima (esta) semana para discutir la problemática del acceso al crédito y buscar puntos convergentes en torno a una eventual creación de un banco de fomento” (LA PRENSA, sábado 14 de mayo, 2005).

Por su parte, el diputado sandinista Wálmaro Gutiérrez declaró que “el Parlamento prepara la aprobación de la iniciativa de Ley del Banco de Fomento de la Producción Nacional, cuyos fondos iniciales se obtendrían de la partida que dejó a los legisladores la privatización de la Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones (Enitel) que suma diez millones de dólares”. Y en el mismo contexto, el jefe de la bancada del PLC en la Asamblea Nacional, diputado Enrique Quiñónez, declaró que “en un inicio el Banco de Fomento enfocará su apoyo a los pequeños y medianos productores del país, para que así no sigan acudiendo a la banca financiera nacional, a la cual acusó de cobra ‘intereses leoninos’”. Mientras que el primer vicepresidente liberal de la Asamblea Nacional, Wilfredo Navarro, aseguró que “además del fondo semilla de diez millones de dólares… vamos a ver de dónde le quitamos a los derroches del Gobierno para apostarlo y apuntarlo hacia el fortalecimiento de ese Banco de Fomento a la Producción…” (LA PRENSA, miércoles 11 de mayo, 2005, Página 11 A).

Pero precisamente ese inusitado interés de los diputados liberosandinistas en crear un banco estatal es lo que causa temor en algunos sectores de la ciudadanía, puesto que ha sido costumbre en Nicaragua —y hasta se asegura que es parte de la cultura nacional— utilizar las instituciones financieras del Estado y particularmente los llamados “bancos de fomento y desarrollo”, para satisfacer los requerimientos económicos —por decirlo de una manera eufemística— de las personas que detentan el poder político, y de sus familiares, amigos y allegados.

Así fue utilizado el Banco Nacional por los somocistas en el poder, que además lo dejaron saqueado cuando el FSLN asaltó el poder para instaurar una nueva dictadura en el país. Luego el régimen sandinista recapitalizó la banca estatal con fondos nacionales y externos, sólo para saquearlo posteriormente, igual que los somocistas, hasta que por fin el BND fue quebrado junto con otras entidades financieras, en uno de los más espectaculares saqueos del erario que la población está pagando ahora mediante una enorme deuda pública interna, que lastra el desarrollo del país.

De modo que aparte de todo lo discutible que es el planteamiento de que sólo teniendo un banco estatal se puede fomentar el desarrollo y hacer sujetos de crédito a los pequeños y medianos empresarios, es justo y necesario pensar y temer que cuando los políticos liberosandinistas hablan de crear un banco del Estado es que quieren tener más cargos y recursos financieros para repartirse entre ellos mismos y sus asociados.
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