TLC
Pedro Rafael Gutiérrez Doña
El Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (DR-Cafta) se encuentra en estos momentos como una moneda en el aire. Cara o sol eran en el pasado los parámetros que decidían cualquier asunto trivial, hoy pareciera ser la realidad shakesperiana del “to be or not to be” del TLC.
Por un lado actúan aquéllos que creen que la firma de este acuerdo es la panacea económica para que Nicaragua salga de los límites inferiores de pobreza, al lograr por medio de la ejecución del mismo mejores índices de empleo y desarrollo. Por otro lado están los que se han encargado de satanizar el acuerdo haciendo creer que la firma hará a los ricos más ricos y a los medianos y pequeños productores e industriales en porcentajes estadísticos para el recuerdo.
Lo cierto es que Nicaragua durante muchos años ha tenido a Estados Unidos como uno de sus principales aliados económicos, colocando los más altos porcentajes de las exportaciones en el mercado norteamericano. A su vez, las importaciones que realiza Nicaragua son en mayor grado, procedentes de los norteamericanos. En consecuencia, no debería ser visto el TLC como el “coco” económico que llevará al país a un deterioro per se, ya que en el pasado los tratados y acuerdos que se han firmado de forma bilateral, sólo beneficios han traído al país.
Lo que sí hay que tener claro es que ante la apertura a un mercado de más de 300 millones de consumidores para los productos de Nicaragua, el único beneficiado será el país mismo, convirtiéndose en el mayor peligro, no la firma del tratado en sí, sino en la capacidad de producción, calidad de nuestros productos y competencia, a la que tendremos que enfrentarnos todos y cada uno de los nicaragüenses, dejando en el pasado el nadadito de perro y para demostrar que no sólo hay que oponerse al TLC porque algunos trasnochados y las masas así lo dicen, sino que tenemos el empuje de salir del subdesarrollo mediante la dedicación y el trabajo, cualidades básicas para competir fuera de nuestras fronteras con calidad en el mundo globalizado.

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