Jan Lucas y la fotografía checa
Raoul Shade
En enero de este año visité la Galería Leica en la isla de Manhattan, N.Y. y vi a cuatro exponentes checos: Vaclav Chochola (1923), Zdenek Tmej (1920-2004) y Jan Lucas (1915) y Dagmar Hochová (1926). La exposición se llamaba: Czech Photography VI. Y en el Centro Internacional de Fotografía, compré un pequeño libro titulado: Jan Lucas, con 88 fotos, prologado por Josef Moucha.
Lucas es, quizás, el más ignorado de los grandes de la fotografía. Podríamos decir que la vanguardia de la fotografía artística europea a principios del siglo XX estaba en Francia con Adget, Lartigue, Brassai, Cartier-Bresson, Doisneau, etc. y en Checoslovaquia con Josef Koudelka, Jan Lucas, Vaclav Chochola, Dagmar Hochová, Zdenek Tmej y otros.
La represión comunista soviética hizo que sus mejores fotógrafos se fueran al exilio: Koudelka y Jan Lucas, siendo el más famoso Josef Koudelka. (Ver mi artículo en La Prensa Literaria titulado: Smith, Cartier-Bresson y Koudelka del 12 de Julio del 2003 (P.9).
Lucas nació en Alemania en 1915 y se crió en Praga.
Igual en Tatranska Lomnica [Slovakia] (1931). No conozco a un fotógrafo tan joven que haya tomado fotos tan creativas. La semilla ya estaba dentro de él. Eso no se aprende, se nace con ese ojo mágico y penetrante. Con esa visión del mundo tan significativa.
A mediados de los sesenta, Lucas y su familia abandonaron Checoslovaquia (dejando atrás 200,000 negativos) y se instalaron en Nueva York, la nueva capital de la fotografía mundial. La cuna de la fotografía en blanco y negro, donde se destacan: Paul Strand, Lewis Heine, Alfred Stiglietz, Robert Frank, Diane Arbus, Dorothea Lange, Margaret Bourke-White, Mary Ellen Mark....
En 1971, Lucas, al igual que otros artistas, poetas y escritores del bloque soviético, adquirió la nacionalidad norteamericana. La composición de Jan Lucas es espontánea, al nivel intuitivo, no intelectual o rebuscada, como en la gran mayoría de los fotógrafos que dependen de imágenes estereotipadas o en términos literarios: cursi. La de Lucas es la composición de los grandes de la fotografía, como por ejemplo: Kertezs y Brassai, sus ídolos.
ANATOMÍA DEL CONTENIDO
¿Qué es el contenido? El término elude toda descripción académica y pocos han intentado describirlo. Yo, por lo menos, nunca he leído nada al respecto. Suele confundirse con el tema de la foto. Pero el tema es otra cosa. Una foto de una procesión religiosa tiene un tema religioso, pero si es una foto mediocre carece de contenido. El contenido es algo más sutil de captar y de expresar. Es la característica de los grandes fotógrafos.
El contenido, en la fotografía como en cualquier otro arte, tiene una doble acepción: se refiere a la calidad de la vida y al significado que se le da a nuestra manera de vivir y de actuar. El contenido es la piedra filosofal del arte.
LA BÚSQUEDA ESPIRITUAL DE JAN LUCAS Y ALFONSO CORTÉS
Si observamos detenidamente toda la obra fotográfica de Lucas, notamos que sus imágenes surgen del subconsciente, no de la calle o del paisaje. Por lo tanto, ¿quién mejor que Alfonso Cortés, con sus imágenes profundas y metafísicas, nos puede ayudar a penetrar el mundo de Lucas?
NARVA-JOESUU (ESTONIA) 1935. La aurora que despierta con sus sueños apagados es la que alucina. Es la aurora de Shakespeare: “Vestida con su manto rosáceo”, aturdido, el sueño toca su piel, nervuda piel en un cuarto sin espejos donde las sonámbulas estrellas también sufren de insomnio.
MOBILIZATION - 1938. El tiempo es una mujer que espera en una estación de tren. Una mujer con la mirada hacia la nada y ligera de equipaje, frente a dos sombras siniestras —tal vez tramen el crimen perfecto, que carece de huellas y defecto, para el romance inédito— Ella aguarda el lívido silbido de la locomotora donde: la hora, triste de espacio, yerra. (Cortés) donde nadie mide el tiempo y el día se desmaya con suma lentitud.
Quizás alguien la esté esperando con los brazos abiertos al final del sendero trazado en acero sonoro, recorrido lúgubre que nos lleva al sanatorio de Basilea donde estuvo recluido Nietzsche. Allá a lo lejos, una chimenea exalta sus tóxicos.
PRAGA - 1942. ¡Qué majestuosa tristeza! Raramente he visto un retrato tan delicadamente trágico como éste. Es la ansiedad resignada de la judía más bella del holocausto, otra extranjera en su patria, otra Rosalía Castro. Identificada solamente por el número 671, quien espera ser deportada a los campos de exterminio.
MORAVIA - 1940. Una sombra se abre camino en la noche adoquinada, al estilo de una peregrinación solitaria “como si quisiera llegar a la Eternidad media hora antes que el tiempo”.
Tras la cual le sigue nuestro éxtasis, hecho de dudas y temores; al igual que las imágenes poéticas de Alfonso, son imágenes subconscientes, donde la línea divisoria entre el sueño y la realidad es la misma calle sin camino, ebria de nostalgia, donde “la distancia es silencio, la visión sonido” de pasos que surcan la noche; donde la piedra de Darío está muerta, ya no siente; la de Alfonso está viva:
“¡Oh! Quítame esta túnica; vestida así, mi ser es cosa, solo cosa, pues la forma es la cárcel de mi vida.”
MORAVIA - 1946. Lucas está parado en los escombros de su infancia, y en el espacio ocioso del universo deber estar alguien acostado en un patio mirando todos los patios, lugar mágico de la infancia de Alfonso Cortés en León, por la viva inquietud del exilio y así como otras infancias nos fueron negadas, perdimos esta de los dos niños jugando en un patio moravo, trasportándonos en otra dimensión: en ese mundo oculto e íntimo:
“mientras retuercen en la bruma locos y alegres movimientos los blancos pliegues de la espuma del alma, al roce de los vientos...” (Cortés)
Antes que la rutina de la vida los absorba en su exigencia devastadora, frente al avance del nihilismo (como nos advertía Nietzsche), antes que las cosas se corrompan, antes que renuncien a “su mundo estrella por estrella” (Emerson). Antes que dejen de jugar para siempre.
PRAGA - 1950-59. Es un paisaje impregnado del “místico éter” o “éxtasis de ayer”. Es una: “ciudad que en rudos trances, sufre estoicas congojas” (Cortés). Atmósfera sutil instigadora a la nostalgia, ese meteorito lanzado en el espacio del ser.
PRAGA-1955. Una carroza de caballos parqueada en una calle que pudiera ser en Dublín: “Era el último tranvía. Los flacos caballos castaños lo sabían y sacudieron sus campanillas a la noche en clara admonición.” (Joyce)
PORTA PORTESE - 1963. La anciana sombra encorvada parece decir: esta soledad es tan mía que le niego el placer de acompañarme. Acuñada al letargo del olvido observamos su sombra que se entalla cual nervio en la intricada esquina de una calle de Roma (casualmente yo vivía en Roma en esa época). Sola se yergue en la tarde, como torre de esfinge invulnerable.
Sin lugar a dudas: los dos más grandes fotógrafos del blanco y negro, vivientes, son dos checos: Koudelka y Jan Lucas. 
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